“Lentejas, si las quieres las tomas y si no, las dejas”, dice un conocido refrán castellano. Sin embargo, los estudios médicos apuntan a que es mejor comerlas, nos gusten o no. Para empezar porque consumir lentejas y otras legumbres mejora el control de los niveles de azúcar en sangre y reduce los riesgos de padecer enfermedad coronaria en pacientes que sufren diabetes tipo 2, según un estudio publicado en el último número de la revista Archives of Internal Medicine.

Además, otro estudio publicado hace poco en la revista Breast Cancer Research and Treatment sugería que su alto contenido en ácido fólico convierte a las lentejas en un alimento idóneo para prevenir el cáncer de mama.

A esto se suma que la fibra y las proteínas que aportan estas legumbres ayudan a prevenir la hipertensión, según un reciente estudio australiano. Y para que nuestro cuerpo pueda absorber todo el hierro que incorporan las lentejas, los expertos recomiendan tomarlas con un vaso de zumo de naranja o de pomelo, por su contenido en vitamina C.

Las lentejas son buenas para el embarazo

Aunque no está tan presente como el hierro o el manganeso, las lentejas aportan selenio, un mineral no muy frecuente en nuestros alimentos (se encuentra en las nueces, almendras o semillas de calabaza). ¿Qué aporta el selenio? Previene la inflamación, reduce las tasas de crecimiento de los tumores y mejora la respuesta del sistema inmune a la infección. También ayuda a desintoxicar el organismo de algunos compuestos relativos al cáncer. El Instituto Nacional del Cáncer también expone que la fibra de las lentejas está asociada a un menor riesgo de cáncer colorrectal.