Juan Antonio Rosado

 El interés en el amor y en el erotismo radica en que se trata de fenómenos culturales y, como decía Terencio, “Hombre soy, nada humano me es ajeno”. Pero amor y erotismo no son lo mismo, aunque ambos partan de una misma fuente: la sexualidad humana. ¿Por qué humana? Justo porque la sexualidad existe en todo el reino animal y aun en toda la naturaleza. Abarca mente y cuerpo y es básicamente un fenómeno biológico, químico, natural, estudiado por la sexología. Sin la sexualidad no habría reproducción ni instinto ni prurito de cercanía con el otro. El erotismo, en cambio, es exclusivamente humano, al igual que cualquier otro fenómeno cultural. No se trata de la mera satisfacción de un instinto, ni tampoco de considerar la sexualidad en sus fines reproductivos, como lo hace el cristianismo paulino y todavía muchos que pretenden seguir esos preceptos.

En contraste, al erotismo no le interesa en principio la reproducción, sino el goce imaginativo, sensual y racional de la sexualidad. Lanzo esta aseveración: el erotismo es a la sexualidad lo que la gastronomía al instinto alimenticio. El humano, mediante su razón e imaginación, transfigura, modifica los elementos naturales. No los niega, como diría Bataille, sino que los transforma sin negarlos. Un perro puede conformarse con un trozo de carne cruda y una cópula rápida para satisfacer instintos y reproducirse. La gastronomía y el erotismo van más allá. Así como los humanos inventamos recetas y aderezamos la comida para transformarla en platillo, lo mismo hacemos con la sexualidad al transformarla en erotismo. En otras palabras: el erotismo es la sexualidad transfigurada mediante la razón, la imaginación, la sensibilidad, la cultura, y por ello su fin inmediato no es la reproducción, aunque ésta pueda darse y de hecho se dé. Lo mismo ocurre con el lenguaje: una cosa es el lenguaje con un mero fin comunicativo (como el de las ballenas o el que usamos para pedir algo en la tienda) y otra cosa es la literatura, que transforma el lenguaje en arte. Lo mismo ocurre con los sonidos respecto de la música, con los trazos respecto de la pintura o con los movimientos del cuerpo respecto de la danza. Literatura, música, pintura, danza, gastronomía, erotismo son únicamente humanos porque transfiguran los signos naturales. Si hablamos de “danza” en el reino animal es una interpretación humana. La danza de cortejo de ciertas aves o la manera de copular de las especies animales no ha cambiado durante milenios y posee un fin que no es otro que la satisfacción de un instinto. Por ello la homosexualidad puede darse en el reino animal. El erotismo (sea homoerotismo o heteroerotismo) es un fenómeno cultural, eminentemente humano. El juego de caricias, miradas, posiciones sexuales, perfumes, y el hecho de retardar la eyaculación para aumentar el deseo van más allá de la reproducción y de la satisfacción del instinto. Las culturas orientales tuvieron sus artes eróticas, libros o manuales en que se habla del goce sensual, y muchos de ellos aconsejan métodos anticonceptivos para centrarse en el placer.

En cuanto al amor, hay que destacar que una relación erótica no necesariamente lo incluye, y el amor no necesariamente incluye el erotismo. Puede tenerse una relación erótica con una amistad sin necesidad de amarla, y se puede amar a un hermano, a un hijo, a una madre o a una esposa sin tener que mantener relaciones eróticas con ellos. El amor es un sentimiento, una emoción de afirmación, de aceptación plena del otro. Y no me refiero sólo al amor-pasión, de corte narcisista, con el que amamos la idea que nos hicimos del otro y no al otro como es, sino al amor entendido en su sentido más amplio. Cuando se ama a la pareja erótica, se conjugan estas dos manifestaciones de la sexualidad humana: amor y erotismo.