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Carlos Arrieta

En apoyo a la campaña de Amnistía Internacional contra las desapariciones en México, el cantante y compositor Sting, se reunió con familiares de algunas de las miles de personas que han desaparecido en el país en los últimos años.

El cantante británico le dio un nuevo coscorrón a México en materia de inseguridad al exigir que en el tema de personas desaparecidas el país ha llegado a “niveles epidémicos”, por lo que urgió se lleve a los responsables a la justicia.

“No es difícil imaginar la angustia y el tormento que las familias experimentan cuando un ser querido desaparece, desaparece sin dejar rastro ni explicación, cuando los intentos para encontrar ellos o descubrir su destino están frustrados por la aparente indiferencia de las autoridades a una situación que se ha vuelto una epidemia en México”, dijo Sting.

“Me reuní con algunas de las familias, pero son sólo la punta del iceberg, yo llamo al gobierno mexicano para dar seguimiento a estos casos mucho más vigorosamente, para encontrar y procesar a los responsables y evitar que a través de la legislación de este flagelo de las desapariciones y abusos contra los derechos humanos”, resaltó Sting.

Agregó que las desapariciones están lejos de ser una tragedia del pasado en toda América Latina, con casi 27 mil en todo México en los últimos años solamente. “

¿Hay alguien aquí es un objetivo potencial con las autoridades de hacer poco o nada para encontrarlos y sancionar a los responsables”, dijo Erika Guevara Rosas, directora para América de Amnistía Internacional.

“Estamos enormemente agradecidos a Sting para unir nuestros esfuerzos en la búsqueda de justicia para las miles de familias, tal como lo hizo en Argentina y Chile en el pasado. Juntos, confiamos en que podemos hacer una gran diferencia”, agregó.

Antes de su concierto en el estado de Morelos, Sting se reunió con:

Brenda Rangel, hermana de Héctor Rangel, desaparecido desde 2009. Héctor fue visto por última vez en un puesto de control al cargo de la policía de tráfico local en Querétaro, en el centro de México. Desde la desaparición de su hermano, Brenda ha sufrido actos de intimidación al tratar de encontrarlo.

Lucía Baca, madre de Alejandro Moreno, quien ha estado desaparecido desde 2011. La última vez que fue visto conduciendo por una autopista en el norte de México.

Guadalupe Fernández (“Lupita”), madre de José Antonio Robledo, que fue secuestrado en 2009 en el norte del país, donde trabajaba en una planta de procesamiento de acero.

Ana Enamorado, madre de Óscar López, quien está desaparecido desde 2010. Óscar desapareció mientras viajaba desde su natal Honduras a través de México a los EE.UU. – que huyen de la violencia y la pobreza. Fue visto por última vez en el estado mexicano de Jalisco. Ana se ha trasladado a la Ciudad de México con una visa humanitaria para continuar con la búsqueda desesperada de su hijo.

Esto demuestra que así como en el caso de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, tuvo que venir alguien más, de otros países, a levantar la voz para exigirle a las autoridades mexicanas, un alto definitivo a la operatividad del crimen organizado, en el que se han visto coludidos varios actores de la política en los tres niveles de gobierno.

Tal vez las palabras de Sting puedan solo ser “una llamada a misa”, pero es cierto también que le echó limón y sal a la herida de este flagelo social que ha visto como su principal escenario la muerte de miles de mexicanos a manos de grupos impunes y protegidos por fuertes brazos de autoridades insanas.

No se puede echar en saco roto que para el resto del mundo, México es actualmente uno de los países más endebles en el combate a la delincuencia y no se diga de su economía, por lo que urge que los responsables de las política públicas den un vuelco e sus decisiones y no se separen de la urgente necesidad que tiene la sociedad de sentirse tranquilos.

Desafortunadamente las cifras se elevan y las esperanzas disminuyen, pues los ojos del mundo, no son las manos que se requieren para arrimar la paz y la estabilidad social.