La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y el alcalde de Cádiz, José María González, ambos de izquierda, protestaron por el desfile nacional, encabezado por los reyes de España, y en el que, por cierto, se hizo el saludo fascista, por el 12 de octubre, la fiesta nacional por “el descubrimiento de América” y “la expansión de España”. Ella dijo: “Vergüenza de Estado aquel que celebra un genocidio” y él, “Nunca descubrimos América, masacramos y sometimos un continente y sus culturas en nombre de Dios.” Y concluyó: “nada que celebrar”. No asistieron al acto, los dirigentes de los partidos independentistas de Cataluña, País Vasco, Navarra y Galicia.

Aquí, en Internet, se citó a Galeano y se escribieron vivas a Cataluña, aunque no faltaron los que dijeron que éramos mestizos y que se olvidara el revanchismo, pues muertos estaban víctimas y verdugos. Se les olvida que en este territorio, en esta tierra, nacimos y no del otro lado del charco, pero eso es un argumento menor. Ante lo sucedido en Guernica, nadie se pone a pensar si se necesita ser de allá para condenar lo ocurrido y expresar solidaridad. No es cuestión de nacionalidad, sino de justicia.

            Ya he citado aquí este hecho que le ocurrió al luchador social Edur Velasco cuando era niño. Tomó un caballito de madera y rodeando la mesa gritaba “mueran los gachupines”. Su padre y tres amigos jugaban cartas en la mesa alrededor de la cual giraba el niño. Mi padre, me cuenta Edur, me aclaró: “Edur, todos somos españoles”. El niño preguntó: “¿le quemaron los pies a Cuauhtémoc?” Ante la respuesta afirmativa, el niño montó su caballito y continuó su carrera gritando: “mueran los gachupines”. (S. R.)