Madura y platicadora
René Avilés Fabila
Hace unos días, utilicé un taxi conducido por una mujer madura y platicadora. Ignoro por qué las pláticas en México suelen ser de tipo político. Quizás por los mil problemas que es posible toparse en el trayecto: marchas, plantones, personas malhumoradas por la situación económica, por el caos que prevalece en la ciudad, por los baches, por el desorden que nos rodea…
La señora conductora no era la excepción: sin que yo le preguntara, me limité a darle los buenos días y la dirección a la que iba, ella dijo que ya era imposible el Distrito Federal, que le costaba mucho esfuerzo ganarse la vida y mantener a su hija. Me contó de lo difícil que es el taxi, de la explotación de su patrón y, desde luego, de todo lo que la ciudad le cobra anualmente en impuestos extraños que ella misma no entiende.
Para radicalizarse, hizo observaciones muy personales y casi irrepetibles de los políticos. Detesta, fue clara, a los políticos. A Enrique Peña Nieto y a Miguel Ángel Mancera los ve iguales, más preocupados por su imagen personal que por las dificultades económicas.
En suma, la señora era dos cosas: una buena conductora y una severa crítica del sistema político. Su lenguaje en este punto se hizo severo, duro y atinado. No se tomaba la molestia de ir a las urnas en un país de políticos mentirosos y rateros. Pero fue una vez a votar por una mujer, por la señora Isabel Miranda de Wallace. Mire, me explicó en tono molesto: en estas elecciones que siguen, votaré pero sólo por mujeres y si las hay ciudadanas, que no tengan nada qué ver con los partidos, con mayor razón. Ya los hombres tuvieron su oportunidad y mire cómo han dejado el país.
La señora era un torrente verbal, pero no dejaba de ser convincente. Tanto, que al dejar su auto, seguí pensando en el tema. Llegué a imaginar a las mujeres más poderosas en el país y descubrí que tienen pocas oportunidades de llegar a la presidencia de la república, como la taxista quería en su conversación. Las pocas que están dentro de la política, ocupan cargos menores y casi como un acto de piedad de los varones. La cuota de género la obtienen dándoles migajas a señoras que han hecho esfuerzos enormes y han sido, además, afortunadas.
Las fotografías de grupos de “servidores públicos” muestran a muchos señores y muy escaseas mujeres. Pero eso sí, en la Cámara de Diputados, en la de Senadores y en cualquier otro recinto parlamentario están a fuerza, son incómodas, ocupan las peores posiciones y para colmo no tienen las mismas oportunidades de desarrollo salvo que sean parientas de afamados políticos. Entonces se ven más pequeñas porque con sospechosa frecuencia, son abrumadas por la personalidad del titular del cargo.
Hace muchas décadas, el presidente Adolfo López Mateos, en una aceptable gestión, buscó la manera de integrarlas a la vida política y en especial a la jurídica. Funcionó mientras él estaba en Los Pinos. Otro hombre de alto nivel, Adolfo Ruiz Cortines, recordó las luchas sufragistas de las mujeres y les concedió el voto. No fue fácil. La resistencia de viejos líderes, de militares y de políticos en general, fueron difíciles de vencer. Las mujeres son para las tareas domésticas, en especial para cuidar de los niños y por supuesto de los maridos.
Eso, por fortuna, es parte de ideas atrasadas y por completo obsoletas. Las mujeres han probado su talento en la política, aquí y en cualquier otro país. Sin embargo, no las encuentra uno gobernando. La primera mujer gobernadora, Griselda Álvarez, hoy olvidada, fue antes senadora y siempre escribió bella poesía. Ah, entonces tenía dos defectos: ser en efecto una servidora pública y amar a la literatura. Sin embargo, hizo una gestión impecable, en Colima, el estado donde trabajó, la recuerdan con respeto y hasta un museo le han edificado.
En sus memorias, publicadas por el Fondo de Cultura Económica, Griselda Álvarez narra sus pugnas con los señores que tuvieron trato con ella. Para empezar, su estado no vio con buenos ojos su triunfo. Sin embargo, su gestión fue formidable, inteligente y sensata.
Finalmente, cómo vamos a tener aspirantes mujeres, si apenas las dejan respirar, siempre en cargos de escaso desarrollo laboral. Necesitamos, y concuerdo con la señora que durante una hora de intenso tráfico me dio lecciones de género, de mayor presencia femenina en la política nacional. ¿Por qué no?.
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