Reportaje

Mención honorífica del Premio Nacional de Periodismo Gonzo 2015

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Apatzingán amarga

Por Moisés Castillo

Día 1

Hola, oficial. Para ir a Apatzingán, qué nos conviene más. ¿Pasar por Uruapan o Nueva Italia? Por donde quieran, a esos pinches Templarios ya se les arrugó. El Policía Federal retoma la charla con sus compas azules.

* * *

Es domingo y la carretera parece no tener fin. Las piernas las tengo entumidas y hasta el momento no veo presencia militar o federal. Poco a poco el sol se va apagando y la incertidumbre crece conforme se acorta la distancia para llegar a Apatzingán, el bastión más importante de los temibles Caballeros Templarios. Vuelta a la derecha y el letrero verde avisa: Lázaro Cárdenas-Zihuatanejo. Las últimas semanas en Tierra Caliente fueron explosivas: quema de autos, comercios en llamas, enfrentamientos entre delincuentes y autodefensas. Envío de fuerzas federales para controlar la espiral de violencia. Ya se ven los verdes y los azules en sus patrullas, falta poco para llegar a Nueva Italia, que fue tomada por autodefensas ciudadanas el pasado 12 de enero. Sí, a ese pueblo que a nadie le interesaba y no aparecía en el mapa. Zona templaria, donde las balas y las extorsiones construyen casas ostentosas como la de Enrique Plancarte Solís, uno de los líderes más buscados de los Templarios. El lujo incomoda, es de mal gusto entre tanta pobreza.

En el cruce de Cuatro Caminos, ruta obligada para seguir rumbo a Apatzingán, aparecen encapuchados con armas y hacen la señal de que el auto se detenga. Bajo la ventana y veo a un joven de estatura media con un pasamontañas negro. Enseña un arma tipo escuadra e inspecciona por todos lados. Los ojos de aquel hombrecito revelan que no rebasa los 15 años de edad. Pasen, bienvenidos al verdadero infierno. Mi compañero productor, no duda y acelera. Atrás quedó la barricada y las piedras. La zozobra invadió nuestros cuerpos: es la nueva enfermedad de Tierra Caliente.

 

* * *

 

El viento refresca un poco. Pasan las 10 de la noche y la estatua de Lázaro Cárdenas es testigo mudo de lo que pasa en esta ciudad que es resguardada por agentes federales y soldados. Los puestos ambulantes de discos pirata y de antojitos dominan la avenida Constitución de 1814, la principal de Apatzingán. Del otro lado de la plaza central se escucha una tambora, ahí está un grupo de  jóvenes que cantan y beben sin preocupaciones. Dos cuadras más adelante, las bocinas de una camioneta negra escupen música de banda y el dueño destapa cervezas con sus amigos, carcajean. Dicen que los fines de semana es común ver a la gente cantar y bailar por las calles. Hace un par de semanas estaban desiertas, ahora hay indicios de fiesta. Jovencitas pasean en autos buscando diversión. Termina Constitución y de regreso por la misma vía ya están los federales invitando a los chavos a quitar la música y retirarse a sus casas. Es por precaución. ¿O no?

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En las oficinas de la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción se respira tranquilidad. Afuera, el calor insoportable y la gente inexpresiva hacen pesado el ambiente. Dolor de cabeza. Desde temprano cerraron las vialidades del primer cuadro del Centro. Aseguran que el gobernador Fausto Vallejo visitará el municipio. Un señor lee el periódico y quiere platicar. Pero no sabe cómo. La gente desconfía y más de los foráneos. Termina en silencio de leer una nota y en voz alta hace un comentario. Ese a qué viene si ya no manda, nadie le hace caso. O sí. Qué bárbaro. Vengo de Tancítaro a tramitar un papel de Confirmación porque todo se tiene que hacer acá. Todos los caminos cruzan Apatzingán. Gracias a las autodefensas, decenas de familias recuperaron huertos de aguacate y limón, y otras propiedades que los Templarios les habían arrebatado. Ojea el diario local. Aquí tenemos familia y amigos, unos apoyan a los mafiosos y otros ya están hartos. Las cosas sí están fuertes, pero tengo confianza en que pronto seremos libres.

