La mano que mece la cuna
Guerra sucia es aquella aciaga etapa de la vida nacional en la que el gobierno federal se dio a la tarea de exterminar a los grupos subversivos y otros opositores políticos a través del grupo represor conocido como la Brigada Blanca, cuya base de operaciones fue el Campo Militar número Uno. Tal como consta en la recomendación 26/2001 de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, en ese sitio se llevaron a cabo en forma sistemática actos de torturas, desapariciones forzadas y ejecuciones sumarias.
Guerra sucia es también una técnica de difusión de información distorsionada o pervertida al amparo de un plan estratégico de manejo de medios, con el propósito de desprestigiar o enlodar la imagen de una persona para exponerla al escarnio público. Igualmente se le conoce como linchamiento mediático, expresión que se debe a Charles Lynch, juez estadounidense del siglo XVIII que acostumbraba dictar condenas de muerte sin cumplir las formalidades del debido proceso.
El linchamiento mediático posee una lógica contundente: los ataques, los insultos y las estrategias de manipulación colectiva sobrevienen cuando existe una dispraxia, una incapacidad para construir, exponer lógicamente, debatir y defender persuasivamente ante un auditorio universal, observando las reglas inherentes a la democracia deliberativa, las razones o argumentos que explican y justifican la no aceptación de una cierta postura. Quienes utilizan este nefasto recurso se ven obligados a mentir a diestra y siniestra y buscan a toda costa exacerbar el dark side, el lado oscuro de la condición humana al que se refirió el psicólogo suizo Carl Gustav Jung.
El Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes de la Comisión Interamericana, cuyo mandato fue extendido hasta el 30 de abril del 2016, derrumbó la verdad histórica apuntalada por la PGR, obligó al replanteamiento de la investigación y continúa exigiendo que se le permita entrevistarse con los miembros del batallón de Iguala. La respuesta a esas acciones ha sido la puesta en marcha de una embestida cibernética en contra de sus integrantes.
La jurista guatemalteca Claudia Paz es el foco mayor de esa maniobra de origen aparentemente gubernamental pues se le acusa de estar a favor del terrorismo, lo que después de los trágicos sucesos de París resulta extremadamente delicado. Dada la ausencia de pruebas, sin duda se trata de infundios urdidos con el fin de desacreditar a una brillante doctora en Derecho y una valiente defensora de derechos humanos, quien hizo historia al haber sido la primera mujer en ocupar el cargo de fiscal general de su país, sitial desde el cual llevó ante la justicia al expresidente Efraín Ríos Montt por el presunto genocidio perpetrado en contra de la etnia de los ixiles.
Veritas semper loquitur (la verdad siempre habla). Pese a los sabotajes y la guerra sucia mediática, así habrá de suceder en relación con la barbarie cometida en contra de los muchachos de Ayotzinapa. Eso lo deberían saber los dueños de la mano que está meciendo la cuna.
