Asunto de monarquías, no de la democracia
René Avilés Fabila
Tengo la impresión de que ver a una familia en el poder es asunto de las monarquías o de las dictaduras. No de la democracia. Los presidentes mexicanos por regla general ayudan a sus parientes y amigos —imagino que eso es natural— pero lo han hecho con discreción. De entre los casos cínicos que recuerdo está el de José López Portillo, quien al nombrar a un hijo suyo en un importante cargo le citó diciendo que era “el orgullo de mi nepotismo”, una frase sin duda aguda y cínica.
Por más que los mexiquenses nos digan que Atlacomulco es una pequeña ciudad del Estado de México, no una mafia política fundada para ser una corriente del partido oficial, lo sabemos porque los propios mexiquenses han escrito libros sobre el poder de tan enigmático grupo. Pero exista o no, no deja de llamar la atención que la mayor parte de los altos cargos están en manos de mexiquenses y en muchos casos son familiares del presidente Enrique Peña Nieto.
Esto lo han hecho notar, recientemente, aquéllos que ven las cualidades políticas de Manlio Fabio Beltrones, un político sonorense, sin duda el único que tiene cualidades de estadista, no de político intrigante. Puede uno estar o no de acuerdo con él, pero sabe resolver de manera sensata los problemas que enfrenta.
Si algunos medios lo dieron por desaparecido del panorama político luego del aterrador crimen de Luis Donaldo Colosio y acaso él mismo así se sintió, Beltrones retomó su carrera y ha llegado a tocar las puertas de Los Pinos.
Hasta hoy ha sabido lidiar con los partidos opositores y con el propio, el PRI, que no es fácil. Por ahora es el organismo que tiene en silencio las mayores luchas por el poder. De allí que en el PRD, en Morena y hasta en el PAN, haya ya aspirantes presidenciales, en tanto que en el PRI se sigue la ruta del presidencialismo tradicional. Más todavía, volvió a la distancia cero con Peña Nieto. Ignoro si la medida es buena o no, pero de algo estoy seguro: el PRI tiene necesidad de proteger al presidente de cerca, porque suele dar traspiés. Ajeno a los consejos y comentarios de sus asesores y aun de los medios, el presidente cae en muchas de las minas que le ponen. Hasta hoy sólo ha conquistado a los medios que así lo quieren, pero los periodistas críticos mantienen la sana distancia, para usar la misma terminología.
Todos, propios y extraños, han aplaudido la llegada de Beltrones a la titularidad de su partido, todos menos Andrés Manuel López Obrador, quien, está visto, mantendrá de por vida su discurso descalificador. Él ha subido el tono de sus exposiciones y las ha hecho más políticas y menos diplomáticas.
El PRI tiene desafíos para las próximas elecciones que César Camacho Quiroz —sintiéndose seguro en la Cámara de Diputados— ve menores o fáciles de resolver. La verdad es que el PRI goza de una baja en su popularidad y necesita recuperar prestigio. Pero la tarea no es fácil ni sólo le pertenece a Beltrones. El gabinete y los personajes muy cercanos a Peña Nieto deben permitir que sea un presidente más natural y audaz. Hasta hoy parece una máquina de acometer acciones fáciles, su discurso es tedioso y no responde con prontitud. Es evidente que no habrá mayores cambios, así siente bien su gabinete y listo.
Pero no es lo que Peña Nieto quiera sino lo que el PRI requiere para mantener el poder en sus manos. Y si dicho partido quiere contar con la capacidad de enfrentar los retos electorales que le aguardan, no será en los actuales términos que pueda dar respuestas satisfactorias a los muchos problemas que el país padece. En tales términos, si el presidente no es más activo y decidido, tendrá que serlo su maltrecho partido. Hay casos importantes en su futuro: entre ellos el DF, hoy repartido entre PRD y Morena. Con palabras dichas en sitios cómodos y confortables, no será como Peña Nieto asegure el triunfo para sus partidarios, amigos y familiares.
Con seriedad, le queda muy poco tiempo para modificar el rumbo. ¿O qué?: ¿el PRI irá por un lado, más agresivo y vigoroso, y Los Pinos por la senda de lo fácil, del discurso hecho a modo y de un gabinete semejante, aburrido e ineficaz?
Lo más grave es que la familia del presidente está hasta en el PRI y lo más desconcertante es que aparece allí con una persona que poco y mal conoce al país. El PRI no es parte del Grupo Atlacomulco, sino del país en su conjunto.
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