Candidatos presidenciales

René Avilés Fabila

Escuché a Joaquín López Dóriga informar de encuentros entre “glorias nacionales” a efecto de preparar una candidatura independiente capaz de enfrentar a los partidos políticos tradicionales. Las reuniones tendrán periodicidad y al menos la primera ocurrió en casa de Diego Fernández de Cevallos, quien vale la pena recordarlo como candidato presidencial del PAN.

De los invitados que recuerdo (venía conduciendo mi automóvil en una ciudad habitualmente caótica) estaban dos afamados intelectuales: Jorge Castañeda Gutman, quien ya trató inútilmente de ser candidato presidencial independiente, y Héctor Aguilar Camín, su esposa, también escritora, Ángeles Mastretta, y el exrector de la UNAM Juan Ramón de la Fuente. La idea no es descabellada. Nunca en nuestra historia reciente los partidos políticos habían caído en tal desprestigio. Tampoco los líderes gozan de gran reputación. Mancera y Peña Nieto están en caída. López Obrador sólo tiene éxito en un DF que comienza a no creer en caudillos que cada seis años ambicionan llegar a Los Pinos.

Sin embargo lo primero que salta a la vista son las dificultades para llevar a cabo una campaña nacional en un inmenso país con alrededor de 85 millones de votantes. Falta saber de dónde van a salir los recursos materiales y logísticos, algo con lo que ya cuentan los partidos registrados. Aceptemos que ese grupo consigue millones de pesos de entre los millonarios insatisfechos del tedioso y corrupto sistema político nacional, y que los simples ciudadanos, los que llevan la peor parte en este país, aportan algo de dinero y esfuerzos para extender la campaña que no contará con un severo respaldo de medios, en especial los electrónicos. ¿Ese grupo “ciudadano” que se está configurando con las figuras citadas y sin duda algunas más de prestigio (bueno y malo, pero todos ambiciosos) se pondrá de acuerdo en quién debe ser el candidato “ciudadano” e “independiente”? No será sencillo. Pero, supongo, vale la pena intentarlo.

Ahora, de todos ellos, ninguno es un simple ciudadano ni tampoco es ajeno a la política. Fernández de Cevallos ha sido panista destacado, Juan Ramón fue secretario de Salud con un priista, Ernesto Zedillo, y Jorge Castañeda fue un destacado funcionario foxista. ¿Intelectuales no comprometidos? Por favor, todos tienen compromisos con intereses poderosos y pocos o ninguno sabe lo que es tocar puertas campesinas en busca del voto o ir a mítines de obreros para convencerlos de las bondades del nuevo grupo. Finalmente, ¿independientes de qué, ciudadanos de dónde? Todos son profesionales del poder.

No cabe duda de que estamos tan mal orientados políticamente, que la mayoría supone que el éxito del Bronco es el magno inicio de los candidatos independientes. Sólo veamos los antecedentes de tal político, con años de militancia priista. No deja uno de pensar en que los priistas que abandonaron su partido inicial, ahora son ya casi marxistas, nada más por el hecho de haberse pasado al PRD o a Morena o ser independientes.

Sin embargo, dada la compleja situación de México, no está mal que un grupo, más o menos ocioso y sin militancia por ahora, opte por buscar un candidato independiente. Sólo pensar en que en 2018 gane uno de los que ya se apuntaron o podemos vislumbrar por los partidos existentes, nos pone a temblar de pavor.

En fin, ya veremos mejor las cosas cuando el grupo se consolide y salga ante la opinión pública y debata con los partidos y sus lógicos aspirantes.

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