En el vuelo de regreso de su viaje a África, el Papa Francisco respondió a la pregunta sobre si cambiaría la postura sobre el uso del condón dado el contagio galopante del virus del Sida. Su respuesta se ha prestado a diversas interpretaciones; aquí quiero ofrecer mi somero análisis. La respuesta de Francisco no fue un sí o un no, sino ofrecer un marco de reflexión más amplio para situar el asunto:

La pregunta me parece demasiado corta. Me parece también una pregunta parcial. La moral de la Iglesia se encuentra en este punto, creo, frente a una perplejidad: ¿el quinto o el sexto mandamiento? ¿Defender la vida o defender que las relaciones sexuales estén abiertas a la vida? Ese no es el problema. El problema es mayor.

Esta pregunta me hace pensar en aquella que le hicieron a Jesús una vez: “Dime, maestro, es lícito curar en el Sabbat?”. ¡Es obligatorio curar! En esta pregunta, sí es lícito sanar, pero la desnutrición, la explotación de personas, el trabajo esclavo, la falta de agua potable, estos son los problemas. No nos preguntemos si se puede usar una gasa o no para esa herida. El gran problema es la injusticia social, la injusticia del medio ambiente.

No quiero entrar en reflexiones tan casuísticas cuando la gente está muriendo por falta de agua, de pan, de hábitat. ¿Por qué se siguen fabricando armas y traficando con ellas?, las guerras son el motivo de mortalidad más grande. Diría que es mejor no pensar si es lícito o no es lícito curar en el Sabbat. Le digo a la humanidad: hagamos la justicia, y cuando todos estemos curados, cuando no haya injusticia en el mundo, podremos hablar del Sabbat (yo subrayo).

El tema no es banal, pero sí la pregunta que se queda corta ante la gravedad de la situación. Francisco abre la perspectiva y descoloca a quien cuestiona para obligarnos a ahondar en su pregunta. Lo hace a la manera del Jesús de los evangelios, y no según la racionalidad occidental.

En primer lugar acepta que la moral de la Iglesia se encuentra ante un dilema, pero luego va más lejos y retoma la pregunta que los fariseos —defensores acérrimos de la estricta observancia de la Ley— le hacen a Jesús para ponerlo a prueba (Lc 14, 1-16) pues él curaba durante el Sabbat, lo que la Ley prohibía terminantemente. Jesús antepone la importancia del ser humano sobre la Ley (“El Sabbat es para el hombre, y no el hombre para el Sabbat”, Mc 2, 27). Lo mismo hace Francisco, quien también es puesto a prueba. Y señala, según la perspectiva de los profetas, que los verdaderos y graves problemas son las injusticias que se cometen contra el ser humano y el medio ambiente en esta sociedad, por eso la pregunta está fuera de lugar. Francisco resitúa el enfoque y dice “Diría que es mejor no pensar si es lícito o no es lícito curar en el Sabbat”. Es decir, ante el bien del hombre no puede aplicar una Ley que vaya en contra de él.

Interpreto que la prohibición de usar el condón equivale a la de curar en el Sabbat, y por ende ahora no aplica, aunque no quiere decir que por ello Francisco opte entre el 5to mandamiento (“no matarás”, que aplicaría a la Iglesia en su rechazo del condón aun cuando el virus mate) y el 6to (“no cometerás actos impuros”, en relación con la altura espiritual que en el catolicismo se concede a la unión sexual). Simplemente en este momento hay problemas más radicales por los que luchar, los de la justicia; mientras tanto, hay que actuar por el bien del ser humano aun en contra de la Ley.

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