Las fricciones que se dieron entre los hijos de “El Chapo” y los viejos narcos retomarán su cauce, después de la fuga del líder del Cártel de Sinaloa de la prisión del Altiplano el pasado 11 de julio.
Sinaloa es la tierra que vio nacer al poderoso cártel mexicano y a su aún líder “El Chapo”, de acuerdo con la historia que se escribe en un grupo informativo de Oaxaca, Iván Archivaldo, uno de los hijos de Joaquín Guzmán, tomó la carretera hacia Tacuichamona, acompañado de sus sicarios. Se dirigía a un poblado al sur de Culiacán, la capital del estado para ajustar cuentas con uno de sus traficantes. A mitad de camino, cuando estaban por entrar a “El Salado”, sonó la radio.
“Devuélvanse”, dijeron; la voz era de un alto mando de Ismael Zambada, “El Mayo”, uno de los líderes de la organización, originario de ese rancho. “El Mayo” dibujó una línea invisible en su territorio que tuvo que ser respetada por los hijos de su socio.
Cuando “El Chapo” llegó a la cárcel del Altiplano, en febrero de 2014, dio una orden por medio de sus abogados. Su participación en el cártel debía ser repartida a partes iguales entre sus hijos mayores, Iván Archivaldo y Jesús Alfredo, y, obviamente, su mano derecha, Dámaso López Núñez, conocido como “El Licenciado”; este último se sumó a la organización criminal después de haber sido director de seguridad interna del penal de Puente Grande, donde se fugaría “El Chapo” en el 2001 en un carrito de lavandería.
Dicho reparto no le agradaría par nada a sus hijos, nacidos en la década de los ochenta; sus vástagos tiene una visión diferente del negocio. Durante los 17 meses que “El Chapo” estuvo en el penal del Altiplano, la cúpula de la organización delictiva sufrió fricciones provocadas por el encuentro de dos generaciones totalmente distintas con mentalidades criminales diferentes. Los liderazgos históricos de “El Mayo” Zambada, de 67 años y de Juan José Esparragoza, “El Azul”, de 66 años, que se presume murió de un infarto en el 2014, aunque no se ha confirmado oficialmente, tuvieron que convivir con los narcojuniors, los viejos narcos acostumbrados al bajo perfil , han tenido sus malos entendidos con los jóvenes , pues ellos prefieren la parranda y la opulencia.
De acuerdo con lo que relata Javier Valdéz, periodista del semanario Río Doce, Iván Archivaldo tomó el narcomenudeo de Culiacán, que siempre ha sido de “El Mayo” Zambada; otros coinciden con este análisis. Quería todo, comenzó a cobrar más los traficantes y provocó tensiones entre los soldados y la gente de abajo, comenta otro reportero llamado Martín Durán.
Se cree que el ajuste en la dirección se provocó una limpia del vasto ejército criminal; eso explicaría el repunte de homicidios en Sinaloa durante abril y mayo y han sido los meses más violentos en un año (147 y 176 homicidios); jefes de medio nivel de “El Mayo” han sido asesinados pero no pasa nada, al final de cuentas los jefes siempre cauterizan y concilian; “es sorprendente” comenta Valdez.
Javier Oliva, un analista de seguridad nacional de la UNAM, explica que los incidentes sanguinarios afectan muy poco a los negocios de la estructura criminal , que está valorada en 3 mil millones de dólares, pues la organización es una reliquia de drogas, de amplia cobertura geográfica.
En una época donde el Cártel de Sinaloa es la única red criminal que mantiene la ruta de trasiego de narcóticos hacia Estados Unidos, que surgieron en el siglo pasado al amparo del gobierno mexicano.
El analista de seguridad señala que la organización tiene un gran apoyo local, son sanguinarios con sus enemigos, pero no actúan contra la sociedad, señala a diferencia de otros cárteles, no extorsionan, ni secuestran, sino que se enfocan en el comercio ilícito de las drogas.
La fuga de Joaquín Guzmán Loera, sólo tiene un significado un reajuste en la cúpula de la organización.
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