Cambios de Peña Nieto
René Avilés Fabila
Uno siempre supone que los cambios políticos pretenden transformar la realidad nacional o una parte significativa de ella. Pero son gatopardismo puro con una ligera variante: los llevan a cabo no para seguir igual sino peor. Los nuevos personajes que integran el equipo cercano de Enrique Peña Nieto son la mejor prueba de que el PRI coloca en posiciones estratégicas no a los mejores hombres y mujeres sino a los amigos entrañables del presidente.
Meade y Nuño son dos ejemplos perfectos. Ambos deberían estar en exitosas empresas privadas y no en cargos públicos de relevancia. Desde la sola actitud y sus desplantes iniciales, vemos que no encajan, que a duras penas uno se ha puesto un disfraz discursivo de apoyo a la educación pública, el otro desde universidades particulares de altísimo costo habla del México pobre. Eso es demagogia pura y queda claro que las críticas de Peña Nieto al populismo han sido apoyadas con actos de ilimitada charlatanería. Ni uno ni otro conoce lo que manejan.
Pero lo chistoso —no encuentro otra palabra adecuada— es que están allí para consolidar la ruta de la sucesión presidencial. Nunca el PRI había tenido mejores soportes neoliberales y de tan pobre conocimiento del país, como los actuales miembros del gabinete. El que posee mayor experiencia es quien los nombró y ya vemos los resultados.
El PAN y el PRD buscan acuerdos para ir juntos en pos de gubernaturas y acaso la Presidencia de la República. Morena crece, y sólo el PRI con su actual incondicional, el Verde Ecologista, partido que jamás ha perdido su inexperiencia y su inmensa torpeza, retrocede lo poco que había avanzado. Voy a la trillada frase de los adivinadores del futuro político, los encuestadores. Si las elecciones fueran hoy, el PRI no ganaría, tampoco el PRD y el PAN no tiene otra cosa que ofrecernos más que palabras huecas y un historial lamentable: por dos sexenios gobernó el país y miren cómo lo dejó.
Sin duda el peor candidato presidencial es Andrés Manuel López Obrador, pero conoce el país y, algo peor, el país lo conoce a él. Para estar a gusto con su infinito ego, hizo un partido de la nada y ahora disputa el control de la orgullosa capital de México. Ha caminado por todos los municipios y, si bien no es un hombre culto, tiene una idea de los problemas nacionales que finalmente es lo que cuenta.
El PRI, a su vez, ha dispuesto todo para que mexiquenses y seguidores de esas figuras del Estado de México (léase Grupo Atlacomulco) mantengan el poder. Si uno mira este partido, sólo tiene una o dos figuras de alto rango político, uno es el sonorense Manlio Fabio Beltrones. Ha llegado a donde está por méritos propios, no por su amistad con los presidentes. Sin embargo, para que no se mueva con total libertad, como tendría que ser, le pusieron a una mexiquense cercana a Peña Nieto cuya experiencia es muy corta. Conocerá Toluca, no el enorme país que es México.
Para una población cada vez más decepcionada de los partidos y en especial del PRI, al que le dio una nueva oportunidad histórica, no hay mucho más qué hacer y por ello piensa o sueña con candidatos independientes reales y no como el Bronco cuya carrera es sólo priista. Ni tampoco como Mancera que galopa en caballo ajeno, el del PRD.
Los partidos no deberían trabajar en la ridícula búsqueda de “independientes” sino en la formación de cuadros propios que sean capaces de competir con proyectos propios, basados en las exigencias populares. Por lo pronto, no deja de ser risible ver y oír a señores neoliberales, ricos, ignorantes de las acciones públicas, fingiendo estar a gusto entre niños pobres y personas que apenas subsisten en un paraíso de seleccionados por su riqueza y su inexperiencia política.
www.reneavilesfabila.com.mx
