Al que alza la voz, le va mal
Moisés Castillo, enviado
Qué más puedo pedir
Tixtla, Gro.- Dicen que la ausencia es el peor de todos los males. Y desde hace más de un año, Érica de la Cruz Pascual reza todas las tardes, en un pequeño altar instalado en la casa de sus suegros, para que regrese Adán Abraján de la Cruz, normalista desaparecido en Iguala. Ritual: la mirada clavada en la foto de Adán como si estuvieran platicando en silencio. La fe de volverlo a ver. Allison y José Ángel, sus hijos, son la única fortaleza que tiene para sobrevivir a una realidad amarga.
“No, mamita, no estés triste, mi papá va a venir. Cuando esté más grande lo voy a buscar”, escucha la vocecita del niño de ocho años.
No hay nada que le ayude a sentir el paso del tiempo. La mente de Érica vaga sólo por años felices, hasta el momento en que conoció a Adán en la preparatoria Emiliano Zapata núm. 29 de Tixtla. Cursaban el primer año y sus miradas se cruzaron en una cancha de futbol. Ambos jugaban en la posición de defensa por derecha, aguerridos y con un buen disparo de larga distancia. Ella le va a Cruz Azul y él a Pumas. Érica todavía practica ese deporte a pesar de las diversas actividades que tiene con el movimiento de padres de familia de los 43 normalistas.
“Desde que lo vi me gustó mucho, incluso él es más chico que yo. En ese momento tenía 18 años y Adán 15. En la misma prepa me dijo todo, que si quería ser su novia y le dije que sí. Duramos un año y luego nos juntamos”, recuerda con nostalgia Érica mientras le prepara el desayuno a su pequeña.
El último día que vio a Adán fue el jueves 25 de septiembre de 2014. Escuchó cómo abrió la puerta y el sonido que producían “los tacos” de futbol cuando bajaba la escalera de cemento. Terminó de jugar en un campito que está cerca del barrio del Fortín y aprovechó para visitar a su familia. Tenía dos meses sin ver a sus chiquillos y a su esposa, porque los tiempos del internado de Ayotzinapa son estrictos, más para los alumnos de nuevo ingreso.
—Chaparro, te extrañamos mucho.
—Yo también. A mis amigos les platico que tengo a mi esposa y dos hijos. ¿Qué más le puedo pedir a la vida?
Nos duelen las mentiras del gobierno
En la noche trágica de Iguala, las balas caían como lluvia. Adán Abraján de la Cruz hizo un par de llamadas: explicó a uno de sus primos, que se encontraba en la Normal Raúl Isidro Burgos, que la situación estaba aumentando de tono y pidió refuerzos de compañeros; después a su cuñado le confesó que los policías municipales los estaban baleando. Adán se escuchaba muy agitado, como si hubiera corrido una carrera de 100 metros. Horas más tarde algo emergió cuyo nombre solamente puede ser terror.
Desde que el entonces procurador Jesús Murillo Karam aseguró que los normalistas fueron calcinados en el basurero municipal de Cocula, Érica está convencida de que su esposo está vivo y quizá se encuentre en algún cuartel militar.
“No es cierto que los hayan quemado, porque días después del 26 marqué el número telefónico de Adán y entraba la llamada. Tenía una grabación que decía «hola» y se escuchaba. Cuando presentó Murillo la «verdad histórica» dijo que fueron calcinados junto con sus pertenencias, pero el celular funcionaba.”
La gente tiene miedo
¿Cómo ha cambiado tu vida a poco más de un año de la desaparición de Adán?
Pensamos mucho en él. Sabemos que sí los tienen. Esto nos ha marcado mucho como familia. Allison, la pequeña, me pregunta cada día más por su papá, que cuándo va a regresar. José Ángel sabe que los policías se llevaron a su papá. Ahora los niños son más listos que uno y hay que explicarles todo. Platico con ellos, a veces lo mezclo con un juego, porque directamente es muy duro. José Ángel ha bajado en sus calificaciones, a veces se la pasa llorando todo el día, pregunta por su “papito”. Le explico que por eso estamos luchando, para que su papá regrese. Incluso le gusta ir a las marchas, es un niño al que le gusta gritar “para que me escuche el gobierno y me entregue a mi papito”.
