Norma Salazar
La obra literaria que hoy nos ocupa es Fedro (Φαίδρος), de Platón, un libro esencial en el ámbito escritural, considerada una de las más admirables y poéticas en su producción, especialmente por sus descripciones del enamoramiento, habla de la expresión emotiva y su relación con la memoria. Los dioses y las divinidades cumplen primordialmente una interlocución en relación a su partición con los hombres.
El diálogo comienza con el discurso de Sócrates a Fedro, (Fedro 227 B-D):
“Sócrates: —Puedes hablar.
Fedro: —Por cierto, Sócrates, que lo que vas a oír es algo que te concierne, pues el tema sobre el que departimos estaba relacionado, no sé de qué manera, con el amor”.
Nos comenta acerca del enamoramiento, a esto, Sócrates objeta expresando que hablar del enamoramiento o el amor en sentido negativo va en contra de los dioses, ya que el amor es una divinidad (Afrodita y Eros) y si es una divinidad no puede ser maléfico sino bueno. Estos dioses en armonía son quienes pueden observar las ideas en la tierra supraceleste y las almas de los individuos deben seguirlos e imitarlos si quieren distinguir lo que evidentemente es un filósofo. “En efecto, ha representado Lisias en un escrito a un bello mancebo requerido de amores, pero no por un enamorado; que en esto mismo reside la sutileza de su composición, puesto que no está enamorado con preferencia al que lo está”.
Sin embargo, coexiste una divinidad que ha sido leída a un papel secundario y que se diferencia claramente de las demás, de hecho cumple un rol casi de personaje y que es origen importante en la producción de discursos y de la música (mousike), la Musa.
En la poesía homérica se consideraba a las Musas diosas que vivían en el Olimpo, su poder se les atribuía con frecuencia el de meter a la mente del poeta mortal los acontecimientos que tenía que relatar, así como conceder el don del canto y darle galanura a lo que recitaba. Los poetas obtenían su poder de las musas, aunque las vieran como las demás ninfas, es decir, divinidades virginales. Homero Odisea I. “Cuéntame, Musa, la historia del hombre de muchos senderos”.
En el Fedro la musa tiene muchos rostros y está entrelazada directamente en el escenario donde Sócrates y Fedro principian los diferentes lógoi sobre el amor y sus discursos. En uno de los pasajes más citados por la crítica para debatir el papel del poeta en el discurso en cuestión, se encuentra la naturaleza de la inspiración poética-contemplativa alentada por la musa, este tipo de inspiración es una de las formas de participación de la divinidad que permite mayores bienes al hombre y se da cuando las Musas se hacen con un alma tierna e impecable. (Fedro 244 E-245 B). “Pues aquél que sin la locura de las Musas llegue a las puertas de la poesía/ convencido de que por los recursos del arte habrá de ser un poeta eminente,/ será uno imperfecto, y su creación poética, la de un hombre cuerdo,/ quedará oscurecida por la de los enloquecidos”.
Por otro lado que las divinidades y las musas no todas aparecen en discursos o diálogos que implican una acción o una inspiración poética, ejemplo claro William Shakespeare. Prólogo de Enrique V. “Quién me diera una musa de fuego que os transporte al Cielo más brillante/ de la imaginación; príncipes por actores, un reino por teatro, y reyes/ que contemplen esta escena pomposa”.
Y qué decir de las musas sin ternura para algunos bardos como John Milton en El paraíso perdido I. “Canta, celeste Musa, la primera desobediencia del hombre. Y el fruto de aquel/ árbol prohibido cuyo funesto manjar trajo la muerte al mundo y todos nuestros/ males con la pérdida del Edén, hasta que un Hombre, más grande, reconquistó/ para nosotros la mansión bienaventurada”.
Termino este breve análisis de la obra del Fedro fuente de inspiración para varios autores, etimológicamente hablando, Calíope es la Musa de la Voz más bella, no debemos olvidar que cuando Platón usa el superlativo Kallístos no está mostrando sólo la belleza o un goce estético, sino el valor moral y de la verdad. La Musa por medio de la seducción y su belleza puede proporcionar una persuasión que por ende cuando se entrega se conoce la Verdad y puede transportar el Alma del que la escucha mejor.