 

* * *

Algunos medios de comunicación reportan que Apatzingán restableció su normalidad. ¿A qué normalidad se refieren? El argumento es que ya la gente está en las calles, los jóvenes acuden a la escuela y los comercios abrieron. ¿Es normal caminar con miedo y cuidarse de todos? Manuel dice que es la primera vez sale de su casa desde hace 10 días. Tenía pánico de salir y encontrar algún muerto o respirar el humo de los negocios achicharrados. Todo escaseaba por esos días. Había desabasto de comida y los precios subían sin control. La gente está dividida y simpatiza con los Templarios por las buenas o las malas. Su propia familia vive esta situación espinosa. En rancherías a las afueras del municipio, en  Alcalde y en el cerro Parotas están escondidos gatilleros de los Templarios. Las autodefensas lo afirman una y otra vez, pero las autoridades muestran indiferencia. Nazario Moreno El Chayo en un tono amenazante soltó: “si quieren Apatzingán, se los dejaré hecho cenizas”.

Un rumor en esta región sólo puede ser visto como obra del diablo. La gente ve crecer el incendio y no hace nada por extinguirlo. La mafia dura hasta que el pueblo quiera. Pero el horror inmoviliza. ¿Quién no está indignado? El mensaje de la manta azul que cuelga en la Parroquia principal es elocuente. Martin Luther King toma la palabra: “no me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética. Lo que más de preocupa es el silencio de los buenos”.

 

Vivir libres o morir

Día 2

Apatzingán, Mich.- —A esos Templarios ya se los llevó la verga, el tiempo se acabó para esos culeros —escupe un joven autodefensa de Antúnez al salir de la opulenta casa Quinta Los Reinos, presunta propiedad de Luis Valencia Alzate, alias El Chuky.

* * *

El miedo y el nerviosismo guían el comportamiento de la gente de Antúnez, comunidad que pertenece al municipio de Parácuaro y que está a 25 kilómetros de Apatzingán. Caras inexpresivas que contrastan con un sol cálido, a veces asfixiante. No es para menos. Los tiros sonaban por todas partes. La madrugada del 14 de enero, elementos del Ejército apretaron el gatillo contra personas de la comunidad que rechazaban el desarme de las autodefensas. Resultado final: tres muertos. Entre las víctimas estaba un niño de 11 años. En el cielo se asomó un agujero negro.

En la pared de una farmacia están recargados varios autodefensas con pistolas y “cuernos de chivo”. Se esconden del calor que quema. Vicente quiere hablar pero no puede, son tantas cosas que quiere decir que se le enreda la lengua. Mejor vamos con los compas de las barricadas, ellos sí pueden. En el trayecto confiesa que teme por su vida, su cuerpo se retuerce nada más de pensar si contraatacan los Caballeros Templarios que huyeron rumbo a la sierra. Enseña varias casas lujosas que abandonaron los mafiosos antes de que el ejército y los federales llegaran a patrullar la zona. Paisaje de contrastes: residencias con alberca y caballerizas en medio de tanta choza.

Tres autodefensas comen, es la hora del taco. Hay carne enchilada, tortillas, arroz, verduras y refrescos. Los demás están en espera de instrucciones para realizar redadas. En total son 26 hombres que buscan ahuyentar a los “gatos” de Nazario Moreno, alias El Chayo, y Servando Gómez, alias La Tuta. Deja termino y platicamos…

Daniel es agricultor, pero en realidad se dedica a todo. Trabaja a veces como albañil y cosecha limón. Apenas tiene unos días que apoya a las autodefensas a pesar de que su familia está en contra de que las 24 horas del día cargue una metralleta. “No quieren ver a papi muerto por ahí. Es algo que no quieren. Pero como dicen, ya estamos en el barco y a darle hasta la orilla”.

Le recomiendan sus compañeros ponerse un pasamontañas, pero prefiere unos lentes oscuros y una gorra roja. Quiere que sus hijos vivan en un Antúnez limpio de Templarios y que la extorsión sea desterrada para siempre. “Este es un pueblo próspero, pero estando libre. Con los Templarios nunca habrá desarrollo. Las personas que tienen dinero son las que nos dan empleo. Si los Templarios las extorsionan ¿quién nos dará de comer? Por eso estamos aquí”.

Sin embargo, el discurso de los Caballeros Templarios presume lo contrario. En videos que circulan por YouTube, La Tuta asegura que los Caballeros no son un cártel del narcotráfico, ni mucho menos una banda criminal. “Somos una hermandad”, resume categóricamente la voz pegajosa del exprofesor de primaria.

