Luego de que el secretario de la Defensa, el general Salvador Cienfuegos urgiera a iniciar el juicio por el caso Tlatlaya, se dio a conocer que el expediente que integró la PGR sobre el caso establece que las tres principales testigos del caso— donde murieran 22 civiles en un enfrentamiento con elementos del Ejército en una bodega—, caen en contradicciones.
En una primera declaración, Cinthya Estefany Nava López y Patricia Campos dijeron que fueron secuestradas y luego cambiaron su versión para reconocer que eran sexo servidoras contratadas por miembros del grupo armado que el 30 de junio de 2014, se enfrentara con el ejército. Otra mujer más, bajo el alias de Julia, ha asegurado que era la única persona ajena al grupo.
En un seguimiento del caso realizado por Silvia Otero del diario El Universal, se señala que la veracidad de los testigos clave del proceso penal que se sigue contra 7 militares implicados, será uno de los elementos a valorar por el juez de la causa, a petición de los inculpados.
Cinthya Nava declaró que estaba secuestrada y al momento del tiroteo, estaba amarrada con otras tres personas: dos hombres y una mujer llamada Patricia. Dijo que estaba dormida cuando escuchó los balazos, y que los soldados les gritaban a los hombres que estaban en la bodega que se rindieran.
Luego cambió su testimonio; señaló que estaba el día de los hechos en la bodega —a la que llegó un día antes—, ya que en Arcelia, Guerrero, conoció a una mujer a la que llaman La chaparra, a la que invitó a trabajar como sexoservidora con los de la maña —la delincuencia— y así se relacionó con los delincuentes.
Patricia Campos, dijo primero que el día se los hechos estaba privada de su libertad, por lo que al momento del enfrentamiento estaba amarrada junto con dos hombres y una mujer que sobrevivió. Luego reconocería que era sexoservidora, que estaba bajo su voluntad en la bodega, donde escuchó los apodos de sujetos como El Ocho y El Mexicano. Aseguró que todos iban armados por lo que cuando llegaron los militares las expresiones fueron de que “les cayeron” y “comenzaron a disparar de adentro hacia fuera, y empezó el enfrentamiento”. Por ello, se fueron a un rincón, donde las amarraron para que pareciera que estaban secuestradas.
Campos, cambió luego su versión, donde señalo que llegó a San Pedro Límón, estado de México, en busca de su hija, a quien encontró con un grupo de hombres armados, quienes se las llevaron a la bodega, donde se dio el enfrentamiento. Ella fue quien hizo público el caso y quien señalara que los miembros del ejército dispararon contra alguno de los civiles, pese a que éstos ya se habían rendido. Entre las víctimas estaba su hija de 15 años.
De acuerdo a los peritajes de la PGR, sólo se encontró indicios por el posible homicidio de 7 personas, donde no está incluída Erika, ya que su deceso se dio durante el enfrentamiento.
Información El Universal.
