Resultados, no retórica

Teodoro Barajas Rodríguez

Ante la evidente erosión de la clase política, en términos generales, se empoderó otro paradigma de participación política que ha sido visto como una bocanada de aire nuevo, el de las candidaturas independientes, aunque habría que señalar que hasta el momento son una incógnita en casos específicos como en Nuevo León, Jalisco, Sinaloa y la ciudad de Morelia.

Es prácticamente imposible hablar de una extracción químicamente pura de Jaime Rodríguez, el Bronco, y o de Alfonso Martínez Alcázar. El norteño militó más de tres décadas en el PRI, durante ese lapso ocupó cargos públicos y no se percató de la mácula del tricolor, posteriormente rompió con esa organización para llegar a la gubernatura de una entidad próspera.

Alfonso Martínez Alcázar tiene un gobierno en el que figuran panistas, pues de hecho el alcalde moreliano ahí tiene su procedencia. En ambos casos aún es temprano emitir un juicio de valor, aunque ninguno de los citados gobiernos son panacea, en todo caso aún les alcanza el beneficio de la duda.

Seguramente se habrá de multiplicar el efecto de las candidaturas independientes en próximos procesos electorales, algunos procederán de partidos políticos tradicionales, el poder es El Dorado que busca, afanosa, la condición humana desde tiempos inmemoriales.

Al final del día los partidos han dejado, en gran medida, sus motivos fundacionales, su declaración de principios o sus otrora clásicos catecismos doctrinarios para hacer las veces de franquicias pragmáticas con una finalidad concreta que se reduce a la búsqueda de poder por poder. No se matiza la influencia maquiavélica que justifica dobleces en aras de preservar al poder.

El Bronco asumió el gobierno de Nuevo León, individuo omnipresente en las redes sociales, su actitud desenfadada tendrá que llegar a término pues el discurso irreverente no siempre aplica, se le exigirán resultados, no retórica; la buena marcha de una administración no se mide jamás a través de cuántos chistes o bravuconadas se expresan, como si se tratase de un divertimento; esta novedosa práctica terminará por volverse irrelevante y cansina.

Los gobiernos trabajan las expectativas, posicionan su energía para renovar la esperanza pero en más de un caso motivaron un mayor desencanto porque las promesas se quedaron en eso, no se convirtieron en realidades tangibles.

Vicente Fox se vendió como un candidato atractivo, irreverente, populachero, distante de la ortodoxia típica de la derecha mexicana a la que pertenecía; al final del día todo eso no fue más que un montaje, la inercia del antiguo régimen marcó la pauta, no hubo cambios estructurales sólo cambio en la gerencia.

El Bronco parece seguir los pasos de Fox, señaló recién que ser independiente es “a toda madre porque no tenemos peso político atrás”, no ha entregado un verdadero plan de trabajo, ser contestatario desde el gobierno no puede durar para siempre porque la demanda ciudadana, los problemas cotidianos y todo lo que se enlista como pendiente en una administración pública terminarán por abrumarlo.