Artículo exclusivo para Siempre!
Carlos Arrieta
Ya pasaron 367 días, más de 8 mil 700 horas y la imagen sigue ahí, clavada: “yo estaba hincado, no me podía poner pecho tierra, a David le dieron algunos balazos, cayó junto a mí y estaba pidiendo ayuda; él con su propia sangre se estaba ahogando y yo no podía hacer nada, no podía hacer nada, lo único que hice fue agarrarlo y bajarlo del sillón para que ya no le siguieran pegando los tiros”.
Cuando el cerebro agarra camino al doloroso pasado, a Felipe Eduardo Villalba Alcocer se le quiebra la voz. Rompe un poco el relato. Aspira y sigue un poco más bajo: “Como todos se pasaron para atrás, lo pisaban porque no se veía nada, entonces lo jalé hacia una ventana para que lo dejaran de pisar”.
El caído es su amigo y compañero de equipo David José García Evangelista, una de las tres personas que murieron en el primer ataque en Iguala, Guerrero, la noche del 26 de septiembre del 2014 cuando la policía y hombres armados dispararon sin más al camión que trasladaba al equipo de futbol de Tercera División, Los Avispones.
Felipe, los demás compañeros y sus familias, reclaman justicia. “Como nosotros no somos de los 43, no somos normalistas, ya nos quieren olvidar, quieren hacer de cuenta que no pasó nada pero muchos también estudiamos y somos deportistas; queremos justicia”.
Felipe Eduardo, David Josué y otros veinticinco compañeros viajaban en el camión de regreso a Chilpancingo. En el crucero de Santa Teresa ubicado sobre la carretera Iguala-Chilpancingo
Felipe fue el último que vio con vida a David, el único de los jugadores de Los Avispones que murió en el ataque. Escuchó su último suspiro. La película la tiene grabada y corre a cada momento desde que dejaron la cancha hasta el día siguiente cuando llegaron al zócalo de Chilpancingo.
Recuerda y cuenta cuando les empezaron a disparar. Recuerda cómo todos intentaban bajar de los asientos al piso del camión, cómo, con lo que pudieron, rompieron vidrios para bajarse del autobús, correr y salvarse; recuerda cómo intentaban ayudar a los heridos, a todos, a David.
Minutos antes el grupo echaba relajo. Cuando escucharon los primeros balazos pensaron que eran cuetes de alguna de las comunidades, pero cuando los vidrios de las ventajas comenzaron a romperse y vieron cómo el camión abandonaba la línea de la carretera las ráfagas se oyeron más fuerte “y fue cuando todos nos impactamos, no sabíamos qué hacer y empezamos a gritar del miedo que teníamos”.
Felipe cuenta que cayó hincado en el piso en un intento por protegerse de los tiros, y fue cuando el cuerpo de David cayó a su lado. No lo podía ver, pero lo sentía. Sentía cómo intentaba pedir ayuda, cómo intentaba hablar y no podía, “se estaba ahogando en su propia sangre y yo no podía hacer nada”.
Como pudo lo bajó del asiento en un intento por protegerlo de los tiros. Pero como todos sus compañeros corrían hacia atrás del camión, lo pisaban.
Como pudo, Felipe lo agarró, lo jaló hacia una de las ventanas para que dejaran de pisarlo.
“Soy la última persona que lo vio con vida, estaba pidiendo ayuda prácticamente sin voz, lo sentí ahogarse, no lo alcanzaba a ver, pero sentí cómo se iba… es que ya estaba muy liviano”.
Los últimos suspiros de David Josué de apenas quince años de edad, fueron de ahogamiento, “yo no vi dónde le dieron los impactos de bala pero sentí mucha sangre porque al momento de cargarlo y bajarlo, ya estaba cubierto de sangre”, relata finalmente Felipe y luego guarda silencio.
La muerte de su amigo le acompaña siempre. Desde aquél 26 de septiembre su vida cambió. La partida de David Josué lo llevó a entender que hay que disfrutar más a la familia, a los seres queridos, “hay que valorar más lo que te da la vida, luchar por nuestros sueños y vivir al máximo, porque en cualquier momento, la vida se termina”, reflexiona y comparte.
NO NOS DEJEN AL OLVIDO
Ya pasó casi el año, y casi nadie olvida. Felipe no. Las autoridades sí, “para el gobierno y para algunas personas ya está olvidado, hacen como el que el caso de Avispones no pasó y toman más en cuenta el caso de los 43 normalistas”.
Los Avispones no son de los 43 pero algunos son estudiantes y todos son deportistas… “y pedimos justicia”.
Y si no hay justicia, espero que quienes nos atacaron sepan que estuvo mal, “no sé por qué lo hicieron, yo sólo espero que se arrepientan ellos mismos de lo que nos hicieron”, señala Felipe, el testigo del último suspiro del primer muerto a manos del poderío del grupo criminal de Los Guerreros Unidos en ese infausto septiembre del 2014.
Al final, todo acabó este fin de semana con una misa en Chilpancingo en memoria del ataque y de la muerte de David, pero tendrán que pasar otros 525 mil 600 minutos nuevamente para que México vuelva a recordar con esa euforia y compasión a los “mártires de Guerrero”…
