Alejandro Alvarado

Gabriela Torres, escritora dedicada a cultivar el género del cuento tanto en su creación como en sus talleres, conductora de radio de un programa por Internet: Letras Tintas Radio, es autora del volumen Prisioneros galardonado con el Premio Nacional de Cuento Agustín Yáñez 2013. En esta entrevista nos habla de sus conceptos sobre el género literario.

—En Prisioneros, el volumen nos lleva a replantear el concepto de libertad, ¿cómo nace su acercamiento cuentístico a este tema?

—Me gusta la idea de pensar en la paradoja vivencial: nadie es absolutamente negro o blanco. No creo en los señores simpatías o en las mujeres agrias o viceversa. Hay un punto allí, en el centro de cada persona, que se rompe por medio del impulso correcto. Todos tenemos la libertad de hacer lo que se nos plazca, eso es sabido; pero, ¿hasta qué punto estamos a salvo con esto? Nuestra vulnerabilidad como seres humanos es tal, que tememos todo el tiempo: a los otros, a uno mismo. De tal forma que esa supuesta libertad de la que tanto hablan los libros de auto ayuda, es otra ficción. En Prisioneros, y aquí voy otra vez con la paradoja, las rejas —celdas elegidas o no— entrañan la tan ansiada libertad. Me han dicho algunas cosas interesantes del libro, por ejemplo que los personajes se acercan al límite de sus fuerzas, también se habla del paralelismo entre los animales y los seres humanos. Al final sospecho que somos capaces de todo: de la caricia más generosa o de la acción más bestial y descarnada. Los hombres y mujeres de Prisioneros se resguardan de caer en peores situaciones o encierran al animal que traen dentro para sosegar las inquietudes. Hay violencia en el libro. Casi no puedo escribir sin violencia. Se podrá eludir el concepto, pero ahí está la ferocidad, siempre tan cercana y tan indeseable.

—¿Qué representa para usted los premios?

—Lo más importante es no creerte esto de los premios. Hay un gran riesgo en ello. Me gusta mucho la narración que hace Alejandro Rossi en “El botón de oro” con respecto a esto. Es una historia de todos y en la cual se despliega con maestría lo estulto que puede ser alguien que cree que su obra “se ha logrado” sólo porque ha ganado un buen premio. Sospecho que el escritor no debe parar. Y no hablo de publicar, pues creo que se publica con cierta histeria, como si se fuera a terminar el mundo; me refiero a escribir, a seguir en la intentona de hacer textos fascinantes, lúcidos, brillantes.

—Usted muestra un interés mayor por los relatos breves. ¿Cómo enfrenta este género literario?

—Fantaseo con la participación del lector en mis cuentos. En el caso de la novela, la extensión permite resolver los acertijos que el narrador ha ido plantando en el camino. Puede que deje algún espacio en blanco, pero el tiempo le da para decirlo todo. La brevedad del cuento o el relato, en cambio, fuerza al narrador a decir a medias, a invitar al lector a resolver el enigma o simplemente, a terminar los trazos. Me seduce desde siempre la libertad del cuento, un género que puede brincar por la ventana si es preciso, sin tener por ello que revelar las causas o explicar si aquello es verdad o mentira. El artificio, las trampas, la urdimbre en el cuento es inagotable. Acabo de disfrutar de una novela excelente: La vida que se va de Vicente Leñero; en ella se entremezclan las voces de la duda, el misterio, la mentira. Narrativamente es redonda y no deja cabos sueltos, pero es de una estética sutilísima. Y así hay muchas, pero la libertad es otra —casi como el título del libro de Óscar de la Borbolla, La libertad de ser distinto.

—En su programa de radio le permite relacionarse con el cuento “en línea”, ¿qué opina del cuento tanto impreso como el de “en línea”?

—La verdad es que juego a ser conductora en Letras Tintas Radio. No tengo raíces de periodismo ni de nada que se le parezca. Lo que sí, es que tantas y tantas sesiones de taller ahora se transmiten en la radio por Internet, y ahí sí hay un camino más consistente, gracias a tantos autores y cuentos que han pasado por la mesa. Los escritores que mandan su mini ficción al programa enriquecen la oferta en audio que mostramos a los radioescuchas. Antes nos gusta revisar el texto, tal vez comentar algo con el autor; otras veces llegan impecables. La resonancia es distinta que cuando tienes a los lectores enfrente y ves las miradas, los gestos, anticipas si viene un aluvión de aplausos o unos minutos de crítica exhaustiva. El alcance del radio por Internet nos ha permitido tener oyentes en diversas partes del mundo y seguir creciendo en expectativas de contacto. Gracias a la solidaridad y al interés de la escritora Mariana Mota, que hace mancuerna conmigo en conducción, los comentarios no son tan radicales y se refrescan con otros puntos de vista. Todo esto convierte a Letras Tintas Radio en un espacio para la libre creación y divulgación del cuento, sin límite territorial.