Charla con Felipe Cuevas Ruiz autor de La piel acerba
La piel acerba es la primera novela publicada del escritor mexicano Felipe Cuevas Ruiz que sin embargo pudiéramos considerar un viejo lobo de mar en materia de escritura.
La piel acerba es una novela muy intensa en todos los aspectos de la vida (política, carnal, profesional), como lo es también la prosa, que no parece dispuesta a sucumbir a la poesía, si ello exige sacrificar lo que para algunos pudiera resultar chocante. El protagonista, Alfredo Galván, es un enigmático abogado, enredado en la política desde una doble perspectiva: uno, su misterioso parentesco con un político tan experimentado como corrupto, y el otro, una especie de identidad secreta que lo lleva a aprovechar las bombas de tiempo que aquel coloca en sus manos, y actuar contra sí; contra las corruptelas que él mismo ejecuta con el único fin de desbaratarlas: el perfecto antihéroe.
Escritor libre
“No hay nada más frustrante para un ciudadano —señala Cuevas Ruiz— que este estado de abstracción contra el que uno no puede pelear porque no hay recursos ni tiempo, y Alfredo es un elemento curador: se cura porque después del atentado donde muere su madre, su padre lo envía con padres adoptivos por lo que de algún modo escapa de ese ambiente. Le gustan las letras, se envuelve en erudición, pero el padre es como una sombra maligna y en vez de ser artista, se hace abogado fiscal porque trama irse en contra de su padre y el sistema que de algún modo representa. Emplea sus mismas herramientas del sistema, tanto políticas como fiscales; le prescribe el mismo antídoto para que su asociación civil no sea destruida por nada, como un partido político o un corporativo. La diferencia está en que chupa los recursos de la corrupción y los regresa a la sociedad a manera de beca, digámoslo así, y cura una porción de la población”.
Felipe se considera un escritor libre, por lo que ha escrito una novela tan dura (porque el asunto de Alfredo es solo uno de muchos), y eso, dice, gracias a que no recibe nada del gobierno.
“Hice una maestría en economía, razón por la que entiendo todos estos tejes manejes. Mi doctorado, en cambio, lo hice en letras. Estando en la licenciatura ya estaba muy familiarizado con la literatura y la escritura, pero de ninguna manera me siento familiarizado con los ambientes de la novela. El escritor es un voyeur [mirón] y en cierto modo eché un vistazo a este tipo de ámbitos cuando estudiaba en la Ibero. Si se tiene buen oído y se planta en medio de la cafetería de la Ibero durante buen rato, puedes identificarte con su caló, es por ello que Gustavo, el mejor amigo de Alfredo, llama meit a todos sus cuates”.
El personaje de Susana está inspirado en una amiga muy querida llamada Suzanne Faugier Dracoulis, que sí viene de Transilvania —¡no es choro!— y también es muy de la noche. Trabaja como asistente de Adela Micha. Algunas anécdotas con ella se plasman en la novela, como cuando están en San Ángel, y en pleno domingo le habla su jefa para que acuda a verla de inmediato. Para Susana no hay días laborales ni honorarios, solo noches. En la novela ella es el gran pilar de la amistad de los tres: ella, Gustavo y Alfredo.
Novela de “personajes”
La piel acerba, a diferencia de gran parte de la narrativa mexicana actual, es una novela de “personajes”, también una novela psicológica que explora minuciosamente a cada personaje y nos hace ver la riqueza que existe en el ser humano per se, particularmente cuando reconoce sus filias, sus fobias, sus perversiones y, sobretodo, sus virtudes.
“La filia hacia lo esperpéntico de Gustavo, lo hace sentirse atraído hacia la deformidad humana. Sus amigos consideran una extravagancia o un deseo de llamar la atención el que sus novias, por muy lindas que sean de cara o de cuerpo, siempre carezcan de algo, o por el contrario, posean características extras que las ubican, según la visión de la mayoría, en el camino hacia la fealdad, término que en este caso encuentro banal. La moda de la belleza actual es muy superficial, y estéticamente hablando me guío también por el llamado feísmo del siglo XIX; atmósferas en lo más bajo de las clases bajas, lo escatológico, la fealdad de las personas, que me sirve básicamente para humanizar mi literatura. Hay que descontaminarnos de la estética que nos venden las revistas satinadas y también hay que sacar al Estado y a la Iglesia de nuestra cama para humanizarnos mejor”.
El ansia de búsqueda de la “fealdad” (a falta de un mejor término) por parte de Gustavo, los lleva a encontrarse con los emos blancos.
Los emos blancos
“¡Ese es un invento mío! Yo inventé los emos blancos. Tratan de no tener prejuicios, llevan pupilentes blancos para distinguirse, muy blancos, muy rubios, y esa necesidad de apartarse del resto los lleva a practicar una mega diversidad sexual. En el caso de Gustavo, él cae en prácticas homosexuales, siendo heterosexual, porque advierte en la mano de uno de estos emos blancos una deformidad que lo erotiza. Ni sus propios amigos lo saben, pero él oculta una deformidad también. Cuando Alfredo empieza a intimar con Bárbara Docal (inspirada en Bárbara Mori), una hermosa actriz argentina, Gustavo llega a recriminarlo por sus críticas a sus filias y dice: «Tú estás haciendo exactamente lo mismo»”.
La fortaleza de Alfredo radica en que tiene poder y dinero, a él no lo pisotea el Estado, es pisoteador y con tres billones de dólares, secuestrados al grupo político de su papá, es que emprende su cruzada, solo en esas condiciones puedes hacer algo así, o alguien como Monsiváis, que no le importaba el dinero, solo así, o no tienes mucho o no tienes nada, solo así.
“Creo —dice Felipe— que debería haber varios como él, interesados en el bien común y en el progreso, el dinero no está peleado con la política, ni con la Iglesia, ni con los pobres, México no es pobre, está empobrecido, y en un país tan rico, mentes de largo plazo, como los coreanos, harían una potencia en todo sentido. Si hubiera muchos como Alfredo, con verdadero interés en los puestos clave, México estaría tan desarrollado como naciones poderosas”.
Felipe Cuevas Ruiz nació en la Ciudad de México en 1972 y La piel acerba está publicada por JUS, México, en 2015.
