Fragilidad del gobierno

Teodoro Barajas Rodríguez

La narrativa impregnada de casos y cosas cuestionables como reales no se detiene, a veces parece que nos bebemos una dosis surrealista por la cantidad de eventos que parecen extraídos de una trama del absurdo: se fuga Joaquín Guzmán Loera, a continuación vienen múltiples explicaciones, videos con razonamientos de las autoridades, ejercicios que no gozan de credibilidad.

En Michoacán se registró el anterior fin de semana un enfrentamiento entre pobladores de Ostula en la región Sierra-Costa: heridos, un niño muerto es el saldo, se culpa a elementos del ejército. Una más entre muchas historias que dejan ver la irracionalidad como la violación a los derechos humanos; en tal rubro México ocupa un lugar preponderante en el concierto internacional.

Vacíos que se llenan de la peor manera, desatinos que evidencian un estado reactivo que apela a la improvisación en el tratamiento de temas de naturaleza compleja.

Todo tipo de especulaciones se desatan porque el entorno lo facilita, se descubren los flancos, la fragilidad del gobierno que desde hace un buen rato naufraga es clara como el sol en medio día.

El crimen organizado es nudo gordiano que con el paso de los años se hace más ostensible, nadie lo desata aunque se publiciten los intentos para ello, como sucedió en el sexenio anterior con declaración de guerra incluida; dichas acciones registraron numerosos daños colaterales. El nudo continuó con todas sus consecuencias.

Frecuentemente se conocen acciones sanguinarias que llevan implícitas las marcas del narco, amplios territorios lucen ingobernables, se trata de los hechos que engarzan crónicas, historias del presente que documentan la ruptura del pacto social.

En Michoacán comenzaron a operar los grupos de autodefensas: el enfrentamiento acaecido en Ostula, municipio de Aquila el domingo anterior, en que se imputa al ejército mexicano la muerte de dos menores y algunos heridos de bala tiene ese origen. Ante la omisión del gobierno y los estragos del crimen organizado empoderado como nunca en esta entidad, muchos lugareños en la Tierra Caliente y la costa se organizaron para hacer causa común, esto implica que hicieron el trabajo que por ley le compete a los cuerpos de seguridad.

La confrontación señalada sucedió tras la detención de Cemeí Verdía Zepeda, policía comunitario de Aquila, a quien de acuerdo con el parte oficial tenía en su poder dos fusiles de alto poder, se le vincula con la destrucción de material electoral en los anteriores comicios.

Las comunidades indígenas de Michoacán, principalmente la región náhuatl donde ocurrieron los hechos referidos, tienen años de sufrir la indiferencia y arrogancia gubernamental. La deuda con los pueblos originarios es impagable.

Las desproporciones saltan a la vista, los cuerpos de seguridad no atinan a detener a los capos más peligrosos y si llegan a estar cautivos se logran fugar.