Para quienes conocen el paso del físico-filósofo-investigador nicolaita Salvador Jara Guerrero por el gobierno sustituto de Michoacán, la noticia de su nombramiento como subsecretario de Educación Superior fue más que una grosería, un chiste y de los negros. Con esta designación Aurelio Nuño alista ya una severa crisis y detrimento en esa importante área.

El ataque en redes sociales, casi equiparable -en sus justas proporciones- a la burla consuetudinaria de la que es objeto el Jefe del Ejecutivo Federal, opacó otras grandes (buenas y malas) noticias que tuvo Michoacán, como la confirmación del próximo viaje del Papa argentino, Francisco, y los encontronazos sociales que se registraron en el transcurso del día en municipios como Nahuatzen, Uruapan y hasta Morelia. Nada importó.

El grueso de la mal llamada clase política, hombres de negocios, estudiantes, comunicadores y los autonombrados “líderes de opinión”, brincaron al home de su página personal en redes sociales para exponer abiertamente su inconformidad, enojo, extrañeza, molestia, y, sobre todo, asombro, por la decisión tomada por el gobierno federal de premiar con un cargo de esa naturaleza al peor gobernador que una entidad federativa.

El impacto de los comentarios de las redes sociales alcanzó plenamente al Gobierno de la República y la crítica destructiva se dejó saber en el mundo virtual; más aún cuando se difundió en el cibermundo el festejo y la felicitación de aquél al que culpan del arribo del exrector de la Casa de Hidalgo al Solio de Ocampo, el hoy titular de la Comisión Nacional del Deporte, Alfredo Castillo Cervantes, y por tanto, la mente maestra detrás del colapso que vive Michoacán.

El “felicidades a mi amigo” que soltó Castillo Cervantes en un breve twitt, provocó hilarantes expresiones y algunos otros comentarios no muy gratos.

Los quince meses y diez días que Jara Guerrero ocupó la silla del gobernador fueron, en la historia de Michoacán, los más deficientes, trágicos e irreparables.

En esos casi 470 días, el hombre de talla corta, rompió con todo lo permisible, lo imaginable, y más.

Como gobernador sustituto, lo peor que pudo hacer fue, entre otras cosas: la gran indiferencia que mostró ante la difícil realidad del Estado. El color de sus calcetines lo demuestra.

Sumado a ello, su incapacidad para coordinar acciones en favor de los michoacanos y su irresponsabilidad para ejercer los presupuestos, bipartita o tripartita, dejando escapar recursos valiosos para el Estado. Hasta eso hizo mal.

Salvador Jara sumió al Estado en el peor de sus escenarios político-económico-social y financiero; gracias a él, cerró a plenitud el círculo vicioso que marcó a la entidad y que inició con el embate del hampa organizada, terror de la sierra-costa de Michoacán, del Oriente y de la zona centro. Pocos escaparon.

A diferencia de Leonel Godoy Rangel, el perredista que detonó la crisis financiera michoacana, Salvador Jara no sólo mantuvo la histórica y sin precedente deuda de esa entidad, también la alentó, abonando los grandes contratos que cubrió a satisfacción a todas las empresa procedentes del Estado de México y a los hombres de negocios amigos del excomisionado para la Seguridad y el Desarrollo de Michoacán, especialmente constructores y proveedores, mientras los locales se revolcaban en sus propios lamentos.

Salvador Jara dejó en Michoacán una deuda de largo plazo de 17 mil 500 millones de pesos; otra deuda, la llamada contingente, que ronda los 14 mil millones de pesos y el boquete financiero que es el déficit, porque eso no hay manera de manejarlo por la dificultad de los ingresos, el cual debe andar cercano a los 5 mil millones de pesos, sumando algunos otros pendientes que entre todo, engloban cerca de 40 mil millones de pesos, casi dos tercios del presupuesto anual que percibe la entidad y que raya en los 58 mil millones de pesos.

Hoy, el hombre por el que Michoacán pende de un hilo, es premiado con uno de los cargos más inverosímiles para el gobernador sustituto, cuyo Estado, es el segundo más peor en materia de inseguridad, y el primero en reprobados en nivel secundaria. Triste historia.

Carlos Arrieta