Camilo José Cela Conde


Madrid.-La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE, ha lanzado una aplicación que permite al usuario determinar cuál es su situación económica en términos relativos y, a juzgar por los comentarios que recogen los diarios que han publicado la noticia, lo único que ha conseguido es molestar al personal. Yo no he hecho el cálculo que me corresponde, así que hablo por boca de ganso, pero lo cierto es que las opiniones de quienes sí que han utilizado el algoritmo no pueden ser más hostiles tanto al procedimiento como al resultado. Entre quienes llaman basura a la ocurrencia de la OCDE y los que, en un alarde de creatividad, rellenan el cuestionario como si estuviesen en otro país, la conclusión apunta a que o bien nadie se cree los resultados que obtiene o, si se los cree, no hace sino enfadarse por su estatus económico. Claro es que resulta probable que quienes gozan de una posición acomodada no pierdan el tiempo en semejantes artilugios que, con suerte, sólo les van a confirmar lo que ya sabían de antemano. Así que en el fondo se trata de proporcionar a los menos favorecidos un instrumento para medir su nivel de indigencia, quizá en la idea de que si resultan quedar por encima de otros se sentirán mejor.
   Hace, qué sé yo, veinte años es probable que el invento de la OCDE hubiese dado lugar a una campana de Gauss en términos estadísticos, con un montón de ciudadanos en situación intermedia y muchos menos con fortunas gigantescas o pobres de solemnidad. Pero entre la crisis económica y las medidas que se han tomado para sacarnos de ella la clase media anda en vías de extinción. A esa evidencia se añade otro cálculo, el que ha hecho el diario madrileño El País, que permite saber cuáles son los municipios más endeudados de España y cuánta de esa deuda se reparte entre sus vecinos. Madrid resulta ser la ciudad en práctica quiebra, con cerca de 6,000 millones de euros de deuda, es decir, seis veces más que la ciudad que sigue que es Barcelona. En términos comparativos, la deuda de Palma de Mallorca, mi ciudad, que alcanza menos de 400 millones de euros, resulta irrisoria. Pero si se calcula lo que debe cada ciudadano español las cuentas cambian y es un pueblo de Ávila, Santa Cruz del Valle, quien confiesa que a cada vecino le corresponden nada menos que 9.500 euros. Como es lógico, el endeudamiento municipal tiene que ver con la tendencia de los alcaldes a sentirse faraones y en Madrid fue el luego ministro Ruiz Gallardón quien se puso a hacer túneles hasta que, en vez de alcantarillas y metros, la capital de España tenía agujeros negros de tamaño descomunal.
   Moraleja: cada vez la mayoría de los ciudadanos somos más pobres pero con mayor estilo. Era un proverbio antiguo el que decía que deber mil pesetas (de las de antes) es propio de miserables pero a partir del millón uno puede considerarse un financiero. Reflexión final: ¿por qué será que eso no consuela a nadie?