Es muy probable que también a ti te pase, sobre todo cuando estás triste, enojado, por aburrimiento o ansiedad. Se le conoce como alimentación emocional y es cuando el sentimiento de hambre se reemplaza por otras emociones, entonces, comemos no para satisfacer la necesidad del alimento y nutrirnos sino para llenar ese hueco emocional.
Aunque esa manera de alimentarnos, que afecta a gran cantidad de personas sin importar el sexo ni la condición social, podría llegar a ser dañina por ingerir grandes proporciones, con algunos consejos se podría modificar ese hábito.
Para la doctora en psicología clínica, Judit March, “La alimentación emocional hace referencia al hecho de recurrir a la comida como una forma de aliviar la vivencia de un sentimiento que generalmente es negativo, como la ansiedad o la tristeza”.
“La alimentación emocional no se considera un trastorno, es un comportamiento que presenta una gran parte de la población y sólo se convierte en un problema cuando se utiliza con frecuencia”, explica la especialista.
También son parte del proceso de la alimentación emocional los sentimientos de culpabilidad después de haber injerido cantidades inmensas de alimentos con tal de saciar el vacío emocional, lo que puede convertirse en un círculo vicioso.
La doctora March considera que para modificar esta conducta “el primer paso es identificar las señales del hambre o en el caso de que no se coma por hambre, identificar cuáles son aquellas emociones que nos inducen a comer”.
Además, especialistas en el tema agregan que si logras encontrar que la causa del hambre está relacionada con las emociones mencionadas representa un gran paso y enlistan algunos trucos para acabar con esa conducta.
Caminar o pasear a la mascota para crear una sensación de relajación y no intentar comer de nuevo; ir al gimnasio es otra opción ya que con las diferentes actividades emprendidas se podrían liberar tensiones o reducir el estrés, que en ocasiones se configuran como la razón por la que se busca comer algo.
Ahora, si descubres que la sensación de hambre es provocada por sueño o cansancio es necesaria una siesta de 30 minutos, porque a veces se recurrimos a introducirnos bocados para mantenernos despiertos.
Tomar agua es asimismo una opción para reemplazar alimentos sólidos; a veces se confunde la sed con la sensación de hambre. Desahogarse es también funcional a través de desechar las emociones que nos están incomodando al hablar con un amigo o escribirlo en un diario.
Y por último, la alimentación emocional se puede controlar al realizar entre 4 y 6 comidas a lo lardo del día, lo que ayudará a reducir el tiempo entre comidas y a su vez la probabilidad de sentir angustia alimenticia; se puede agregar a la dieta frutas, semillas, cereales, entre otras, que funcionen como colación.
Un ejemplo de alimentación emocional
La expresentadora en la televisión mexicana, Adriana Esteva, es un ejemplo claro de alguien que padeció alimentación emocional al tener esa relación emocional con la comida, además ella vivió muchos años esclavizada por las dietas. Sin embargo, es ahora una especialista en el tema, incluso, imparte talleres y conferencias y ha publicado dos libros sobre esta problemática real.
Uno de sus libros lleva el título En la comida como en la vida, publicado por la editorial Planeta; en él la autora escribe sobre su experiencia.
“Dejé de hacer dietas hace siete años y recuperé el poder de decisión de saber qué necesita mi estómago… yo trabajo mucho con mindfulness, que es la atención plena, poner atención a la hora de comer, comer con conciencia, con todos los sentidos, aprender, reaprender a oler a sentir, a disfrutar los sabores”.
La publicación trata sobre la recuperación de la manera de comer, para disfrutar al hacerlo y que no se convierta en un trastorno mental y alimenticio.
Información de Radio Francia Internacional
