Los tiempos corren y se acerca la fecha
Los tiempos corren y se acerca la fecha en que el papa Francisco realizará su primera visita a México, prevista del 12 al 17 de febrero de 2016, según han informado los medios de comunicación.
Las expectativas que ha generado el anuncio del periplo de Jorge Bergoglio por tierras mexicanas son inmensas y han despertado todo género de inquietudes y especulaciones sobre los asuntos que podrían ser de su interés, más allá de su anunciado perfil y contenido pastorales.
Las ciudades que serán visitadas por el sucesor de Pedro dan una idea de su voluntad de acercarse a locaciones que son emblemáticas para el país y los diversos retos que afronta. En primer lugar, sobresale la visita a la Ciudad de México, no sólo por su relevancia histórica sino por ser la cuna del milagro del Tepeyac.
Como se recordará, su predecesor en el trono pontificio, Benedicto XVI, nunca visitó la capital del país en virtud de que su reinado se propuso, entre otras prioridades, recuperar la centralidad devocionaria de Cristo y, por ende, “bajarle el tono” al culto mariano impulsado por Juan Pablo II.
De su agenda en la antigua Tenochtitlan, llama poderosamente la atención la reunión que se espera sostenga con diez mil jóvenes en el Auditorio Nacional. A su manera, sería un ensayo mexicano de la Jornada Mundial de la Juventud, cuya próxima edición tendrá lugar en Cracovia, Polonia, precisamente en el XXX aniversario de que el papa Wojtyla las instituyó en la Iglesia.
Para un papa revolucionario como Francisco, es probable que el mensaje gire alrededor del papel de las nuevas generaciones en la recuperación de valores originarios y del apostolado comprometido con los que menos tienen. Habrá que ver.
Por otro lado, la misa que oficiará en Ecatepec, uno de los primeros asientos del cristianismo en territorio continental del Nuevo Mundo, seguramente será emblemática para la Iglesia y también para México, porque ahí fue sacrificado el sacerdote José María Morelos y Pavón, en un intento vano por contener entonces la libertad en ciernes.
Bergoglio estará también en Chiapas, donde es de esperar pronunciamientos que apuntalen la necesaria reconciliación en ese sureño estado entre grupos cuyas orientaciones religiosas los han llevado a polarizar ánimos, como ocurrió en San Juan Chamula a finales del siglo pasado.
También es previsible que la presencia de Francisco ofrezca una clara señal de su deseo de que clero, fieles y laicos abracen, tal y como él lo pregona, la opción preferencial por los pobres y, de esta manera, abandonen prácticas que vinculan a la religión con la política, en detrimento del interés de las comunidades indígenas que radican en las montañas del sureste mexicano.
No hay duda de que para el Papa esta visita a territorio chiapaneco será trascendente y le ofrecerá la posibilidad de enviar un mensaje sustantivo a todos los pueblos indígenas de América, con especial énfasis en aquellos que viven en condiciones de marginación y pobreza.
El papa argentino tiene contemplado en su itinerario detenerse en Michoacán. En esas entrañables tierras, que han sido tan sacudidas por la violencia, Francisco tendrá una oportunidad dorada para referirse a la labor que están llamados a desempeñar todos los sectores de la sociedad mexicana para fortalecer el tejido social. Qué bueno que esto ocurra en Morelia, la antigua Valladolid, en donde otro sacerdote, comprometido plenamente con el pueblo y sus derechos, inició la lucha por la independencia nacional.
Este viaje papal concluirá en Ciudad Juárez, en los linderos de la patria. En ese terruño, donde Francisco I. Madero consolidó su liderazgo revolucionario, la agenda de posibles temas se antoja vasta y compleja.
Destacan, entre otros capítulos, los de las mujeres de Juárez, con su secuela de luto; la migración y los diversos asuntos que la acompañan, y el muro que divide a una frontera que los mexicanos insistimos en identificar como punto de convergencia y oportunidad, para dos países que han probado ser amigos y socios.
Cierto, el viaje de Francisco seguramente volcará al pueblo a las calles y, como ha sucedido en ocasiones previas, las fiestas en su honor indicarán a tan distinguido visitante el cariño y respeto que se le tiene en esta geografía, donde hace ya casi cinco siglos chocaron brutalmente dos culturas para iniciar el largo y promisorio camino de la construcción de México. Quedan en el tintero otras materias de índole religiosa, pero que tienen implicaciones para la política interna del país. En vísperas del Jubileo de la Misericordia, que con tesón impulsa Bergoglio, hay tela de dónde cortar en asuntos como los de salud reproductiva y derechos de la comunidad LGTB.
Enhorabuena por lo que este viaje pueda significar para todos, más allá de contenidos religiosos y políticos. Los hombres de buena voluntad, como sucede en el caso de Francisco, siempre han sido recibidos con los brazos abiertos, y esta no será la excepción.
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