Imperfección de los intereses creados

Alfredo Ríos Camarena

Durante varios meses he insistido en que la reforma política del Distrito Federal debe desembocar en la erección de un nuevo estado, que goce, a plenitud, de la soberanía que nuestra Carta Magna otorga a los estados de la federación.

Al respecto, en la revista Siempre! publiqué un artículo el 24 de agosto de 2013 intitulado “Una Constitución para el DF”, señalando que el Distrito Federal debería convertirse en un estado libre y soberano de la Unión, como lo establece el artículo 44 de nuestra Constitución federal, con su propia Constitución local emanada de un Constituyente, para darle independencia económica y política y pueda participar en las reformas constitucionales como los demás estados.

El 4 de octubre de 2014, en el artículo “El DF debería ser un estado” hice una crítica a la iniciativa del senador Mario Delgado, quien propuso “la Constitución de una ciudad capital y no de un estado”, donde el jefe de Gobierno tuviera la facultad de enviar el proyecto de Constitución a la Asamblea Constituyente, sin señalar quién convocaría a dicha asamblea.

El 9 de mayo de 2015 en el artículo “Gatopardismo constitucional”, comenté que el dictamen aprobado por el Senado de la Republica y enviado como minuta a la Cámara de Diputados tenía algunos avances, pero también huecos, ya que se otorgan facultades a la Asamblea Legislativa para ratificar reformas y adiciones a la Constitución federal, la creación de demarcaciones territoriales con alcaldías y consejos, pero sin patrimonio propio ni personalidad jurídica

Señalé, además, que se retrocede en la tendencia contemporánea de descentralizar a la administración pública, pues el gobierno del Distrito Federal seguirá siendo centralista, manipulador del dinero y el poder, sin una nueva estructura para el Metro o para la Seduvi, donde se ha producido la mayor corrupción por las obras y permisos absurdos del uso de suelo; y finalmente se ratifica que el jefe de Gobierno envíe la iniciativa de Constitución y sea recibida por los diputados constituyentes, de los cuales 28 tendrán doble cachucha.

Es decir, constituyentes un día y legisladores federales al otro, además de la designación de seis diputados por parte del ejecutivo federal y seis por parte del jefe de Gobierno, es decir, 40 serán designados y 60 mediante representación proporcional.

Esta minuta sorprendentemente ha sido aprobada en días pasados por la Comisión de Puntos Constitucionales de la Cámara de Diputados, y seguramente será aprobada por el pleno de la misma y ratificada por los Congresos locales, por ser una reforma constitucional.

Sin embargo, las condiciones políticas para la elección de los 60 diputados electos de representación proporcional, ha cambiado radicalmente con la presencia de Morena, que habrá de reflejarse en los comicios de junio de 2016, como lo propone la minuta.

La reforma política del Distrito Federal siempre la hemos considerado como un hecho trascendente e importante, pero la correlación de fuerzas políticas no ha permitido una técnica constitucional adecuada, de tal suerte que el resultado no va a satisfacer las aspiraciones de los ciudadanos de la Ciudad de México, pues quedara incompleta y probablemente ineficaz al no haberse erigido un nuevo estado, con todas las competencias y facultades que la Carta Magna otorga.

El resultado de la aprobación de esta minuta sigue estando vinculado a las reparticiones de cuotas y cuates, a las que ya nos tiene acostumbrados el Congreso, como lo mencionamos en el otorgamiento de la medalla Belisario Domínguez, o bien, en el nombramiento del fiscal de la Fepade, donde seguramente todos conocían el origen perredista del fiscal Santiago Nieto; otra moneda de cambio sin duda será la trasformación de Pensionissste.

Una vez más avanzamos en las reformas, pero con la imperfección de los intereses creados.