Jahir Dabroy*

En un ambiente totalmente distinto al de elecciones anteriores, Guatemala se volcó a votar este 6 de septiembre para elegir autoridades en cinco papeletas:  Presidente y Vicepresidente de la República; corporaciones municipales; diputados por listado nacional, 22 diputados distritales y diputados al Parlamento Centroamericano.

Lo distinto de esta elección era que no parecía de inicio ser necesariamente una fiesta cívica. Existía mucha tensión luego de que se descubriera por la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) y el Ministerio Público, una red de defraudación aduanera denominada como “La Línea”, donde se señala como sus dirigentes al propio Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti, ambos detenidos con su respectivo proceso judicial para aclarar los hechos, y que tuvieron que dimitir por presiones de la ciudadanía y otros bloques de poder, quienes ya no legitimaban su accionar al frente del gobierno.

Se intentó retrasar las elecciones con el objetivo de que previo al proceso electoral se hicieran cambios sustantivos al sistema electoral y al sistema de partidos políticos, que garantizara una participación más plural en una democracia activa.  La batalla por ir por unas elecciones más justas se perdió y ganó la jugada en el propio Tribunal Supremo Electoral (TSE) y en la Corte de Constitucionalidad.

La respuesta de los actores que desde el 25 de abril pasado se han manifestado en las calles sin un liderazgo que esté a la cabeza del proceso, se hizo por medio de tres estrategias: un llamado al voto nulo, un abstencionismo activo y llamar al voto en contra de los políticos tradicionales, opcion que ganó.   

Con una participación de más de 70% los ciudadanos asistieron a las urnas. Es probable que sea la elección con mayor participación en la historia democrática del país, solamente superada por la Constituyente.

El día de la elección

Los resultados comenzaron a fluir a las 18:20 hrs, minutos después del cierre de las mesas receptoras de votos.  Por obvias razones los primeros resultados fueron los de la ciudad capital, donde el rechazo a Manuel Baldizón del partido Libertad Democrática Renovada (Líder) y a Sandra Torres de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) se hizo evidente.

Líder, un partido de derecha con financiamiento bastante cuestionado por sus supuestos vínculos con el narcotráfico y crimen organizado, y el otro, la UNE, un partido socialdemócrata que ya hizo gobierno entre 2008-2012 sin muchos éxitos, parecían no despegar en la ciudad de Guatemala.

Cobraba auge de a pocos un cómico de televisión, de nombre Jimmy Morales, apoyado por el Frente de Convergencia Nacional (FCN-Nación), un partido supuestamente basado en la estructura de la Asociación de Veteranos Militares de Guatemala (Avemilgua), que capitalizaba el discurso de “votar por el menos peor” y por un personaje sin experiencia, lo que demostraba el rechazo al funcionamiento tradicional de la política.   

Contra muchos de los pronósticos, Jimmy Morales lograba pasar a segunda vuelta, liderando la intención con más de 23% de los votos de 14 candidatos que se presentaron como opciones.

Después de la elección

Pero las sorpresas no quedaron ahí, en la mañana del lunes 7 de septiembre los resultados comenzaron a informar que Sandra Torres empezaba a superar a Manuel Baldizón por 0.05% votos.  Se estima que este último habría gastado en propaganda política cerca de 40 millones de dólares en los últimos cuatro años, violando así el tiempo definido por ley para la campaña política, así como los techos presupuestarios establecidos por el TSE.

El júbilo de las personas en las redes sociales ha sido evidente.  El voto en contra de la forma clientelar tradicional de elegir a sus autoridades parece que está cambiando, el castigo a Baldizón y el espaldarazo a Morales lo confirma.

Parece que al partido Lider de Manuel Baldizón le costó caro una alianza parlamentaria para generar impunidad que generó con el Partido Patriota (PP) de Otto Pérez Molina, convirtiéndose en una especie de “pseudopartido oficial”, así como el discurso anti Iván Velásquez, quien dirige la CICIG.

Aunado a ello, en Lider se encuentran varios candidatos con señalamientos de corrupción, que incluyeron a su candidato vicepresidencial Manuel Barquín, a quien se le señala de otorgar facilidades para lavado de dinero y quien al dejar de ser candidato perderá la inmunidad y podrá ser investigado.

El Congreso de la República, que por cierto es unicameral, se vislumbra como un espacio más complicado de búsqueda de acuerdos y consensos.  No habrá mayoría parlamentaria en el Congreso, aunque los partidos Lider, UNE, PP y FCN-Nación, tendrán mayores cuotas dentro del hemiciclo.

Estos cambios en el legislativo afectarán la elección del día martes 8 de septiembre, donde los actuales diputados deben elegir, pero bajo otras condiciones, a un Vicepresidente de la República, de la terna propuesta por el presidente Alejandro Maldonado.  La terna se conforma por tres opciones afines a la ideología del actual presidente.

La segunda vuelta

Es bajo este entorno que Jimmy Morales y Sandra Torres deberán enfrentarse el domingo 25 de octubre en una segunda vuelta para legitimar su mandato por medio del voto de la población.  Para Morales era mucho más cómodo enfrentarse a Baldizón por ser un candidato que se sostenía con relaciones clientelares y que la población rechazaba por medio del voto urbano de las distintas cabeceras departamentales del país.

Enfrentar a Sandra Torres es enfrentar a una política con experiencia de más 20 años y con estructura partidaria relativamente sólida en el interior del país, cosa que Morales no tiene por ser neófito en política y por tener organización partidaria mínima.

Jimmy Morales y Sandra Torres tendrán que echar mano de las alianzas políticas, aunque en el caso guatemalteco está  demostrado que el voto no es “endosable”, lo que significa que si bien las estructuras partidarias de otras agrupaciones generan facilidades para la emisión del voto, las personas no siguen incondicionalmente las recomendaciones de su dirigente, debido sobre todo a que los partidos políticos como tal no tienen el peso necesario, sino que se vota por figuras unipersonales.   

El punto es que en estas alianzas ya no se eligen diputados ni candidatos a alcaldías, lo que genera que exista cierta apatía de las estructuras por movilizar a su gente y gastar recursos, la ganancia ya no será directa y el transfuguismo es siempre una opción para la mayor parte de políticos, lo que hace en muchos casos indiferente el resultado final.

Se esperaría que los ciudadanos puedan observar verdaderos debates entre los aspirantes a la primera magistratura del país, se presenten equipos de trabajo y se informe a cabalidad sobre sus financistas, así como acciones concretas de gobierno en caso de acceder al poder.

La expectativa radica entonces en que los guatemaltecos no echemos a perder el ejemplo que se dio al mundo con las movilizaciones que sacaron a un presidente y una vicepresidente por corrupción por la elección de lo que incluso podría ser un mal mayor.

*Politicólogo, USAC, Guatemala.

@jahirda