¿La gente de Tixtla es indiferente?
La gente no es indiferente, creo que tiene miedo. Al que alza la voz, le va mal. De Tixtla son 14 muchachos y tenemos que realizar actividades que no le agradan a la gente, porque dicen “voy a llegar tarde a mi trabajo porque están bloqueando”. Pero simplemente nos manifestamos y somos libres de hacerlo, así lo estipula la Constitución. Nosotros no pedimos estar aquí, pero necesitamos seguir luchando. El foco rojo ya está entre nosotros, hay muertos y levantones, no sólo en Acapulco y Chilpancingo. La tensión sí está presente.
Callado, serio y reservado
¿Cómo recuerdas a Adán?
Él es muy callado, muy serio y reservado. Le gusta divertirse, pero es alguien tranquilo. Le gusta la música, las canciones románticas, los corridos. Uno de sus grupos favoritos es Calibre 50, ahí tengo unas canciones guardadas. Conservo todas sus cosas y su guitarra. Su sueño es ser profesor, ir a lugares retirados, porque se necesitan maestros que vayan a lugares como la Montaña.
¿Y esta piñata del Subcomandante Marcos?
Es una especie de superhéroe para José Ángel. Lo vio en documentales que trajo mi suegro de Chiapas. Sabemos que los zapatistas son libres, se autogobiernan y son autónomos. Mi hijo dice “así andamos, mamá”, se espejea en eso, ve cómo luchan los indígenas. Me platica que si su papito no regresa quiere seguir estudiando para ser profesor o luchador social.
Luego del informe de los expertos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, ¿qué es lo que sigue para los familiares de los normalistas?
Lo que esperamos es que se haga justicia por los caídos, heridos y desaparecidos. Que este caso no quede impune porque —ni Dios lo quiera— al gobierno le va a seguir gustando desaparecer, matar y herir a gente inocente. Nosotros queremos que se haga justicia, por eso están los expertos. No queremos otros expertos, porque al gobierno no le conviene la labor de la comisión humanitaria. Ya no queremos mentiras históricas. Como le dijimos a Enrique Peña Nieto: queremos en la cárcel a Murillo Karam y a todos los actores intelectuales. Siempre estuvieron diciendo que fueron quemados y no es cierto.
Cada vez que escuchamos “que ya se calmen, porque fueron cremados”, nos duele mucho, es una más de las mentiras del gobierno. Y eso la gente no lo entiende o no quiere hacerlo. Salió el docudrama La noche de Iguala y es otro golpe contra nosotros, porque ése no es el final, hay muchas líneas de investigación que están aún pendientes.
No puedo pensar en mi futuro
¿En estos momentos estás trabajando o cómo mantienes a tus hijos? ¿Tienes algún plan para el futuro?
Ahorita no trabajo, estoy ocupada en cosas del hogar y mis suegros están en actividad. Las organizaciones sociales nos apoyan económicamente, aunque sea 100 pesos a la semana nos están dando, eso nos ayuda mucho. No podemos trabajar porque hay muchas actividades que nos toca hacer en el movimiento. Tenemos que seguir adelante a pesar de las necesidades financieras.
No se puede pensar en el futuro, porque esta situación te obliga a estar día a día, reaccionas conforme a lo que vas viviendo. Sólo pienso que algún día estaremos todos juntos. A veces es malo planear las cosas, es malo adelantarse a los hechos, porque Adán y yo nos íbamos a casar en diciembre de 2014, y ya no pudimos.
Ahora no puedo pensar en mi futuro. Es importante que la gente se entere y sepa que los padres de familia seguimos unidos, esto no se acaba. Si el gobierno le apostó al desgaste, le podemos decir que no le vaya apostando a eso, porque estamos más unidos que nunca. Espero que toda la gente que duda de nuestra lucha que se decida a unirse con nosotros para cambiar a México.