En el grupo que se separó de la Familia Michoacana está prohibido el robo, el secuestro, el asesinato, la violación de mujeres. Todo se justifica a la sombra de Dios, ideas cristianas aderezadas con el evangelio dan como resultado un fanatismo a los actos salvajes. Porque un narco debe ser valiente y ejercer la “justicia divina”, frase que se leía en las cartulinas dejadas a un lado de los cuerpos ejecutados. “El hombre valiente no rehúye a la batalla de la vida”.

Daniel tiene 56 años y no oculta el miedo a morir. Todo es por una buena causa. La gente, comerciantes, ganaderos, agricultores ya no aguantan tanta extorsión y sangre. Gracias a las autodefensas que surgieron en la Ruana y Tepalcatepec existe el deseo de “exterminar” por completo a los Templarios.

“Hace seis años vinieron federales y soldados y no hubo solución. El único cambio está en el pueblo. El pueblo ha tomado la iniciativa de atacar a los Templarios, se han ido replegando. Queremos que cada quien se vaya a su trabajo y a sus comunidades, queremos una vida normal”.

A unos cuantos metros de distancia se encuentra un hombre enjuto con un bigote a la Zapata. Porta dos rifles y ayuda a enderezar la charla. “Nosotros queremos un Michoacán libre de Templarios”. A Daniel le preocupa la falta de dinero, su familia tiene necesidades económicas y llevar un AK-47 entre sus manos no es nada productivo.

“La gente nos apoya con lo que tiene, con comida, agua y demás víveres. Hasta donde aguantemos estaremos aquí. Si el gobierno federal nos apoya esto se termina pronto. Hay lugares donde no podemos entrar a pie a pelear con ellos, porque están en zonas poco accesibles. Nos pueden emboscar”.

El grupo de autodefensas de Antúnez no confía en las autoridades tras la balacera donde murieron tres personas. Está dispuesto a entregar las armas siempre y cuando se garantice la seguridad de la población.

“Aquí defendemos al pueblo, y el pueblo nos defiende. Creo que no nos desarmaríamos. Mientras no agarren a las cabezas grandes, nosotros no vamos a entregar las armas”.

Confiesa que era muy difícil caminar por las calles y más cuando involuntariamente pasaba frente a las residencias de los lugartenientes de los Templarios. De inmediato, agachaba la cabeza y volteaba hacia otro lado para evitar problemas o malos entendidos. “Ahora nos toca dar la cara, hay que decir quiénes somos y en qué andamos”.

—Si estuviera aquí enfrente La Tuta, ¿qué le diría?

—¡Pum! Así nomás, un balazo.

* * *

¿Qué se puede hacer con una incertidumbre que atormenta? Recuperar la cordura, imposible. La corrupción política y la extorsión de los Templarios pudrió a la sociedad. Así funciona la organización que encabeza Nazario Moreno y Servando Gómez: al puro estilo de la Camorra napolitana, con acciones que carcomen la estructura social-económica y política de una región, en este caso Michoacán. La gente paga cuota por todo, hasta por respirar. Cuidado si un padre de familia tiene hijas porque se las roban o las violan.

La ideología religiosa con escenografía de Pancho Villa, el Che Guevara, la bandera de México y San Nazario forman el producto perfecto para tratar de convencer que son un “mal necesario” y que su función es poner orden ante la presencia de Los Zetas. El Chayo o El Más Loco escribió sus textos de adoctrinamiento influenciado de un libro llamado Salvaje corazón: Descubramos el secreto del alma masculina, de John Eldredge. El evangélico estadounidense y conferencista asegura que Dios creó a los hombres violentos-aventureros y que las mujeres anhelan que se luche por ellas.

En otra base de las autodefensas de Antúnez se presentaron utensilios y documentos propiedad de los Caballeros Templarios. Ahí conozco a Juan Sin Miedo, un señor cincuentón que no deja de fumar. Llama a un par de sus muchachos y les dice “llévenlo al rancho para que vea la vida que se daban esos ojetes”. A escasos 200 metros está la entrada principal del rancho La ilusión, lugar de descanso y diversión de los mafiosos, presuntamente propiedad de Efraín Isaac Rosales, alias El Tucán.

No importa el despilfarro porque es dinero ajeno. Saben que todo se puede con el poder del plomo: está colgado en la fachada una licencia del municipio de Parácuaro que autoriza funcionar a ese lugar como salón de fiestas con venta de cerveza, vinos y licores… La vida es un after party.

