Gonzalo Valdés Medellín
Abigael Bohórquez (1936-1995), escritor mexicano, destaca en la poesía y la dramaturgia; es autor de los poemarios Memoria en la Alta Milpa (1975) y Digo lo que amo (1976), entre otros, así como de varias piezas teatrales. Poesida (1996), es su libro póstumo que, a decir del investigador y poeta Gerardo Bustamante Bermúdez (quizás el mayor difusor del legado literario de Bohórquez en México) “es la crónica poética de un mundo serológico” que “a su vez se convierte en un homenaje a sus amigos acaecidos por la fatal pandemia, cuando se les cierra el habla entre respiraciones agitadas por la muerte”. Poesida constituye el testimonio de Bohórquez que lo llevaría a su trágico deceso por el Virus de Inmunodeficiencia Humana, y es un libro “heredero de los escritores que trataron el tema homosexual con antelación: Xavier Villaurrutia, Salvador Novo, Carlos Pellicer y Elías Nandino”, valora Bustamante Bermúdez, un testamento donde “la voz de Abigael Bohórquez incorpora el tema del Sida desde el dolor, el sufrimiento y el duelo por los infectados, pues le tocó vivir la efervescencia y la incomprensión social de la pandemia”. En el prólogo a Poesida, el poeta tabasqueño Dionicio Morales expone que Bohórquez deja reflejadas en líricas líneas “las noches y los días desparramados en la inconsciencia natural de vivir como el corazón y el espíritu lo exigen”.
“Con Poesida, Bohórquez hace una apología de aquellos años aciagos en los que el Sida llega a estigmatizar a los homosexuales; no hay una mirada de comprensión, sino un rechazo absoluto para los enfermos y los caídos. El Sida, el travestismo, el amor callado y sufrido son temas dolorosos que atraviesan las páginas de Poesida, uno de los libros donde el sentimiento del yo-lírico cala la sensibilidad del lector en cada uno de los poemas. […] libro desafiante a las buenas conciencias porque habla de la memoria homoerótica, de la desnudez del alma y la experiencia gozosa-sufrida. Al ser un libro testimonial, se convierte en una radiografía lírica de la homosexualidad y el padecimiento del Sida a finales de los ochenta en México […] Bohórquez establece un descarnado alegato a la incomprensión de la enfermedad por la sociedad en general y los medios masivos de comunicación. En Poesida, el autor escribe porque sabe que tiene el discurso, las metáforas y las imágenes para homenajear y reivindicar a los caídos. La poesía se convierte en el vehículo para representar a los marginados; la voz no callada del poeta exorciza a través del discurso los dolores ajenos que se hacen propios. Se trata de un libro en que el poeta hace homenaje a los que “recibieron prematuramente/ su funeral de escándalo”, por eso el autor profiere: “Vengo a estarme de luto por aquellos que han muerto a desabasto,/ por los que rútilos o famélicos,/ procurando saciar su corazón o su hambre,/ cayeron en la trampa…”, esgrime con notable lucidez el estudioso Gerardo Bustamante Bermúdez, quien ya ha rescatado también la dramaturgia de este autor sonorense, y ahora reedita, con Introducción y Notas, el libro de Bohórquez que fue censurado y prácticamente desaparecido del panorama cultural y literario, debido a la transgresora vena poética de Abigael Bohórquez: Digo lo que amo, del cual el ensayista explica: “Bohórquez hace enteramente su aparición como el poeta del ‘otro amor’ con Digo lo que amo, poemario publicado apenas dos años después de que la homosexualidad quedara desclasificada de los manuales de enfermedades psiquiátricas. Pareciera que en la historia de las ideas —no así de las prácticas sociales— el poeta estaba preparado para, a diferencia del tópico del amor secreto de los Contemporáneos, decir lo que amaba, confesar cómo amaba y cómo realizaba sus prácticas sexuales y lo hace sin ningún recato, más bien, por confesión y quizá por provocación poética y social”. Porque Bohórquez sabía que era una afrenta la publicación de Digo lo que amo, siendo empleado del gobierno mexicano (trabajaba para el Departamento de Literatura y Bibliotecas del Consejo Nacional de Cultura y Recreación para los Trabajadores, Conacurt) y homosexual que no ocultaba su orientación. Como consecuencia de esta publicación fue despedido del Conacurt. Víctor Manuel Chavira Sevilla, amigo y discípulo del autor de Digo lo que amo y el poeta Dionicio Morales (a quien Bohórquez dedicó los sonetos del apartado “Saudade” de dicho libro), y que trabajaban en la misma dependencia cultural junto con Bohórquez, también fueron despedidos, víctimas de la intolerancia homofóbica.
