Fuentes alternativas de financiamiento
Julio A. Millán B.
Ante la decisión de los helenos de no aceptar las condiciones que imponen los acreedores para el rescate de su vapuleada economía, las preguntas apuntan hacia cómo se moverán los diferentes intereses financieros del mundo: ¿qué harán Alemania y Gran Bretaña? ¿Cuál es la posición de Rusia? ¿Dónde está China en este entorno? ¿Apoyarán a Grecia? Las respuestas dependen de los intereses que persigan. Por lo pronto pareciera que a Atenas sólo le resta invocar a Zeus por un milagro, el cual no vendrá directamente del Olimpo, sino de Berlín o Bruselas, Moscú o Beijing.
Con el “no”, el gobierno griego tiene el mandato de no aceptar las condiciones, que implican disciplina y austeridad, y de negociar nuevas, las cuales ya se han anunciado que se pretende que sean más laxas, y enfocadas a lograr “quitas de deuda” y el saneamiento y capitalización de la banca. El reto es que la troika y el Eurogrupo las acepten, lo que suena muy difícil, máxime si Grecia no está dispuesta a ceder en algo.
Los bancos helenos están descapitalizados, ya que buena parte de su capital depende de activos avalados por el Estado, por lo que se verán todavía más complicados los requisitos de los acreedores para obtener liquidez, lo que llevaría a su colapso. La otra posibilidad de recapitalización es que el país deje el euro y empiece a emitir dracmas, o al menos mantenga una divisa paralela. La salida de Grecia de la zona euro es una posibilidad.
Grecia tiene ahora la necesidad de buscar fuentes alternativas de financiamiento ante la imposibilidad de alcanzar un acuerdo con la Unión Europea. Las opciones pasan por Estados Unidos, China o Rusia.
China y Grecia han explorado mecanismos para una mayor cooperación financiera. La paraestatal Cosco controla desde 2009 el emblemático puerto de El Pireo gracias a una adjudicación a 35 años y, desde entonces, la inversión china en este puerto rebasa los mil millones de dólares. Habría que agregar la apuesta que el gobierno chino ha hecho en la Eurozona y Europa, con los grandes capitales que ha invertido en euros, por lo que es de esperar que China se interese por la continuidad de Grecia en el euro ya que la salida de uno de los miembros de la moneda única podría verse como un signo de debilidad que podría afectar la fortaleza de la divisa, lo que significaría que las inversiones chinas denominadas en euros valgan menos.
En paralelo con las implicaciones financieras de la crisis griega, el país helénico puede resultar una pieza crítica en el reordenamiento geopolítico que está experimentando el mundo, por lo que un eventual rescate (sin importar de dónde provenga) podría ser el resultado de una decisión política, más que económica.
Presidente de Consultores Internacionales.