—¿Qué sensación tuvo cuando vio esas casas ostentosas?

—Pues a mí me gustaría tenerlas, jeje. A quién no. Sabemos cómo eran, convivíamos de cierta manera con ellos, de aquí son los jefes. Nos invitaban a las fiestas. Muchas veces, por temor a alguna represalia, iba para que sintieran que estaba con ellos.

El buen gusto por la decoración y el arte no es una cualidad de los jefes Templarios, son buenos para vivir matando. Uno de los jóvenes dice enojado “los pinches caballos vivían mejor que nosotros, tenían hasta aire acondicionado”.

Juan Sin Miedo se pone una tela negra que le cubre la mitad del rostro moreno. Hace bromas y pide botellas de agua. Sus compas autodefensas lo miran con curiosidad a ver qué va a responder. “Ponte machín”, le gritó un chavo.

“Llegamos a este punto porque ya eran exagerados los atropellos de los Templarios. La policía no era policía, sino gente de los Caballeros. Cobraban por todo. Se metieron con los civiles y las personas que trabajan. Antes eran líos entre cárteles, pero se fueron al extremo y por eso se levantó el pueblo”.

Cuenta que la vida en Antúnez era una tragedia. Diario subían el precio de los productos básicos. La gente pagaba la tortilla muy cara y ellos sólo cobraban. Si los comerciantes no obedecían sus cabezas rodaban afuera de sus casas. Las protestas que se veían en las carreteras impidiendo el arribo de las autodefensas a los pueblos controlados por los Templarios eran financiadas o forzadas por ellos mismos.

Pero aún no has visto nada. Llévenlo a la casa de El Chuky (alias del capo Luis Valencia Alzate). La puerta de acero fue parcialmente dañada por los militares tras ingresar a la propiedad llamada Quinta Las Reinas. No podrían faltar las caballerizas confortables. Al fondo se encuentra un espacio techado para bailar y guardar los autos. A un costado, se levanta un lugar exclusivo de juegos para los niños, claro, con chapoteadero incluido. En la parte central está una cancha de voleibol de playa, arena suave, como talco. Lo demás ya no sorprende, salvo un cuadro kitsch de un caballo colgado en la habitación principal. El glamour no está presente. Todo se llevaron, escaparon. En la cocina veo un librito negro que dice con letras doradas Glenmorangie 18 years old, whisky escocés que tiene un valor de mil 500 pesos. Salgo por la puerta trasera y veo un tendedero con calzones y playeras de la casa vecina. Perra vida.

Qué te pareció, está mejor ¿no? Todas las propiedades que se adueñaron los Templarios se regresarán ante la presencia de los medios, para que haya transparencia. Algunos autodefensas señalan que las residencias suntuosas se venderán para que el dinero se use para la construcción de alguna escuela o clínica de salud.

—¿Por qué cree que algunas personas apoyan e ingresan a las filas de los Caballeros Templarios?

—Las tienen espantadas, amenazadas. Un muchacho de aquí tenía 180 chivos y se los robaron. Meten mano donde hay. La gente está esperando impaciente a las autodefensas para que tomen más pueblos y pongan orden. Se habla de que se los van a llevar forzados a pelear y lo están haciendo. Es difícil estar bajo amenaza.

¿La lucha va para largo?

—El terreno es grande para cubrirlo, lo fuerte de ellos era esta área. Se espera que las autodefensas avancen más pronto, viene lo fuerte. En Apatzingán están los meros jefes. La guerra no es para que sólo nuestro pueblo esté limpio, sino todo el estado.

Juan Sin Miedo piensa que morir combatiendo a los Templarios es mejor que vivir amarrado. Advierte que el pueblo de Antúnez dejará las armas hasta que se agarre al último Caballero. Que se rindan.

 

* * *

Nueva Italia fue tomado por las autodefensas el pasado 12 de enero. Ese pueblo era controlado por Enrique El Kike Plancarte Solís, uno de los líderes de los Caballeros Templarios. Aquí sí hubo resistencia de los narcos, horas de balazos y gritos desesperados. A pesar de la “legalización” de las autodefensas y la firma de ocho puntos para su “institucionalización”, los civiles armados entraron al municipio de Los Reyes y están por controlar Uruapan. Además surgió otro grupo en Yurécuaro, en los límites de Michoacán y Jalisco. Está claro que el desarme no será prioridad hasta que existan garantías mínimas de seguridad en las comunidades. Es decir, tienen que caer los fundadores de los Templarios.