Bohórquez será un poeta del goce carnal y de la exploración homoerótica-sexual, quepa hacer énfasis en ello, nos dice el editor, al leer lo escrito por Guillermo Núñez Noriega acerca de Navegación en Yoremito (2001): “Frente al acoso simbólico del cerco homofóbico, la fiesta del lenguaje, el dominio de la palabra para nombrar una sensibilidad urdida en soledad, una sensualidad que aun sabiéndose poderosa, entiende el sentido de los límites culturales y políticos que la cercan y termina por burlarse de sí misma”. Bohórquez confrontó el prejuicio social con una propuesta literaria iconoclasta y antitradicional, que osaba transgredir, antes que cualquier otra cosa. Conocedor de la literatura clásica, medieval y renacentista “retó a la poesía canónica”, con una visión deliberadamente disidente y dignificatoria. Bustamante repara que en Digo lo que amo “hay una defensa y confesión poética sobre su amor disidente. El libro con veinte poemas está dedicado a los poetas Efraín Huerta y Jesús Arellano. El poeta también dedica el poemario a Óscar Wilde […] Este testimonio literario más allá de ser una experiencia sobre el amor, el dolor y el aniquilamiento de quien escribe, es un tratado que hace frente a los juicios morales y jurídicos de la época; también es la voz del desamor y la dignidad. El poeta mexicano a la vez que hace un homenaje a Wilde establece un diálogo poético y una similitud discursiva porque a la distancia, pareciera que su intención es hacer explícito en el contexto mexicano de la segunda mitad del siglo XX aquello que en la Inglaterra de finales del XIX se castigaba duramente…”. Bustamante ubica tres puntos nodales para entender la importancia de la literatura “social” de Bohórquez en Digo lo que amo: “1) poemas de amor, deseos y realizaciones homoeróticas; 2) poemas de desafío social y, 3) poemas con cariz de denuncia y represión homosexual insertos en un contexto de persecución policiaca”. Y concluye en suma que el de Bohórquez “es un contradiscurso y una ruptura no sólo con la tradición poética del siglo XX mexicano, sino un alegato político por la defensa natural de su condición heterodoxa”. “La obra poética de Abigael Bohórquez —manifiesta categórico Bermúdez— inaugura una propuesta para el devenir del sujeto y del hombre digno que dice lo que ama”.
Gerardo Bustamante Bermúdez cuya labor de revaloración y revitalización de la obra de Abigael Bohórquez, merece no sólo el aplauso y el entusiasmo, sino el respeto absoluto por su vocación de investigador-analista-defensor de las voces más radicales, marginales e injustamente postergadas en la historia de la literatura de temática homosexual mexicana, como fue, es y seguirá siendo la de Abigael Bohórquez, poeta contestatario y valiente pionero en exponer sin careta alguna los convulsivos temas del amor homosexual en todas sus aristas y del Sida en nuestra literatura, con una sola frase: Digo lo que amo.
Abigael Bohórquez: Digo lo que amo. Edición e Introducción de Gerardo Bustamante Bermúdez. Colección Poesía. Universidad Autónoma de la Ciudad de México. México, 2015; 80 pp.
