Por primera vez en la historia de México un niño de ocho años, cuyos padres aseguran que su verdadera identidad es femenina, será reconocido genéricamente y podrá cambiar su acta de nacimiento en la que quedará asentado su nuevo nombre.
En el nombre del respeto al derecho de la identidad de género, a los derechos de la infancia y a un trato igualitario, la solicitud de la pequeña presentada vía sus tutores legales, fue aprobada por el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la ciudad de México, el que dio sustento final a la determinación del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal.
Anteceden en los argumentos que abanderan los padres, la difícil situación que ha vivido la pequeña, víctima de buylling, maltrato, discriminación, agresiones y otras muchas formas de violencia emocional.
Tras casi dos años de lucha, finalmente los papás de esta pequeña lograron su pretensión de conseguir una nueva identidad jurídica para su hija, la cual es distinta al sexo biológico con el que nació.
Es muy probable que, como afirma el Copred, dicha decisión marcará un hit en la historia de nuestro país, y quizás hasta pueda considerarse un “avance importante en la construcción del respeto al derecho a la identidad de género y a los derechos de la infancia en la Ciudad de México”, como pretenciosamente afirma la dependencia defeña. Al menos en la teoría, así será.
Pero, ¿hasta dónde es razonable emitir este tipo de juicios y determinaciones cuando se habla de una personita que aún no ha alcanzado el mínimo grado de madurez física, emocional e intelectual?
En el caso de esta pequeña pareciera que todo el proceso al que en un dado momento tiene derecho, comenzó al revés.
El cambio de identidad debiera ser, a mi juicio, el último escaño a superar.
Al menos así lo indican las grandes historias -exitosas-, de personas que han marcado tendencias con decisiones tan importantes como ésta.
Cuando hay un verdadero convencimiento de que la persona no es feliz con el sexo con el que nació y hay posibilidad de marcar un cambio, debe de iniciarse con el proceso de transformación, de transgénero. El cambio no es fácil, por ello es difícil tomar la decisión, y también, por ello, la necesidad de que todo un equipo de profesionistas y especialistas tomen parte en el mismo, y ayuden al interesado en el tránsito hacia su nueva vida.
Eso no quiere decir que los padres sean malos o estén actuando egoístamente. Tanto ellos como el Tribunal del Juicio Oral en Materia Familiar, afirman que actuaron pensando en el interés superior de la niña.
Y nadie mejor que los propios progenitores de la pequeña para saber cuándo y cuánto ha sufrido ella a lo largo de los distintos episodios de discriminación y violencia que ha protagonizado, y la impotencia de los padres al ver sufrir a su niña.
Empero, científicamente está demostrado que el ser humano nace sin criterio, es un ente inmaduro, sin valores ni moral y que es su propia evolución la que va marcando esa madurez necesaria para tomar una decisión así de importante: cambiar tu identidad biológica por otra contraria a la tuya.
Ella tiene todo el derecho a decidir libremente su vida, pero ella; permitir que los padres determinen cómo debe vivir, es algo delicado y grave, no hablamos de una vacuna o un corte de pelo. Es su vida entera.