Mientras se habla del riesgo de legalizar a las autodefensas, del estado de derecho, del rescate de lo público, de detenciones, del voto de confianza, de guerra civil, de geopolítica, de “normalización de lo normal” y otros términos académicos que usan los “opinadores” de la prensa para hablar de la realidad nacional, Mateo come cacahuates en la barricada donde finaliza el “ejido más grande de México”.

Está las 24 horas vigilando que los Templarios no regresen o intenten una emboscada. No tiene cabeza para nada, sólo espera cazarlos. Todos los momentos son difíciles, extraña a su familia.

“Aquí pasamos todo el día, desde que empezó esto no he visto a mi esposa ni a mis hijos, pa’ donde voy. Me acerco a mi casa y que tal si nos desarma el gobierno y para no arriesgarnos mejor nos quedamos”.

Mateo prefiere ser detenido a que le quiten su arma, así corre menos riesgo de que lo maten. Él es campesino y es normal que la gente de campo use rifles para cazar un tlacuache, tejón, conejo, venado para comer. No hay mayor explicación sobre el origen del armamento. Lo que sí sabe es que en Nueva Italia la gente se cansó de pagar cuotas a los Templarios.

“Nos estaban cobrando un peso por cada kilo de limón. Si el kilo estaba a siete pesos, al vendedor le quitaban un peso porque de ahí tenía que pagar su cuota. A los panaderos, a todo tipo de vendedores se les cobraba, farmacias, tiendas, abarrotes, a todos”.

¿Qué le dice su familia?

—Qué quiere que me diga, que nos vayamos, pero no podemos. Tenemos que echarle ganas, ojalá se termine esto. No tenemos idea cuándo, para que le miento. Esperemos que sea pronto, aquí dormimos, comemos y nos bañamos en el canal.

—¿Existe un apoyo real de la gente?

—La gente nos apoya bastante, otra sigue con temor. Muchos estamos aquí también con algo de miedo, pero qué más podemos hacer, tenemos que luchar para que se termine la injusticia.

¿Qué se dice de los Caballeros Templarios?

Nueva Italia era de ellos al 100 por ciento. Dicen que están escondidos los grupillos en la sierra, que van a llegar, pero hasta hoy no se han arrimado gracias a Dios.

—¿Por qué cree que mucha gente los respalda?

—Pienso que es por la cuestión económica, ¿no? La falta de trabajo, pero quieren irse a la fácil, no quieren trabajar.

¿Extraña su vida cotidiana?

—Trabajaba a gusto, conmigo afortunadamente no se metieron pero con personas cercanas, amigos, sí. Ellos cobran a las asociaciones de limones, a las empacadoras. Me dedico a sembrar maíz, a ordeñar mis dos vaquitas, a sembrar mis limones.

¿Cree que funcione la nueva estrategia federal?

—Queremos paz y tranquilidad, vivir libres, sin temor y amenazas. Con el apoyo del gobierno y del pueblo estaremos mejor.

Entre la confianza y las balas

Día 3

 

Tepalcatepec, Mich.- El policía federal se encuentra inmóvil. Botas bien boleadas, arma colgada al hombro y mirada fija. ¿Todo bien? Sí, todo tranquilo. Pero ya sabes que cuando hay calma se viene lo peor.

El orgullo de Arturo Barragán

El pasado 27 de enero se firmó la legalización de las autodefensas. Las autoridades federales y estatales repitieron que se les diera “un voto de confianza” para recobrar el orden en Michoacán. Dicen que cuando se reitera tantas veces una frase estamos frente a una mentira. Por eso en Tepalcatepec confían en el gobierno de Enrique Peña Nieto, sin fiarse. Confiar en todos y no confiar en nadie, es la nueva creencia del pueblo que desafió a los temibles Caballeros Templarios hace casi un año.

A pesar de que las autodefensas han registrado sus armas, aún no las entregan. Siguen tomando otros pueblos de Tierra Caliente. El objetivo es claro: controlar Apatzingán, bastión de la mafia michoacana. Ya lo advirtió el vicario de esa ciudad, Gregorio López: “Aquí el dios es El Chayo, el que manda y decide es él. Con mucha tristeza lo decimos. Hasta se hizo santo y se mandó a hacer imágenes para que lo gente lo adorara”.

