Esta forma imaginada que cristaliza en un reloj de arena, es la imagen que acude a mi mente tras la lectura meditada del libro Permutaciones (RIA-BUAP-AMEICAH, 2015).
Fruto de un torrente de lecturas orgánicamente engarzadas, regidas por la égida del azar necesario, estos poemas constituyen una apuesta hacia una nueva categoría poética: la eternidad del instante fugitivo, el aura evanescente de la huella. Y viene a mi memoria la imagen mística de aquellos ángeles que viven sólo el tiempo necesario para cantar ante Dios su himno de alabanza.
“Cifra de la inmortalidad, Permutaciones parte de la poética cabalística, sus poemas palindrómicos no son simple juego vacío de palabras: nacen del Vacío creador, Vacío originador del mundo, del Sonido del Origen. La imagen del sonido es el sonido de la Imagen”, dice en su prólogo el Dr. Francisco Ramírez Santacruz.
Calificar la poesía de Víctor Toledo como cabalística me parece una visión parcial. Sin embargo, los vínculos entre cábala y poesía se dan en el sentido de su búsqueda del conocimiento a través de la palabra como unidad significante, y sus vínculos ocultos con el lenguaje como sistema que lee y codifica el mundo.
Siguiendo a Roman Jakobson, sabemos que la poesía se construye al proyectar el eje paradigmático (semántico) sobre el eje sintagmático (sintaxis, orden gramatical del discurso). Es así como se crea esa relación indisoluble entre fondo y forma, cuando el mensaje encarna en el poema. Pero existen poetas, que, no conformes con esa virtud, convocan al prodigio; subvierten la progresión lineal del discurso y logran revelar el sentido múltiple y paradógico cifrado en cada verso. Tal es el caso del autor de Permutaciones.
La cábala no es literatura, pero los palíndromos de Víctor Toledo en este libro, Permutaciones, compendian un universo de referencias literarias, su combinatoria lingüística nace de un extrañamiento radical ante el lenguaje, actitud epistémica propia del poeta, que se rebela frente al acuerdo unívoco que cancela las fugas. Si la poesía es búsqueda sin concesiones, tiene que indagar, a la manera de Borges, en la infinita biblioteca que es la cultura universal y su contexto histórico.
Se trata de un enfoque sincrónico de la realidad, entendida como una estructura coherente y dinámica, cuyas leyes no existen a priori, sino que se generan en un continuo proceso de autopoiesis. Así cada sonido, cada vibración y cada instante son una tomografía sincrónica que contiene íntegra a la totalidad, aunque cifrada. Desde esta perspectiva, los límites ente filosofía y creación literaria tienden a desdibujarse.
Si pensamos en el sonido como la vibración original del universo, entonces el fiat lux bíblico cobra sentido y el verbo se convierte en el primer acontecimiento. Como poeta yo he pensado muchas veces en el sonido del Big Bang, cuyo eco cósmico resuena en el cerebro del poeta en una imagen que codifica al universo entero.
Respecto a las coordenadas que definen a un poeta como Víctor Toledo, su ubicación en un contexto generacional me parece difícil. Sin embargo, sabemos que existen afinidades electivas que van configurando el espíritu del tiempo en un periodo determinado.
Pienso que en los poetas nacidos después de 1950 está presente, aunque deconstruida, la huella de los Contemporáneos. Me refiero a la actitud que privilegia el nombrar y al virtuosismo que se alcanza en la expresión de imágenes.
Víctor Toledo, como muchos de nosotros, ha transitado por este ámbito, mas la propuesta de Permutaciones es distinta; en esta tentativa minimalista y exigente se busca la clave universal a través del lenguaje, del mismo modo en que los cabalistas indagaban incansables, en la combinatoria de caracteres, el nombre oculto de Dios.
Víctor Toledo es un poeta sui generis. El poder irrenunciable de su vocación lo ha llevado literalmente muy lejos, hasta la entonces Unión Soviética, donde se convirtió en especialista de la poesía rusa, la cual ya circula en su propia sangre.
Él es un ser autónomo que vive como poeta, una demostración de que se puede optar por apartarse del rebaño, para después, generosamente, entregar y compartir manjares cocinados con el fuego de Prometeo.
Me atrevo a vaticinar que Permutaciones es un atisbo de caminos ignotos donde la aventura verbal y existencial de Toledo se ha adentrado definitivamente.
