Cambios de Mancera
René Avilés Fabila
La reciente reconformación del gabinete de Miguel Ángel Mancera, ya pasados los hechos y los comentarios, dejan en claro que el jefe de gobierno, sin pertenecer al PRD, lo está conformando o remodelando para ser utilizado como bastión electoral sin duda de una coalición más amplia. Es evidente que tanto a Mancera como al PRD en general le dolió el rápido crecimiento de Morena a costillas de las posiciones perredistas en el DF.
Ya reorganizado su gobierno es posible que atraigan más la atención los funcionarios que provienen de distintas fuerzas políticas y que ya no son los tradicionales caciques corruptos a los que estábamos acostumbrados los capitalinos. Muchos siguen allí, pero la mayoría ha emigrado abiertamente hacia el nuevo partido de López Obrador.
La de Miguel Ángel Mancera fue una maniobra que funcionó, al menos mediáticamente. Los comentarios favorables fueron muchos, de pronto, cuando su popularidad bajaba de manera alarmante, da un golpe político exitoso y eso lo pone de nuevo en la carrera presidencial por más que lo niegue. Del otro lado, Morena ha sido muy agresiva con su antigua casa, le piden, le exigen, la critican con dureza, en fin, no cabe duda, por ahora son fuerzas antagónicas y dispuestas a darse con todo. La ventaja que tiene Mancera es su origen ciudadano y su facilidad para dialogar con otros grupos o partidos, al contrario de la virulencia de López Obrador, quien tiene en su mal carácter enemigo para rato.
Lo más significativo es que Mancera movió sus piezas sin registrarse en el PRD, sin duda impulsado por el éxito mediático que han tenido aquéllos que se presentan como ciudadanos. Pensemos tan sólo en El Bronco. Por ahora muchos mexicanos lo ven como una solución para salir de las crisis en que nos han metido los partidos políticos. Pronto sabremos la reacción de los ciudadanos sobretodo capitalinos, pues en breve entrar una parte importante de la gran urbe. apital y gobernare entrarensemos tan sogar con otros grupos o partidos, al contrario de lán a ocupar un lugar importante en la capital y gobernarán una parte importante de la gran urbe. Ya del comportamiento de cada uno de los que están al frente de las dos fuerzas, será el resultado electoral de 2018.
Mientras tanto, el gobierno federal comete pifia tras pifia y no pasa mayor cosa. Uno de dos o tres cambios que en nada modifican el gabinete de Peña Nieto, tan urgido de transformaciones de fondo. Al PRI se le está yendo de las manos el poder. Sus reformas para empezar son, si funcionan, a largo plazo, en tanto que los errores son repetidos y magnificados por las redes sociales y por sus enemigos, que no son pocos. El gobierno federal supone que todo marcha bien, pero con rigor pocos son los resultados. El problema es que ya están a mitad del camino y son muchos los problemas que surgen cada día sin que resuelvan lo fundamental. ¿Qué necesitará, no el PRI, que sólo es una parte electoral, sino todo el gobierno de Peña Nieto para percatarse de que, si pierden las siguientes elecciones, no volverán a ser tan afortunados? La historia no se caracteriza por hacer favores muy seguido. Si el PRI sigue siendo una máquina electoral y el gabinete un conjunto de funcionarios tiesos e incapaces de romper protocolos añejos, puede ir empacando sus bártulos y prepararse para otros seis o doce años fuera del poder.
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