Arturo Barragán, coordinador de las autodefensas de Tepalcatepec, baja de una impresionante camioneta negra tipo monster truck. Lleva un celular sofisticado, un radiotransmisor y un pequeño bolso de piel donde guarda su arma. Los azules y los militares patrullan la comunidad de forma discreta. El movimiento acordó que ningún autodefensa dejaría a la vista su respectivo armamento como señal de respeto a la autoridad y para que la gente entienda que ahora ellos son los que hacen justicia. Pero a Arturo sí le queda claro que la confianza se puede agotar.

“La confianza es a corto plazo. Nosotros casi cumplimos un año en este movimiento y hemos recuperado mucho terreno que tenían los Templarios. El movimiento es el pueblo, no son tres personas. Si vemos que no hay resultados en poco tiempo, pues no va a quedar de otra que seguir en la misma sintonía.”

El municipio de Tepalcatepec se sitúa en los límites de Michoacán, es vecino de Jalisco. Es una comunidad dedicada principalmente a la ganadería y minería. El líder de las autodefensas José Manuel Mireles denunció a mediados del año pasado que la Minera del Norte financiaba a los Caballeros Templarios. Pagaba protección: 2 dólares por tonelada de mineral extraído en la zona. A la semana se extraían alrededor de 10 mil toneladas.

Arturo es transportista de carga de mineral y pagaba cuota de siete mil pesos a la semana. A los ganaderos les exigían 700 o mil pesos por res, cada animal cuesta en el mercado 8 mil pesos. Si la gente tenía autos o cualquier pertenencia valiosa era sinónimo de extorsión. Cobraban todo, hasta para ir al baño. El problema detonó cuando los Caballeros se metieron directamente con las familias.

“Estamos en focos rojos, estamos más tranquilos en varios municipios gracias a las autodefensas. Somos noticia porque el gobierno nunca puso orden. Nunca puso el dedo y ahora sí. Nos tuvimos que defender. Es como si alguien llega a tu casa y te quita tus cosas, pues no lo vas a permitir.”

El momento más difícil para las autodefensas fue cuando se levantaron en armas, el 24 de febrero de 2013. Un día antes, Enrique Plancarte Solís, líder de los Templarios, caminaba relajado por el centro de Tepalcatepec con sus guardias que alardeaban con los cuernos de chivo. El miedo provocó que los ciudadanos agarraran valor y tomaran las armas. Todo era un secreto a voces. Arturo no dudó en aceptar la invitación porque ya no quería vivir silenciado, algo se había roto dentro de él.

“Esto tiene casi 12 años. Empezaron a imponer cuotas: primero los Zetas, luego La Familia Michoacana, ahora los Caballeros Templarios. El Chayo se hizo socio con la Tuta y comenzaron a convencer a la gente de que los iban a cuidar, a dar protección de los maleantes, cuando la única protección debe ser la del gobierno.”

Arturo está orgulloso por lo que ha logrado el movimiento de autodefensas: limpiar Tepalcatepec de la mafia michoacana. Dice que el próximo 24 habrá fiesta para celebrar un hecho inédito que le ha costado estar lejos de su familia y dejar suspendida su vida cotidiana. Él y sus compas no pueden salir de este pueblo colorido porque sus vidas están en riesgo. Ir a Apatzingán sería una locura, a pesar de que es una ciudad importante para la vida económica y social de Tierra Caliente.

Niega cualquier acusación de nexos con otro cártel de la droga o financiamiento privado. Los rifles los desempolvaron de los armarios y las armas de grueso calibre en su poder fueron decomisadas a los Templarios. Es la única explicación.

“En primer lugar si sacamos cuentas de lo que nos quitaban, no ocupamos ni una tercera parte del dinero. Estamos por propia voluntad, nadie nos financia. Las mismas personas nos ayudan. Lo que nos quitaban era muchísimo. A su gente le pagan del dinero de nosotros. Según las nóminas que tenemos a un puntero le pagaban tres mil pesos, hay otros sueldos de ocho mil y hasta 12 mil pesos.”

Arturo pone un plazo de tres meses para que termine el conflicto. Si el gobierno pone el 100 por ciento de su parte en coordinación con la ciudadanía, no duda de que desterrarán de Michoacán a Los Caballeros Templarios. Arturo está demasiado cansado para creer en la verdad oficial, no quiere que lo duerman.

