AMLO, Sicilia y Calderón
Apenas iniciada la semana en curso, los mexicanos hemos vuelto a contemplar pasmados una lamentable impronta: los personajes que se autonombran defensores del pueblo, contestatarios de los políticos corruptos o críticos del régimen, y ahora líderes nacionales de partidos políticos como el de Morena, acuden al doble discurso para tratar de enmascarar su doble moral.
El estrenado líder nacional de Morena, el incorregible Andrés Manuel López Obrador inició en su natal Tabasco una campaña para restablecer la energía eléctrica a casas que se la hubiera suspendido la CFE por falta de pago.
La nota respectiva a ese anuncio de AMLO fue difundida con profusión por varios medios de comunicación e ilustrada con una fotografía de la flotilla de camionetas destinadas a cumplir la amenaza de rebelarse a las decisiones legales de la CFE en razón al incumplimiento de pago de usuarios o de tomas clandestinas de la energía.
Y la amenaza se cumplió sólo por un día.
Apenas 24 horas más tarde el tabasqueño reculó y anunció la suspensión de la subversiva, desestabilizadora y muy mal recibida “estrategia política de confrontación a la mafia del poder”.
Uno se pregunta: ¿pensará López Obrador que con esos actos llenos de un populismo campechano se ganará la confianza de los mexicanos para superar el 7% de votación que obtuvo en junio pasado?
Las encuestas publicadas por diarios nacionales en el curso de la semana ubican al tabasqueño con números por debajo de otros aspirantes presidenciales, tanto del PRI como del mismo PAN.
Y por muy manipulados que pudieran estar esos sondeos, los mexicanos, que estamos pendientes de que el terrorismo global no nos tome como tránsito para llegar a Estados Unidos, utilizando por ejemplo la inocencia en materia de seguridad del padre Solalinde y sus albergues del camino, el destino electoral de los políticos que aspiran a la Presidencia de la República es lo que por el momento no representa prioridad alguna para los mexicanos.
Los precandidatos pueden sudar sus calenturas en la inconciencia de que la amenaza del terrorismo global tiene paralizada hoy a Bélgica y con el turismo derrumbado en Francia, que México está blindado de ello simplemente por nuestra condición guadalupana.
¿Especialmente López Obrador pensará que está ganando terreno en la aceptación de los electores nacionales con sus apariciones populistas?
Una respuesta sensata sería que por esa vía AMLO por supuesto que no está generando confianza en una sociedad harta del doble discurso de algunos sectores del oficialismo gobernante, una actitud reprobable de quienes ahora ejercen el poder, ciertamente, y que le sirve de base al discurso crítico del tabasqueño contra lo que llama, con certera mercadotecnia, la mafia del poder.
Pero ese discurso se contradice con la arenga populista de López Obrador en Villahermosa y se convierte entonces en un doble discurso.
Un doble discurso que refleja, por más que se quiera enmascarar, también una doble moral.
Por otra parte la verdad me pasma la ligereza con la que un “líder moral de México” como el que cree ser Javier Sicilia, un poeta desconocido que tomó notoriedad a raíz de la lamentablemente muerte de su hijo en la vorágine de la violencia desatada por Calderón, se sacude una gravísima acusación de fraude: Sicilia, junto con el rector de la Universidad de Morelos, Raúl Vera, son investigados por la Auditoría Superior de la Federación por haber malversado cerca de 400 millones de pesos que, no sé la verdad por qué vía o mecanismo, hace casi medio año les entregó la Sedesol.
Javier Sicilia no ha dado la explicación que un caso de deshonestidad de esa magnitud exige.
Si el pillo que manipuló los 400 millones de pesos fue el rector Raúl Vera, es necesario que el redentor Sicilia lo denuncie. De otra suerte, su disimulo se convierte en este caso en inmediata complicidad.
¡Pobre país!
Sumido en la corrupción galopante de algunos sectores de gobernantes de todo nivel, el federal en sonados casos, los estatales como los ejemplos de los impresentables gobernadores Roberto Borge de Quintana Roo, Arturo Núñez de Tabasco o Rafael Moreno Valle de Puebla; Javier Duarte de Veracruz.
O alcaldes de municipios pequeños o los ya convertidos en grandes concentraciones urbanas como las próximas pasadas autoridades de Guadalajara o algunas comunas de Michoacán o Baja California Sur, hacen que México padezca a una caterva de “salvadores” del talante de los Calderón, López Obrador, Javier Sicilia, personajes llenos de una soberbia que ponen nuestro futuro en la orilla del precipicio.
Y en el colmo de la apuesta al olvido, ahora el inefable expresidente Felipe Calderón reaparece como promotor de la nueva moral del panismo impulsando la candidatura presidencial de su esposa Margarita Zavala.
Los dichos del “vocero” Calderón dañan a la señora Zavala sin duda.
La guerra de Calderón y García Luna fue un negocio. Y no es bandera que pueda levantar la precandidata Margarita Zavala.
Y ante estos pavorosos casos de cinismo político, de un doble discurso ofensivo para una sociedad agraviada en sus convicciones y afectada en su seguridad y en su economía por los políticos deshonestos y consecuentemente por los poseedores de una doble moral como la del religioso pillo que es Javier Sicilia la pregunta obligada es: ¿Las autoridades competentes seguirán permitiendo violaciones a la ley como el caso del reto de AMLO a la CFE, las trapacería de Javier Sicilia y Raúl Vera, el rector de la universidad morelense y la apuesta al olvido de Felipe Calderón?
Si la respuesta es afirmativa, no cabe de otra para los inermes mexicanos que pedir que Dios nos agarre confesados.
