La central nuclear Vladímir Ilich Lenin a 18 km de la ciudad de Prypiat, hoy Ucrania, vivió la peor catástrofe nuclear-ambiental del siglo XX. El sábado 26 de abril de 1986 al realizar una supuesta prueba de corte del suministro eléctrico inesperadamente en el reactor número 4 vino un sobrecalentamiento que avivó la explosión de hidrógeno acumulado en su interior, deseaban comprobar si la energía de las turbinas podía generar suficiente electricidad para las bombas de refrigeración en caso de fallas. Materiales radioactivos a gran escala: dióxido de uranio, carburo de boro, circonio, óxido de europio, erbio, grafito fue 500 veces mayor que la bomba atómica arrojada en Hiroshima en 1945. El gobierno, en aquel momento Unión Soviética alertó una alarma internacional, “se registraron niveles altos de radiación en Polonia, Alemania, Austria, Rumania; el 30 de abril en Suiza y el norte de Italia, el 1 y 2 de mayo en Francia, Bélgica, Países Bajos, Gran Bretaña y norte de Grecia; el 13 de mayo Israel, Kuwait, Turquía”.
Se acordonó un perímetro aproximado de 30 km de radio de la central nuclear conocida zona de alineación aún vigente, fueron requeridos 600 mil liquidadores y parte de éstos sólo una minoría se vieron expuestos a altos índices de radioactividad al iniciar el proceso de descontaminación, contención y mitigación de la zona.
Voces de Chernóbil Crónica del futuro de la periodista bielorrusa Svetlana Alexiévich nos comparte los testimonios más inclementes del fatídico 26 de abril de 1986 para conmemorar el vigésimo aniversario de la desventura, define Alexiévich: “No es un libro sobre Chernóbil sino sobre el mundo de Chernóbil (…) Describo y colecciono la cotidianeidad de las emociones, los pensamientos, las palabras. Intento atrapar la vida del alma. (…) La noche del 26 de abril de 1986… En una noche nos trasladamos a otro lugar en la historia. Saltamos a una nueva realidad, fuera del alcance no sólo de nuestros conocimientos, sino también de nuestra imaginación”.
Escribe una nueva condición del hombre, mujer, niño, niña, anciana, anciano todos los que estuvieron en aquel lugar marcado por la tragedia, hoy en parte rechazados por el resto de la sociedad y, que no caben en el pensamiento lógico de los demás.
“El «Arca» se convertirá en una instalación sin precedentes en la historia de la humanidad. En primer lugar, sorprenden sus proporciones. Su doble cobertura alcanzará los 1,509 metros de altura. Y por su estética se asemejará a la torre Eiffel…”.
Alexiévich escucha a esas personas afectadas, la escriba da voz a sus protagonistas en los capítulos escritos en disposición de monólogos, deja que dichos acontecimientos, todavía a flor de piel revivan y hablen por sí mismos como leemos el Monólogo acerca de toda una vida escrita en las puertas, un ciudadano común de Prípiat: “Nuestra puerta… ¡Aquella puerta era nuestro talismán! Una reliquia familiar./ Sobre esta puerta velamos a mi padre. No sé según qué costumbre, no en todas partes lo hacen, pero entre nosotros, como me dijo mi madre, hay que acostar al difunto sobre la puerta de su casa. Lo velan sobre ella, hasta que traen el ataúd”.
La autora traduce las vivencias humanas tan duras, conmovedoras de la ciudad Prípiat. Ellos, los sobrevivientes, dan su testimonio a la escriba que siempre se mantiene en el libro bajo la sombra para transbordar a una segunda escritura que conlleva al raciocinio más puro de ellos mismos; le piden que apunte “mi hija se llamaba Katia… Katiusha. Y que murió a los siete años” NIKOLÁI FÓMICH KALUGUIN, padre: “La acostamos sobre la puerta. Encima de la puerta sobre la que un día reposó mi padre. Hasta que trajeron un pequeño ataúd. Pequeño, como la caja de una muñeca grande. Como una caja…”.
Svetlana Alexiévich en Voces de Chernóbil escribe el principio de la calamidad y de los responsables de dicha explosión, los familiares, los soldados, liquidadores, bomberos, campesinos, científicos, periodistas y fotógrafos muertos a consecuencia de la radiación. Veamos en Monólogo acerca del poder ilimitado de unos hombres sobre otros, un breve fragmento: “Pero en ningún caso surge la reacción de alegrarse ante la nueva posibilidad: he escapado del infierno, tengo una casa, una tierra sin contaminar y tengo que salvar a mis hijos, unos niños que llevan Chernóbil en la sangre, en los genes”.
Por otro lado, meses posteriores 600 mil personas recibieron radiación por los trabajos de descontaminación al accidente, 5 millones de personas vivieron en áreas contaminadas y 4 millones en otras áreas gravemente contaminadas. El nuevo mensaje, es decir, un micro-mundo interior adentro de la actual Ucrania. “Somos Chernóbil” “Yo soy un hombre de Chernóbil”, Alexiévich concibe una nueva aptitud del hombre. En el Monólogo acerca de que el ruso siempre quiere creer en algo, explica el historiador Alexandr Revalski: “¿Qué hace falta? Dar respuesta a la siguiente pregunta: ¿La nación rusa será capaz de realizar una revisión de toda su historia de manera tan global como resultaron capaces de llevar a cabo los japoneses después de la Segunda Guerra Mundial? O los alemanes. ¿Tendremos el suficiente valor intelectual? Sobre esto casi no se habla. Se habla del mercado, de los cupones de la privatización, de cheques… Una vez más, nos dedicamos a sobrevivir./ Toda nuestra energía se consume en esto. Pero el alma se deja a un lado./ De nuevo el hombre está solo”.