El campesino Vicente

Vicente presume el cuerno de chivo que confiscaron a los Caballeros Templarios. Los mafiosos huyeron y dejaron tres AK-47, un R-15 y una Mini-14. El rancho La Huerta está a 10 minutos de Apatzingán, es un pueblo diminuto donde vivían los delincuentes y que se encuentra parcialmente dividido. Muchas familias por convicción o por miedo apoyan a ese cártel. Pero guardan silencio porque es la mejor forma de que el tiempo pase.

Otros habitantes de La Huerta, como Vicente, prefieren tomar las armas para estar libres de extorsiones y actos violentos. Él tiene 24 años y es campesino. Siembra arroz, sorgo, mango y limón. Los Caballeros dictaban qué días se trabajaba la tierra o hasta nuevo aviso. Si la orden no era cumplida propinaban golpizas o simplemente mataban.

Mientras platico con varios autodefensas, en su mayoría jóvenes, un grupo pequeño de señoras ofrece comida y bebidas. Los camiones de transporte público se detienen en la barricada para revisiones de rutina. No pueden dormir por las amenazas y rumores de que los Templarios vendrán a matarlos. No hay descanso en este lugar apartado de todo.

“Creo que todos tenemos miedo, pero estamos peleando para no vivir arrodillados.”

Aquí las autodefensas ven con alivio la entrada de militares y federales a Apatzingán, pero advierten que no dejarán las armas hasta que capturen a los cabecillas. Esperan que el apoyo siga y no sea un acto mediático. La gente está enfadada de tanta injusticia. Por eso, poco a poco el pueblo está jalando parejo y se convence más de que la única forma de vivir sin temor es expulsar a los Caballeros.

“Ellos aquí andan rondando, están cerquita. Todo lo que pasó en Apatzingán, los autos y negocios quemados fue autoría de ellos porque saben que los están golpeando. Nosotros estamos en riesgo, pero hay que seguirle. Quiero ser libre y trabajar. Antes el pueblo estaba a las órdenes de ellos.”

El teatro

La institucionalización de las autodefensas es puro teatro, nadie se va a desarmar, declaró José Manuel Mireles, el llamado líder de las autodefensas de Tepalcatepec, al diario El País.

“En Michoacán no necesitamos teatros para que se recupere la paz, necesitamos hechos reales, como la intervención en el puerto de Lázaro Cárdenas, eso sí nos dejó asombrados.”

Mientras el presidente Enrique Peña Nieto anunciaba una inversión anual para Michoacán de 45 mil millones de pesos, los autodefensas de La Huerta decomisaban una casa con alberca de un jefe Templario, El Monster. El jefe de la zona mejor huyó ante la presencia de los azules.

Ramón no estaba tan convencido del movimiento de las autodefensas, hasta que llegó Estanislao Beltrás, Papá Pitufo, y explicó que las armas eran para terminar con la corrupción y extorsiones de los Caballeros. Pensaba que detrás del movimiento estaba otro cártel del narcotráfico, “esto nada más es un cambio de nombre”.

La injusticia contra su familia fue más poderosa que sus dudas. Sus padres cuentan con tierras de cultivo y ganado, pero eran explotadas por los mafiosos que exigían cuota por cada caja de fruta y las reses se tenían que vender más baratas a una persona que imponían.

“Estamos cansados de tantas injusticias en contra de la sociedad. Lo que está pasando nos perjudica en el rancho. Por eso decidí apoyar, por mi familia, dije ‘pues vamos a echarle ganas’. Ahorita no estoy trabajando, estoy apoyando al 100 por ciento a los compañeros.”

Ramón tiene 43 años y es soldador. Tiene miedo de alguna represalia en contra de su esposa e hijos. Mañana tiene que bajar a Apatzingán a pagar la colegiatura de la prepa del mayor y no se quita la paranoia de encima. Las noches son largas cuando le toca estar de guardia en las barricadas. Fuma y toma café para no quedarse dormido. Hace más de un mes el rancho sufría desabasto de alimentos, las familias tuvieron que hacer compras de pánico para sobrevivir unos días. La incertidumbre provocó que la gente no saliera de sus casas.

“Cuando se va uniendo la gente todo es fácil. Estas armas son de los Templarios, ya no oponen resistencia. Esto se va a resolver pronto, una vez tomando Apatzingán, ya la hicimos, es lo único que les queda.”

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