Al menos eso es lo que las declaraciones del nuevo Secretario de Desarrollo Social, José Antonio Meade, ha dejado entrever cuando, recientemente, visitó la misma entidad y declaró que en Michoacán se había acentuado la pobreza y que a las cifras de población en pobreza, se habían sumado otros 220 mil michoacanos, casi los mismos que presumió en su momento doña Chayito.
Evidentemente, el excanciller no se detuvo a pensar que con sus declaraciones no sólo ponía en entredicho la capacidad y los resultados de su antecesora en la Secretaría de Desarrollo Social, sino que también ponía el dedo en la estrategia federal más relevante que en cuanto a combate de la pobreza ha abanderado el actual gobierno de la República.
Al menos ese fue el discurso que presumió Robles Berlanga invariablemente durante su estancia y etapa de transición al nuevo cargo en la Sedatu, “en cuanto al desarrollo social, estamos cumpliendo lo que nos planteó el Presidente…”
Y sus declaraciones se referían no sólo a Michoacán, sino en todo el país, quien juró y perjuró que durante su paso por la dependencia “los más pobres de este país incrementaron sus ingresos, y, sobre todo, fueron protegidos con la Cruzada contra el Hambre”.
Hoy todo parece indicar que lo que se dijo entonces, no era cierto; eso, o en el transcurso de poco menos de tres meses, la pobreza renació en el país con la salida de la exdirigenta nacional del Partido de la Revolución Democrática de la Sedesol.
Recientemente, hacía yo señalamientos en cómo en el último cuarto de siglo, la pobreza en América Latina se redujo, en términos generales, en un 20 por ciento; y que la indigencia bajó en diez puntos porcentuales.
En los últimos años, sin embargo, México, Venezuela y Argentina, le llevaron la contra a las estadísticas de la Cepal, el mismo organismo que, por cierto, fue el primero en darle al traste a estadísticas de doña Chayito.
Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, las cifras registradas hasta hace dos años, indicaban que un total de 165 millones de personas de América Latina vivían en pobreza y de ellas, 69 millones lo hacían en condiciones de indigencia.
En México, la pobreza y la indigencia crecieron a una tasa anual de 0.4 por ciento entre 2012 y 2014 y la estadística se manifiesta en cifras igual de preocupantes para el presente año, a pesar del trabajo que, aseguran, hicieron las dependencias federales.
Por lo pronto en Michoacán, los muy pobres que ya no eran tan pobres con Rosario Robles, volvieron a ser extremadamente pobres con José Antonio Meade Kuribreña.
