Candidaturas independientes
Alfredo Ríos Camarena
La democracia mexicana ha equivocado el camino hacia una sociedad mejor, porque este sistema no sólo se basa en contar los votos, y contarlos bien; la democracia es mucho más que eso, la propia Constitución la define como “un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo”.
El derecho de los mexicanos a votar y ser votados —establecido en el artículo 34 de nuestra Carta Magna— fue cancelado cuando sólo se podía aspirar a una candidatura de elección popular “a través de un partido político”, como lo establecía el artículo 41 constitucional.
Esta circunstancia de controversia entre dos garantías, distintas, inscritas en la Constitución limitó a los ciudadanos a participar en política, que además fue parte del desarrollo perverso de los partidos políticos, que sufren una grave patología al haberse cerrado a la ciudadanía y a la militancia.
En efecto, los partidos mexicanos se consolidaron sobre estructuras cupulares en las que pequeños grupos han determinado las candidaturas a los puestos de elección popular; todos los partidos se situaron en este mismo proceso, que los condujo a una repartición del poder y a un alejamiento del pueblo, que hoy los tienen calificados pesimamente.
Los partidos no representan a nadie más que a sus círculos cerrados y alejados de la realidad; por eso, la apertura constitucional —aun cuándo limitada— de las candidaturas independientes provocó una inesperada bocanada de aire fresco en el sistema político mexicano.
El caso paradigmático de este tema se encuentra en la reciente elección en Nuevo León, donde llegó al poder Jaime Rodriguez, el Bronco; esta nueva presencia política da pie a nuevas oportunidades electorales de carácter independiente; en ese espectro se inscriben diversas personas que podrían participar bajo ésta nueva divisa en el 2018, por ejemplo, el propio Bronco, Margarita Zavala, Miguel Ángel Mancera y otros más.
Eso no quiere decir que la solución al sistema democrático está en las candidaturas independientes, pero sí obligará a los partidos a diseñar una nueva estrategia en la que tengan mayor participación sus militantes.
No deja de ser llamativa e importante esta nueva figura constitucional de las candidaturas independientes, que pretendidamente ha sido limitada por algunas legislaturas locales, y por otro lado, se han abierto a una visión oportunista del PAN.
Como quiera que sea, el tema de la libertad democrática y de la participación política, no pueden quedarse en estas medias tintas; tenemos que entender que de nada nos sirve un sistema aparentemente democrático, si no con cambiamos las condiciones de pobreza, desigualdad y desesperanza en que vive la nación.
Bienvenidas las candidaturas independientes para abrir una nueva esperanza, pero, por supuesto, ni son suficientes, ni son definitorias, para el nuevo proceso democrático nacional.
