Primero, los artistas descubrieron la publicidad y muchos de ellos, no todos, decidieron ponerla a su servicio. En México, este fenómeno estuvo ligado a un periódico, El Heraldo de México, porque con su moderna y veloz maquinaria podía imprimir fotos tamaño estampilla postal y que, sin embargo, se veían perfectamente. Antes, los poderosos diarios Excélsior y Novedades sólo imprimían fotos enormes y no cabían más que acontecimientos sociales de importancia en número muy reducido. En Bellas Artes, Carlos Fuentes se presenta en una conferencia del brazo de Tongolele y, creo, que Kalantay (una bailarina “exótica”). Cuevas se deja fotografiar junto a Rossy Mendoza, “la cintura más breve” y Carlos Monsiváis, también en Bellas Artes, hace que Carmen Salinas cante sus parodias. El otro apoyo publicitario fue la televisión. Primero con temor al qué dirán y luego ya casi todos fueron aceptando las entrevistas e incluso las mesas redondas. Miguel Capistrán trajo a los programas de Televisa a Borges, Norman Mailer y Marshall McLuhan, mientras animaba su columna “de sociales”, firmada como In y Out, seudónimo compartido con el escritor Roberto Páramo. El argentino radicado en México, Luis Guillermo Piazza usaba réclames publicitarios como el hit parade para impulsar carreras literarias y artísticas que alternaba con sus labores en Editorial Novaro. El maestro Salvador Novo era más famoso que los políticos y contaba sus fiestas y dolencias en su columna Novísimo. Tanto esta columna como la de In y Out se publicaban en El Heraldo. El señor Flota tomaba las fotos.

         Pero no fue aquí, sino en España donde nació el fenómeno de los agentes literarios. La señora Carmen Balcells, (9 de agosto de 1930-20 de septiembre de 2015), participa, primero, como agente literaria de autores extranjeros en España, pero cuando su socio se va a radicar a París, queda al frente de esta agencia y en 1960 comienza a representar a autores de lengua española. El primero es Juan Goytisolo, no hay que olvidar que en el libro, La nueva novela hispanoamericana, que dedica al Boom, Carlos Fuentes incluye un ensayo, sobre La reivindicación del Conde Don Julián, de Goytisolo.

         La señora Balcells, al morir, representaba 300 escritores, entre los cuales estaban los cuatro del Boom: García Márquez, Cortázar, Fuentes y Vargas Llosa. Los Nobel Miguel Ángel Asturias. Pablo Neruda y Camilo José Cela. Otros notables, Isabel Allende. Vicente Aleixandre, Luis Goytisolo y Manuel Vázquez Montalbán.

         Ser agente literario es tener los derechos de autor y negociarlos con los editores sobre todo en las ferias de libros. La estrategia de la Balcells fue, primero, que los derechos no se cedieran de modo vitalicio, sino que se negociara cada edición. En segundo lugar, que se acordaran derechos por país y por cada formato de libro, edición de lujo, de bolsillo, para televisión, etcétera. En julio de 2014 se comentó en este mismo espacio la fusión de la agencia de Balcells con Andrew Wylie, el poderoso agente de lengua inglesa, apodado El Chacal. Enemigos intermitentes, habían decidido unir sus fuerzas contra Amazon y Google, y competir en el nuevo formato: el libro electrónico. La muerte impidió a la señora Balcells seguir en la batalla, pero previsora había ya nombrado como sucesor a Guillem D´Efak, quien cayó en desgracia y quien finalmente se ocupará de la agencia es su propio hijo, Lluís Miquel Palomares Balcells. La unión con Wylie, como es sabido, no fructificó.

         El consentido de la agente era García Márquez, porque representaba, como ella decía, “el 36.2 por ciento de mis ingresos”. El colombiano la llamaba como uno de sus personajes “Mamá Grande”. (SR)