*MA. DEL ROCÍO PINEDA GOCHI

El entorno geopolítico mundial ha tenido importantes cambios durante los últimos años, como consecuencia de una nueva dinámica de la economía mundial. Los impactos y los altos costos en los sistemas económicos han obligado a los países a replantear sus paradigmas para afrontar de mejor manera los embates de los ciclos económicos, caracterizados por crisis prolongadas, volatilidad de los precios internacionales de los commodities, inestabilidad financiera y magros crecimientos económicos.

Los países asiáticos, principalmente China, movieron el centro de gravedad del sistema económico internacional, que hoy sufre importantes embates por la desaceleración de sus economías, que influyen en las expectativas de crecimiento de Estados Unidos, la Unión Europea y los países emergentes.

Esta avalancha de cambios en el entorno global ha tenido importantes efectos económicos y políticos en Latinoamérica y los países caribeños. A nivel ideológico, la situación económica generó un caldo de cultivo para el cuestionamiento y la crítica a los gobiernos de izquierda. El año 2014 marcó un punto de inflexión para lo que alguna vez se denominó la “Marea Rosa”, que se caracterizó por un giro que dieron varios gobiernos hacia políticas públicas y sociales opuestas a la orientación neoliberal en la década de 1990.

A pesar de las retóricas anti-imperialistas y nacionalistas en algunas izquierdas regionales, la mayoría de los países nunca tuvieron una ruptura radical con las políticas neoliberales y, por el contrario, se adaptaron a ellas, dotándolas de un rostro más humano y abocándose a corregir la injusta distribución del ingreso – al menos en el discurso – y generar las condiciones para su integración al mercado mundial.

Sin embargo, la victoria presidencial del dirigente de centroderecha, Mauricio Macri, en Argentina, y las elecciones parlamentarias en Venezuela, donde la oposición venció de forma estrepitosa al oficialismo chavista, marcan un giro en la llamada “Marea Rosa” de los movimientos políticos populistas que llevaron hacia la izquierda buena parte de América del Sur en los últimos 15 años.

Si bien los distintos regímenes pasan por momentos complejos como Venezuela, Brasil y Argentina, Uruguay transita por una etapa de estabilidad; Bolivia y Ecuador presentan un desempeño económico favorable, a pesar de las críticas sobre las libertades políticas.

Independientemente de los matices de cada país, la realidad es que el fin del auge de las materias primas y el complejo entorno internacional, perjudicará a todos los gobiernos emergentes, tanto de izquierda como de derecha, pero en los hechos damos cuenta que la izquierda populista está pagando precios más altos y cediendo terreno frente a la centroderecha. Los siguientes años pondrán a prueba de fuego el dicho de la economista chilena Marta Lagos, que afirma que “cuando no hay dinero, no hay populismo”. Al tiempo.

*SECRETARIA DE LA COMISIÓN DE RELACIONES EXTERIORES AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE.

@RocioPinedaG