El silencio de los cuerpos 

 

 

Pese a que la reciente literatura mexicana tiende a ser tan gráfica como la nota roja, muy poco o nada se ha escrito sobre los llamados feminicidios, tema mucho más abordado en cine. Dudo —o me niego a creer— que se deba a una falta de interés en el tema. Se trata, creo, de exceso de prudencia para con los deudos de las innumerables víctimas, acaso confusión respecto al término, como se ha visto en su equívoco tratamiento jurídico y periodístico.

Los relatos reunidos en la antología El silencio de los cuerpos. Relatos sobre feminicidios, con prólogo de Sergio González Rodríguez (autor del reportaje Huesos en el desierto) abordan asuntos relacionados con feminicidios, en todo el rigor del término: “neologismo creado a través del vocablo inglés feminicide y se refiere al asesinato de mujeres por razones de género”.

Son nueve las autoras antologadas, casi todas muy jóvenes: Cristina Rivera Garza, Raquel Castro, Gabriela Damián Miravete, Iris García Cuevas, Susana Iglesias, Abril Posas, Ivonne Reyes Chiquete. Y entre todas logran un muy creativo mural del tema que va desde el “realismo sucio” de Susana Iglesias, hasta la ciencia ficción, caso del extraordinario relato de Gabriela Damián Miravate, “Soñarán en el jardín”, donde las llamadas “muertas” son fijadas para la posteridad a manera de hologramas; pasando por homenajes o alusiones a la activista Marisela Escobedo Ortiz o la poeta tijuanense Susana Chávez, ambas asesinadas.

Localizamos a cuatro de las autoras para que nos platiquen sobre su participación y su personal visión sobre el feminicidio.

Raquel Castro (Ciudad de México, 1976) autora del relato “Viva”, el único que tiene resolución y recrea la intimidad de una familia donde la desaparición de la hermana mayor altera irremediablemente la de la pequeña, a quien su madre no suelta mientras emprende la búsqueda y participa de marchas de protesta, señala que previamente se había informado sobre el tema cuando trabajaba como guionista para un programa de televisión de servicio a la comunidad, donde la perspectiva de género era casi central.

La voz de Raquel

“Lo que más me indignaba —dice Raquel— era cómo el discurso oficial convertía esas historias en números, borrando todo rastro de nombres, sentimientos, repercusiones. Una mujer asesinada (o desaparecida) se convertía en una cifra que encarpetaban y olvidaban. Y yo pensaba: ¿cómo pueden convertir en porcentaje el dolor de la familia que perdió a una madre, una hija, una hermana? Y más, todavía, el dolor, la confusión, la rabia que puede tener una hija, una hermana menor, cuya vida de pronto gira en torno a una ausencia. Es como vivir al borde de un agujero negro, pensé. ¡Como si la adolescencia no fuera de por sí difícil!”.

“Con frecuencia se cae en el lugar común de pensar que es una especie de oscuro asesino serial, impersonal y medio loco, cuando es mucho más frecuente que la violencia venga de conocidos, familiares y amigos, gente en la que la mujer violentada confiaba. Si bien es una historia de ficción, quería que estuviera bien anclada en la realidad.

La voz de Iris

Iris García Cuevas (Acapulco, 1977), narradora y dramaturga, ganadora de innumerables premios de novela y cuento, en su relato “Consuelo de tontos” aborda tanto el feminicidio como la misoginia; el primero generado por el segundo, y el periplo de una audaz mujer taxista que se atreve a denunciar el hallazgo del cadáver violentado de una mujer sobre el asfalto.

“El asesinato de mujeres lo mismo que la violencia provocada por el crimen organizado —señala Iris— es algo que ha ido en aumento en los últimos años en Acapulco. En 2014 hubo al menos 100 feminicidios en el puerto, aunque hay organizaciones que registraron hasta 180; en julio de 2015, se habían contabilizado 65, según cifras oficiales, y muchos de esos asesinatos no se resuelven. Incluso hay reticencia de las autoridades de considerarlos feminicidios con el argumento de que un feminicidio propiamente dicho es cuando se asesina a una mujer por cuestiones de género; no se acepta, pues, de manera oficial que lo que provoca la muerte de estas mujeres es su desventaja social en un territorio como Guerrero, altamente machista y misógino, donde siete de cada 10 mujeres ha sufrido algún tipo de violencia”.

La voz de Orfa

Orfa Alarcón (Linares, Nuevo León, 1979), autora de una estupenda novela, Perra brava, de las pocas que abordan la problemática del narcotráfico a través de los ojos de una protagonista mujer, colabora con el conmovedor relato “Bato”, donde al tema del feminicidio se suma otro no menos vergonzante: la homofobia.

“Bato (apodo de una chica poco femenina sobre la que se murmura mucho, pero se sabe muy poco) es un personaje que me parece particularmente indefenso por estar en esa edad en la que uno no sabe bien en qué se convertirá; esa edad en la que uno ya quiere ser adulto pero sigue necesitando de la guía y el respaldo de los padres. Y eso no lo tiene Bato: sólo cuenta con un padre desentendido, una madre que ya no vive con él, una madrastra que no tiene forma de ayudar y una hermana que la detesta. Vive en una casa donde no es bien recibida y, a esa edad, eso la convierte en un ser muy vulnerable. Bato me parece un ser hermoso en su fragilidad, un personaje que ni siquiera tiene conciencia de su belleza”.

La voz de Susana

Susana Iglesias, Premio Aura Estrada 2009, es otra autora que ha abordado temas particularmente difíciles en su literatura, como en la estremecedora novela Señorita Vodka, publicada en 2013, con una protagonista que lejos de arredrarse contra la violencia, la contrarresta o participa de ella. Es la única de las antologadas que narra tanto desde la perspectiva de la víctima como del victimario en su relato “Las gallas”.

“Sólo tuve que darle voz a un personaje y el victimario que aparece en «Las gallas» representa a ciertos hombres que abordan y seducen a mujeres fáciles de someter, mujeres débiles físicamente, con vidas apagadas, que sufrieron abandono, abuso, también son seductoras, aparece la media dominante: mujeres que a través del sexo, belleza, sufrimiento, logran manipular, esas características las negarían muchísimas mujeres, nadie quiere mostrar sus defectos más torcidos”.

“El victimario —que antes fue víctima— obtiene placer maltratándolas, y al venderlas, cada mujer que mata es una batalla a favor; cuando se encuentra con una mujer un poco más fuerte que otras decide acabar con ella, ahí comienza la desgracia de un hombre que al final no es más que un atormentado, débil, impulsivo”.

El silencio de los cuerpos. Relatos sobre feminicidios está publicado por Ediciones B, México, 2015.