Inmigración, ola de ira y desesperación
Alfredo Ríos Camarena
Las migraciones de pueblos enteros han marcado los hitos más importantes de la historia humana; el 29 de mayo de 1453, los turcos musulmanes liderados por Mehmed II ingresaron en el imperio romano oriental y tomaron su capital, Constantinopla, dando término a la Edad Media y surgiendo la época contemporánea que hoy conocemos como Estado Moderno.
Varios siglos después, la caída del Muro de Berlin marca la descomposición y caída del régimen soviético y el ascenso del neoliberalismo.
Las migraciones han sido signos de discriminación y opresión; en México desde 1994, al amparo de la denominada operación Guardián, se ha pretendido construir un muro de 1125 kilometros, hoy nuevamente celebrado por el racista precandidato republicano Donald Trump.
Las migraciones son producto del racismo, de la pobreza, de la guerra, de la discriminación y de las desgracias naturales, pero siempre son olas de ira y de desesperanza, por eso al inaugurar hace unos días la Asamblea General de las Naciones Unidas el secretario general Banki Moon se refirió a la crisis migratoria en Europa, donde Hungría ya estableció una alambrada de 175 kilometros a lo largo de su frontera con Servia.
El secretario general recordó que hay 100 millones de personas que necesitan asistencia humanitaria inmediata y otros 60 millones que fueron obligados a dejar su viviendas o países.
La realidad es que este fenómeno ha sido generado por el enorme ejercito de desocupados que no sólo carecen de empleo sino que viven bajo la opresión del sistema global que cada dia aumenta el numero de miserables, arrojándolos a esta hoguera de calamidades que parecen dar crédito a la teoría maltusiana.
La humanidad tiene más que suficientes recursos productivos para resolver el problema de los 6 mil millones de habitantes del planeta, sin embargo esto no sucede por la perversa acumulación capitalista que ha enriquecido brutalmente al punto 0.01% de la población mundial.
Los marroquíes que invaden España, los africanos que llegan a Portugal, los turcos que van a Alemania, y ahora las dramáticas embarcaciones que surgen de Libia y que han llenado de cadáveres el Mediterráneo, todo esto no tiene otro fondo que un sistema económico de injusticia y opresión colectiva.
Por eso tiene razón el presidente Peña Nieto en su discurso en las Naciones Unidas, que se empata con el pensamiento de Ban Ki-moon.
Los muros no son la solución para contener esta ola de desesperanza, lo que se requiere es una política social distributiva y una conciencia internacional de solidaridad que obligue a la regulación del derecho a construir un nuevo Estado social.
En México seguiremos peleando en contra del muro de la ignominia, pero tambien por que nuestra política de contención migratoria se centre en el respeto a la dignidad y los derechos humanos de nuestros hermanos latinoamericanos que trasitan en medio de injusticia y pobreza hacia el utópico y anhelado sueño del american dream, pero tambien exige una política que defienda a nuestro migrantes que han sido no sólo vejados y humillados sino tambien torurados y masacrados. Las acciones absurdas de la Border Patrol, que ha llegado al extremo de dispararle a mexicanos en nuestro propio territorio tienen que cesar.
