El fanatismo
[gdlr_dropcap type=”circle” color=”#f9f9f9″ background=”#555555″]L[/gdlr_dropcap]a enésima página de horror se ha escrito, de nueva cuenta el terrorismo retornó aunque más bien nunca se había marchado, París ardió tras los ataques con todos los efectos y consecuencias que ello implica.
Oriente contra Occidente, el fanatismo como combustible y los dogmas convertidos en armas. Nada justifica el terrorismo, tiene una mala sombra que deriva de las tinieblas más cavernarias de la cobardía, gente inocente resulta arrebatada porque sus vidas no están blindadas.
Dos días después, el gobierno de Francia atacó Siria en los bastiones del Estado Islámico, violencia como respuesta que parece la guerra de todos contra todos en el más silvestre de los estados humanos. Previsible la reacción francesa tras los atentados que cimbraron a la comunidad internacional. De nuevo el terrorismo reflejando lo único que hace, escombros de vida que se convierten en muerte.
El presidente francés, François Hollande, calificó los hechos como un “horror”, los voceros internacionales expresaron el respaldo al país atacado, en las calles de París se podía respirar la psicosis, el temor galopaba. El acto había sido consumado.
El hombre es lobo del hombre planteó, hace siglos, Thomas Hobbes, y lo cierto es que continúa el homo sapiens como el depredador de su propia especie; la ideología, la religión, el capital y otros motivos son la fuente de división.
Los grupos radicales del Islam sólo aceptan su verdad a la luz de los dogmas de su fe, el pensamiento único como divisa, violencia en nombre de un dios que, de acuerdo a sus seguidores, es tan humano que puede forjar odio y aniquilación.
Desde la Edad Media ya se podían narrar encarnizadas luchas Oriente-Occidente en aquellos episodios sangrientos conocidos como Las Cruzadas; en esos trances combatieron católicos y musulmanes con el frenesí derivado de sus posturas marcadas ambas por el signo del fanatismo. Los ejércitos europeos fueron a Jerusalén “porque Dios lo pide”, según el papa de aquellos tiempos. Las Cruzadas no marcarían un claro vencedor, perdieron todos.
Francia ha legado aportes definitivos a la humanidad. El Estado moderno deriva directamente de las ideas surgidas durante la Revolución Francesa de 1789, ahí se promulgó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.
El terrorismo tiene un origen tan oscuro como reprochable porque no hay fin que lo justifique, es una mala sombra que produce muerte y pena.
El Estado Islámico anunció más embates contra ciudades occidentales, la paranoia puede desatarse como también los ataques letales, el mundo impregnado por las manchas del odio en un camino que parece conducir al denominado “estado de naturaleza”.
En los últimos tiempos el terrorismo se ha desatado, el número de víctimas es creciente, parece que no hay antídoto que controle ese virus expansivo que siembra caos en la aldea global, mientras se invoca a dios como argumento y la destrucción es el producto final.
