El diálogo se agotó
Un episodio de esa naturaleza como el ocurrido recientemente en París parecía prácticamente imposible, nos dejó conmocionados, por decir lo menos, era increíble, hasta que, de súbito, la noticia nos paralizó del impacto que sufrimos. Las imágenes desgarradoras, los actos violentos matando a gente inocente, en su mayoría jóvenes, son incomprensibles, sólo pueden venir de mentes desquiciadas por el odio, provocando tristeza, rencor, coraje, desaliento y solidaridad. Compartimos las palabras del papa Francisco: no existe argumento ni ideológico, ni religioso que pueda justificar esas masacres.
En un país como el nuestro, que cotidianamente enfrentamos episodios de violencia, asesinatos, ejecuciones cruentas, secuestros y balaceras, aun con todo eso, nos resulta imposible asimilar los dramas, no acabamos de entender como en un mundo donde se impulsa el respeto a los derechos humanos existen aún obstinaciones que desembocan lapidando cruelmente nuestros más elementales valores, eso visto desde cualquier ángulo, es imperdonable.
Seguramente a estas alturas aún no se comprenda en su dimensión los efectos ocasionados por los ataques terroristas, sin embargo, se deben destacar dos cuestiones relevantes: en principio, la actitud asumida por el jefe de gobierno francés François Hollande, quien tuvo una rápida reacción, dio un mensaje a la nación gala y prácticamente al mundo entero, convocó de inmediato a sus ministros, cerró fronteras, propuso el estado de emergencia y acudió a las zonas donde ocurrieron los hechos.
Por otra parte, la Ciudad Luz, como la bautizó Víctor Hugo, tiene un simbolismo especial en el planeta, por muchas razones se ha encontrado en el centro de grandes acontecimientos, por lo tanto, podríamos señalar que los efectos producidos no solamente iban dirigidos a un país específico, sino que la pretensión de los ataques, al igual que los de Nueva York en su momento, consistían en rebasar fronteras, lo que sin duda ha ocurrido.
Ahora este parte aguas, evidentemente obliga a replantear y transformar la seguridad y el orden mundial. Las reacciones no se harán esperar, las calculadas estrategias se han activado, el inicio de una nueva etapa con desenlaces inesperados se encuentra con la puerta abierta, las fichas del ajedrez se están moviendo, las alertas y los rumores están al orden del día.
El riesgo latente de que los grupos extremistas continúen por ese sendero es alto, al igual de otros que aprovechando la actual situación opten por sacar raja de los momentos actuales.
La situación que prevalece es por demás compleja, sin embargo, se augura que las respuestas serán contundentes, sin ambages, dudas o reticencias. El diálogo hace tiempo se agotó, las explicaciones salen sobrando y las acciones han sido insuficientes, el camino está en evitar a toda costa que vuelvan a ocurrir los hechos de París, en el entendido de que todos somos París.
