Aunque el brasileño Fray Beto abrió las puertas para introducir el catolicismo en Cuba con la entrevista-libro con el Comandante Castro, no puede dejarse de lado la presencia del poeta nicaragüense Ernesto Cardenal. Al lado de Helder Cámara, Méndez Arceo y el propio Juan XXIII pertenece al revolucionario movimiento de Teología de la Liberación. Similar en algo a León Tolstoi, el sacerdote y poeta nicaragüense Ernesto Cardenal trata de realizar la utopía en otra isla, la de Solentiname. Destruido ese sueño por las tropas de Somoza, se une al sandinismo y al triunfo de este movimiento se convierte en el primer Ministro de Cultura del país de Rubén Darío. No es el único sacerdote que se une al sandinismo, ahí están el padre Fernando Cardenal, su hermano, el padre Miguel D´Escoto, pero sí es el único al que regaña públicamente Juan Pablo II al visitar Nicaragua. (A D´Escoto, el Papa Francisco le acaba de restituir su sacerdocio, suspendido también por Juan Pablo II).

         De Cardenal hay que recordar su libro En Cuba, publicado aquí por Editorial Era. En esas páginas, acompañado por la poetisa norteamericana Margaret Randall, Cardenal cuenta una simple escena que es la mejor defensa dela revolución. En México, todos lo sabemos, las bolsas de mujer se acumulan en las tiendas y hay variedad de colores, formas tamaños y ahora hasta variedad de marcas, unas más caras que otras. En Cuba, cuenta Cardenal, hay un letrero sobre un estante con bolsas de mujer que indica: Compañera, no te lleves una bolsa más, otra podría necesitarla.

         Para Cardenal, Fidel es un genio. Y lo es de varias maneras. Lo considera un genio guerrillero, un genio como estadista y como estudioso de la política. De teología de la liberación no sabía nada y ahora es un experto. y en cuanto orador, piensa que mientras a otros presidentes (los de Estados Unidos, según Gore Vidal) les escriben sus discursos y a veces no pueden ni leerlos, Fidel, no como Demóstenes, dice Cardenal, que los tenía escritos, los improvisa. Por eso, afirma Cardenal, no es sólo uno de los mejores oradores de su tiempo (el nuestro), sino de toda la historia. Se refiere, en fin, a su capacidad de hacer operaciones matemáticas en la mente y a su prodigiosa memoria. Por todo eso, supone Ernesto Cardenal, tiene entre su pueblo “una inmensa popularidad”.(Sara Rosalía).