MÉXICO EN EL MUNDO
Arquímedes Oramas Vargas
En el mes de julio de 2014, a raíz de una crisis migratoria – no nueva pero que mostraba un incremento sustancial en su magnitud-, en Estados Unidos, nuestro vecino del norte, se declaró una emergencia nacional sin precedentes: decenas de miles de niños llegaban a su frontera sin un acompañante adulto.
La llamada crisis humanitaria de 2014 en Estados Unidos tuvo como víctimas a los más indefensos de este mundo: los niños. Según fuentes de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos, durante el año fiscal 2014, llegaron a dicho país 61,384 menores migrantes acompañados de un adulto y 51,705 menores no acompañados tan sólo de El Salvador, Guatemala y Honduras, sin contar mexicanos. Estas cifras provocaron la ya mencionada crisis humanitaria, pues los Centros de Detención en dicho país fueron saturados por las oleadas de migrantes que llegaron.
Esta emergencia provocó que los países del triángulo norte concertaran reuniones para tratar de evitar este éxodo masivo de menores, pues no sólo se enfrentaban a los trámites en la frontera México-Estados Unidos. El camino entre sus países y su destino tiene como intermedio México, camino que está lleno de peligros, el principal: el crimen organizado; pero también son víctimas del clima, del entorno, de las autoridades corruptas y sin escrúpulos que ven en los pequeños oportunidades de ganancia fácil.
El Plan Frontera Sur apareció como un eje de la estrategia conjunta multinacional, que se aplicaría en el país para detener el flujo de migrantes irregulares a través de México, con el fin de evitar que más y más menores y mayores de edad siguieran exponiendo sus vidas en su jornada migratoria.
Ya con el Plan Frontera Sur aplicado, el año fiscal 2015 (que termina hasta septiembre) transcurrió con un notable decremento en el número de menores migrantes acompañados y no acompañados, pues la cifra de menores acompañados detenidos en la frontera México-Estados Unidos fue de 20,916 y la de no acompañados fue de 17,974 menores.
Si bien las últimas cifras recopiladas hasta el mes de abril nos muestran un significativo descenso en el número de menores centroamericanos que cruzan por la frontera sur y llegan hasta uno de los nueve cruces fronterizos del sur-oeste de los Estados Unidos, no podemos conformarnos con el trabajo hasta ahora, pues estamos hablando de la vida de decenas de miles de menores que dejan sus países de origen, algunos por motivos de reunificación familiar, otros huyendo de la pobreza, de la violencia y, sobre todo, de la falta de oportunidades. Estos niños y niñas son obligados a madurar a muy temprana edad, a tomar decisiones que incluso a un adulto le resultan peligrosas, a experimentar sufrimientos, hambres, violencias, que a su edad no deberían ni siquiera escuchar de ellas.
La solución a la migración forzada no llegará de manera unilateral, es un asunto que requiere de corresponsabilidad en la región Centro-Norteamérica, cuando todos los actores involucrados pongan en marcha mecanismos que lleven oportunidades a las zonas expulsoras de migrantes.
Quiero terminar con una frase de George Friedman, uno de los geopolitólogos más importantes de la actualidad, quien en su libro “Los próximos 100 años, pronósticos del Siglo XXI” menciona un problema que enfrentarán los países desarrollados: “En el siglo XX el problema fue limitar la inmigración. En el siglo XXI (el problema) será atraer suficientes migrantes”.
Presidente de la Comisión de Asuntos Fronterizos Sur, del Senado de la República.
@DoctorOramas
