Como ya dijimos en este mismo espacio, la colección de fotos de Carlos Monsiváis se calcula en unas 22 mil o quizás 25 mil fotos. Al enorme número se suman los gustos muy particulares y con frecuencia francamente heterodoxos del escritor. El curador de la muestra es Alfonso Morales, quien contó con la valiosa cooperación de Mauricio Parra, diseñador y compañero sentimental de Beatriz Sánchez Monsiváis, prima del célebre cronista.
Cono es sabido, en la colección de El Estanquillo existen fotos de los consagrados, de Tina Modotti, de Manuel Álvarez Bravo o Nacho López, pero en esta ocasión Alfonso Morales prefirió, como sabrá quién siga leyendo, una exposición, como todo lo de Monsiváis, muy sui géneris.
La fotografía, como el cine, nacieron no como formas artísticas, sino para dejar constancia, una forma palpable del yo lo vi. Por eso, aunque eso forma parte también de la historia de la pintura, una de sus primeras funciones fue la de tomar la foto de los muertos, sobre todo los héroes, pero tal vez con más frecuencia de los niños. Así, la exposición tiene un gran apartado en el que vemos a Zapata, asesinado o niños en su ataúd. Una forma de conservar un rostro y un gesto para la historia, pero igualmente un consuelo de que lo fugaz permanezca.
Hay una foto en que, vaya usted a saber cómo, hicieron caber a todo el gabinete de Lázaro Cárdenas. Una imagen que incluso hoy, con todos los adelantos tecnológicos, sorprende. Está, claro, la famosa foto de Villa y Zapata en Palacio Nacional y hay fotos de Obregón y Calles que evocan La sombra del Caudillo, en que estos personajes históricos se convierten en personajes de la novela, una de las preferidas de Monsiváis.
Un lugar de la muestra está destinado a mostrar cómo Monsiváis no sólo hacía uso de la palabra, sino se valía de las fotos en sus textos. Se muestran unas páginas de la revista Siempre, en la que al cumplirse 50 años de la publicación, Monsiváis eligió un conjunto de fotos que ahora son a su vez fotografiadas, para mostrar su uso en el suplemento La cultura en México.
Hay fotografías coloreadas muy al gusto de otros tiempos y que el cronista recuperó con entusiasmo. Hay fotos de artistas, varias de Jorge Negrete, de Pedro Armendáriz en la película de Juan Charrasqueado y una de mi tío Pedro Galindo vestido de charro. Hay una foto de la legendaria Lupe Vélez que la muestra en su esplendor.
Hay una especie de lugar confinado en que hay lo que voy a decir enseguida. Entre sus obsesiones, como lo calificó Alfonso Morales durante la visita guiada en la noche de la inauguración, estaba la de coleccionar las fotos que los artistas dedicaron a Othón Vélez, padre, director artístico de la estación de radio XEW. “la voz de la América latina desde México”. Ahí está Agustín Lara y boleristas como Elvira Ríos. Sin embargo, dos fotos predominan, una muestra el despacho de Emilio Azcárraga Vidaurreta y otra, el de Othón Velez, ambas oficinas tienen una galería de fotos y Monsiváis se dio a la tarea, digna de Hércules, de coleccionar esas fotos en particular y el visitante puede ver las fotos de las oficinas en fotos enmarcadas en la exposición. Una verdadera tour de force.
