Entrevista
Jorge Gallardo T.*
(Segunda y última parte)
El Dr. José Retamales, Director del Instituto Antártico Chileno (INACH) analiza el desarrollo de este programa polar sudamericano.
A unos 2,300 kilómetros al sur de Punta Arenas y a 1,080 del polo sur, en el sector del glaciar Unión (80º latitud sur), Chile trasladó una base científica que tenía en un punto relativamente cercano. ¿El desafío? A juicio de la autoridad del INACH, “queremos seguir creciendo con acciones que nos permitan acceder a nuevos espacios para la ciencia”. Esto explica también el interés de reactivar, en convenio con la Fuerza Aérea de Chile, la estación “Teniente Luis Carvajal”, en el extremo sur de la isla Adelaida.
En los últimos dos años, en inéditas travesías al sur del paralelo 66º que señala el círculo polar antártico, varios proyectos científicos nacionales que trabajan en las áreas de microbiología, ecología, ecofisiología, oceanografía física y estudios de calentamiento global y evolución del clima, realizaron actividades de exploración y muestreo en el sector de la bahía Margarita, abriendo un nuevo horizonte para los investigadores.
“Hemos tenido un importante avance en materia de infraestructura. En el cabo Shirreff, por ejemplo, teníamos algo muy precario, por lo que se construyó un módulo con un molino eólico, mejorando así las condiciones para los investigadores. Gracias a convenios con la Armada de Chile, se construyó un laboratorio en la base Prat, isla Greenwich, y se ha podido disponer de buques para campañas conjuntas Armada-INACH durante períodos cercanos a un mes cada año. Ello posibilita tener plataformas con helicóptero para distribuir a los investigadores en sus diferentes lugares de trabajo. En convenio con el Ejército de Chile se acondicionó además un laboratorio en la base O’Higgins, en la península Antártica. De esta manera, se empieza a aumentar el número de bases donde pueden trabajar los investigadores, lo que amplía las posibilidades de investigación en terreno”.
Sin duda, uno de los mayores hitos del mejoramiento de la infraestructura antártica chilena corresponde a la ampliación en 600 m2 de la base científica “Profesor Julio Escudero”, en la península Fildes, isla Rey Jorge, que significó una inversión total de 1,5 millones de dólares. La base tuvo inicialmente una capacidad para 12 personas, pero con las nuevas instalaciones puede hoy alojar a 36 y, en casos de emergencia, puede cobijar hasta 60 personas. Los laboratorios de ciencias biológicas y naturales se han ampliado e incluyen hoy una biblioteca, una sala de lectura y una de conferencias. De igual modo, se habilitaron más espacios para los laboratorios de microbiología. En tanto, en los zócalos de la base se habilitó un laboratorio húmedo para estudios de biología marina.
La Antártica: oportunidades para la cooperación internacional
Durante la gestión del Dr. Retamales, el Instituto ha desplegado diversas acciones para propiciar una mayor colaboración internacional. Solo durante el año pasado, el INACH firmó convenios con instituciones
en Bélgica, Polonia y Japón. Desde el 2010, se han firmado además convenios con instituciones de China, Ecuador, Brasil, Austria, Corea del Sur y el Reino Unido.
“Lo que hacemos es estimular la cooperación internacional, abrir el programa para que cada vez más chilenos puedan trabajar en redes con más extranjeros en propuestas científicas en la Antártica”, resalta Retamales. “En este sentido, hemos desarrollado principalmente dos estrategias. La primera de ellas, la empezamos a introducir en las bases de nuestros concursos a partir de 2006 y se basa en el concepto de que tienen más posibilidades de ganar aquellos proyectos que muestren cooperación internacional. Esta colaboración se puede concretar, ya sea como recursos comprometidos para trabajo en terreno, pasantías de investigadores en otros países o la posibilidad de hacer análisis, que no pueden ser realizados en Chile, en laboratorios extranjeros. A través de esta estrategia bottom-up se incentiva al investigador nacional a asociarse con un par extranjero, indicando cómo empleará los recursos.
Ahora estamos implementando una estrategia top-down, a través de la cual la administración del INACH establece vínculos con otros programas antárticos para construir alianzas, replicando el modelo que actualmente tenemos con Conicyt. Esto quiere decir que si un país financia una propuesta que incorpore a investigadores chilenos en el grupo de trabajo, entonces nuestro país financiará la logística que necesite
el proyecto. De esta manera, a los países les conviene tener investigadores chilenos dentro de sus propuestas, porque el costo de desarrollo de los proyectos disminuirá, o bien, si se mantienen, permitirán hacer más actividades”.
En este sentido, Retamales resalta la importancia de conocer los temas que están interesando a otros países con presencia antártica. “La idea es buscar puntos comunes que favorezcan la generación de propuestas que abran escenarios nuevos para la investigación, oportunidades que podrían no surgir si circunscribimos la
oferta sólo a los investigadores nacionales. Eso lo estamos empezando a hacer ahora”.
Para mantener el ritmo de desarrollo evidenciado en los últimos años, las tareas para el Instituto son muchas. “Estos años han
sido especiales para el país, dadas las curvas de crecimiento
en recursos, logística, número de proyectos y científicos involucrados, algo inusual en el mundo antártico”, afirma Retamales, quien reconoce que “recibimos invitaciones de otros países para conocer nuestra experiencia, nuestras estrategias. El INACH entrega en todas las reuniones internacionales amplia información, en inglés y español, sobre el Programa Científico Antártico Nacional. Todos saben cómo funciona Chile y qué es lo que hay que hacer para cooperar con nuestro país”, finaliza.
Instituto Antártico Chileno, www.inach.cl.*
