Art. 39 de la Constitución Mexicana: la soberanía reside en el pueblo.

En 2014, Raúl Vera, obispo de Coahuila, envió una invitación a los ciudadanos para realizar un taller encaminado a pensar juntos cómo llevar a cabo una nueva Constituyente para México. Ese mismo año, el taller se llevó a cabo en el centro histórico del Distrito Federal. Actualmente, la iniciativa, no partidista ni sectarista, tiene presencia en la mayor parte de los Estados del país.

El 6 de diciembre del año en curso, la Constituyente se presentó en San Cristóbal de las Casas, Chiapas; lugar emblemático para Monseñor Vera, pues él fue obispo auxiliar en esta diócesis cuando se encontraba a su cabeza Monseñor Samuel Ruiz. Ambos compartían el espíritu de apertura a la participación real y activa de los grupos indígenas en la Iglesia, lo que llevó a la ordenación diaconal permanente de cientos de indios, con el consentimiento de sus esposas, un hecho de empoderamiento inusitado en el mundo católico mexicano.

Por otra parte, San Cristóbal de las Casas es un símbolo para todos los que buscan una sociedad justa, pues ahí tuvo lugar la insurrección del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) con la que diversos grupos indígenas de la región mostraron su repudio a la situación en la que se les obligaba a malvivir, lo que dio pie al Movimiento Zapatista al que muchos pueblos se adhirieron logrando una real y autónoma autogestión, otra manifestación de efectivo empoderamiento indígena.

La presentación en la Catedral de la diócesis contó con la presencia de miles de personas que desbordaron la plaza. Bajo el leitmotiv de “Hoy es un día memorable” (https://www.youtube.com/watch?v=XkcRObDsYpQ), las alocuciones tomaron posición en contra del sistema neoliberal destructor, en contra de las reformas a la Constitución realizadas en este sexenio sin consulta popular, en particular el artículo Tercero sobre reforma educativa; se mencionó el clima de violencia que se sufre en contra de mujeres y ciudadanos en general; se recordó a los 43 normalistas desaparecidos y a los periodistas asesinados, a los niños de la Guardería ABC y las diversas masacres recientes. Se rechazaron los megaproyectos, entre ellos los de la minería y los agroquímicos, así como el asistencialismo gubernamental. Se mencionó la negativa constante del gobierno para reconocer “Los acuerdos de San Andrés”.

El deseo que se declaró “es el de convertirnos en sujetos de nuestra vida y de nuestra historia” mediante la unión, más allá de grupos sectarios, para llevar una lucha común y evitar la atomización a la que lleva el sistema capitalista. También se insistió en que la solución debe construirse desde abajo, con la unión y colaboración de todos como pueblo organizado, por lo que se convocó a los integrantes del Ejército y de las policías para que estén conscientes de que son pueblo y de que deben servir al pueblo.

El llamado se hizo a toda la sociedad, indígena y mestizos, campesinos, obreros, profesionistas, empresarios, académicos… con el fin de organizar un gran diálogo nacional en el que se establezcan las bases de un pacto social para construir un nuevo orden social, “más justo entre personas y más armonioso con la madre Tierra”.

Si las utopías no existen, el movimiento hacia ellas es lo que permite acercarnos lo más posible a nuestra humanización, esa es la meta de la Constituyente Ciudadana y Popular (http://constituyenteciudadana.org/de-donde-viene-la-constituyente-ciudadana/).

Además, opino que se respeten los Acuerdos de San Andrés, que se respete la Ley de Víctimas, que se investigue seriamente el caso de Ayotzinapa, que el pueblo trabajemos por un Nuevo Constituyente, que Aristegui y su equipo recuperen su espacio radiofónico.