Un antes y un después de la corrupción
Alfredo Ríos Camarena
Uno de los temas centrales de un Estado de derecho se encuentra en la debida administración de justicia que no sólo se construye con el poder judicial, sino con una visión de Estado, ya que deben participar el poder ejecutivo, en la procuración de la justicia y en el diseño de la política penitenciaria, y, desde luego, el poder legislativo en la creación de las leyes.
Por ello, este tema es de cooperación y armonía entre poderes, y también entre los niveles de gobierno: federal, estatal y municipal.
En el actual gobierno, el tema de la inseguridad pública —que va de la mano con el de la justicia— ha tenido graves problemas y déficits, cada vez se abre una brecha más grande frente a las aspiraciones de sociedad y los resultados obtenidos; existen casos paradigmáticos de enorme importancia como el de los normalistas de Ayotzinapa o el de los ejecutados en Tlatlaya, pero quizás el más destacado —por emanar de un excelente trabajo de persecución y captura de uno de los delincuentes más buscados del mundo, para terminar en un fracaso y una pifia insalvables con su fuga— es el caso de Joaquín Guzmán Loera.
En el caso de Guzmán Loera, no sólo se trata de un traficante, sino los alcances de su acción delictiva nos permiten suponer que —de alguna manera— está implicado en la regulación de la droga en el país de mayor consumo, Estados Unidos, y muy probablemente, con la complicidad o el conocimiento —cuando menos— de la DEA (Agencia Antidrogas Norteamericana).
Si bien su captura se realizó en colaboración con los instrumentos de inteligencia de Estados Unidos, su fuga —y de esto ya no hay duda— está vinculada a la complicidad y a la corrupción de órganos del Estado mexicano, hoy más cuestionados por la aparición del audio del ya conocido video del delincuente en su celda, donde el “hoyo de la regadera” abre un antes y un después del combate a la corrupción; este video con audio despeja cualquier duda que pudiéramos tener respecto a la complicidad de autoridades nacionales.
Una vez más, a través de medios internacionales como el reportero de la NBC, Mark Potter, nos informaron de la supuesta fuga, del que huye por túneles, cañerías o simples bolsas de lavandería; una vez más, se dice que se escapó herido de una pierna y del rostro en el Triángulo Dorado de la Sierra Madre Occidental, entre los linderos de Chihuahua, Durango y Sinaloa, donde se ha combatido la droga desde hace decenas de años: recordemos la operación Cóndor siempre infructuosamente, en ese mismo escenario donde actuó el mitológico “santo de los narcotraficantes”, Jesús Malverde.
Estos hechos los negó categóricamente el comisionado nacional de Seguridad, Renato Sales Heredia, quien a su vez fue desmentido por las secretarías de Gobernación y Marina y por la Procuraduría General de la República.
¿Qué problemas tiene el Estado mexicano para informar al público? ¿Cómo saben que el Chapo está herido de la pierna y del rostro? ¿Cómo nos pueden decir que están a punto de capturarlo, sin aportar ningún elemento probatorio frente a la opinión nacional, entrando en ridículas contradicciones?
México está esperando respuestas a estos temas de interés nacional.
