BERNARDO GONZÁLEZ SOLANO

Precisamente en enero de 1979, hace 37 años, el sha de Irán, Mohamed Reza Pahlevi, fue echado del poder por una revolución doble: islámica y progresista. Creído de que su formación occidental que le permitió operar la transición entre la dictadura establecida por su padre –Reza Chah Pahlevi (1878-1944)– y la férrea monarquía constitucional que encabezaba desde el 16 de septiembre de 1941, era más que suficiente para seguir en el trono, no supo responder a las manifestaciones populares más que mediante la represión sangrienta. Grave error que le costó el poder. Reza Pahlevi emprendió la huida por varias partes del mundo, incluso llegó a México donde estuvo algún tiempo, en Cuernavaca. No duró mucho tiempo en el exilio. El gobierno de los ayatolas lo condenó a muerte en ausencia. Y murió en El Cairo el 27 de julio de 1980 víctima de cáncer. Había nacido en Teherán el 26 de octubre de 1919. Terminaba el tiempo de los sha, empezaba el de los ayatollás, el de Ruhollah Jomeini (1902-1989), el líder político-espiritual de la Revolución Islámica de Irán. La historia no empezó ayer.

Ahora, el domingo 17 de enero, el presidente iraní, Hasán Rohani, en el discurso que pronunció en sus oficinas de Téherán, con motivo de la entrada en vigor del acuerdo nuclear –24 horas después de que el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) certificara  que la República Islámica había cumplido las exigencias que se le pidieron en el marco del Plan Integral de Acción Conjunta para desmantelar parcialmente su programa atómico firmado el pasado mes de julio–, sentenció: “Desde hoy, nadie podrá decir, que el programa nuclear de Irán supone una amenaza para la paz y la seguridad de la región”.

Por primera vez en mucho tiempo, la zona donde se encuentra Irán –asolada por los ataques sangrientos del autollamado Estado Islámico, conocido también como DAESH– y por la guerra civil en Siria y la lucha armada en Irak–, en donde priva el lenguaje rebosante de amenazas bélicas, la evolución de un “acuerdo nuclear” es una buena noticia que pone de relieve la eficacia de la diplomacia multilateral para resolver los conflictos internacionales. A veces, el hombre puede hacer a un lado las mezquindades para lograr un respiro en la Tierra cuando parece que todo se enfila a un hoyo sin fondo. Los diplomáticos entendieron que la palabra inglesa “compromise” tiene un significado más generoso que “pactar” (en español), pues implica un “acuerdo” en que cada parte hace concesiones: si tú cedes y yo cedo, todos salimos ganando. Como parece fue el caso de la reunión de Viena hace seis meses.

No obstante, que OIEA  diera la luz verde para que la mayor parte de las sanciones económicas que pesan sobre Irán se levanten no significa que el proceso haya terminado. Tampoco para echar las campanas al vuelo en un ejercicio de optimismo gratuito, pero, por el momento, este es el primer paso hacia el levantamiento de la cuarentena que vive Irán desde que en 2006  la Organización de Naciones Unidas lo dispuso así por su programa nuclear.

Antes de que se firmara el “acuerdo nuclear” todo indicaba que el régimen de los ayatolás rápidamente desarrollaba la tecnología que le posibilitaría –pese a las negativas de Téherán– contar con la temida bomba nuclear y lo que esto significaba. Desde 1945, después de lo sucedido en Hiroshima y Nagasaki, el miedo a la destrucción atómica es patente. “No a la bomba” impacta más que el slogan “Je suis Charlie Hebdo”. Los analistas optimistas dicen que la posibilidad de una catástrofe de ese tipo está más lejos que hace seis meses. Eso ya es un éxito.

Así las cosas, el presidente estadounidense Barack Hussein Obama, parodiando célebre canción al hablar el domingo 17 de enero en la Casa Blanca, con motivo del levantamiento de sanciones económicas a Irán, dijo: “Hoy es un buen día porque, una vez más, estamos viendo lo que es posible lograr con una diplomacia fuerte”…”Hemos cortado  todas las vías para que Irán pueda hacerse con una bomba nuclear…Irán no podrá poner sus manos sobre una bomba nuclear y la región, Estados Unidos y el mundo estarán más seguros”. La satisfacción de Obama era palpable –aunque el “sobrino” principal del Tío Sam ha tenido que reconocer que sus esfuerzos por terminar con las guerras de Irak y Afganistán no han tenido buen fin, amén de que se le reprocha sus titubeos en Siria–,  con la continuación de las disposiciones del acuerdo “hemos logrado este avance histórico mediante la diplomacia, sin tener que recurrir a otra guerra en Oriente Medio”. Sin embargo, no faltó quien calificara a Obama de “ingenuo”, sobre todo en Irán donde muchos conservadores iraníes tienen presente que EUA es el “Gran Satán”. Como sea, el cumplimiento de las exigencias del acuerdo por parte de Irán es positivo, sin que esto signifique olvidar algunos aspectos siniestros del régimen de los ayatolás, que continúa siendo una teocracia a la que poco importan los derechos humanos, con ejecuciones sumarias y discriminaciones a granel.

Las consecuencias inmediatas del levantamiento de sanciones a Irán son dos. Primero, el golpeado mercado de energéticos mundial recibirá medio millón de barriles diarios de petróleo adicionales que la República Islámica podrá exportar inmediatamente. En teoría, eso implica un barril de petróleo todavía más barato, lo que presionará a países como Venezuela, Canadá, Estados Unidos y el propio México. La segunda, es la liberación de entre 45,000 y 135,000 millones de dólares en activos iraníes congelados en todo el mundo.

No todo es miel sobre hojuelas. Ni en EUA ni en otras partes del mundo. Mientras Obama insistía que el paso dado por su administración y por parte de la comunidad internacional (China, Rusia, Alemania y la Unión Europea) hace del “mundo un lugar más seguro”, los líderes del Partido Republicano en la Unión Americana se preguntaban sobre el destino de los aproximadamente 100,000 millones de dólares (91,600 millones de euros) que recuperará Irán, hasta ahora congelados por las sanciones, recordando que Irán es un país que financia a organizaciones consideradas terroristas.

Asimismo, los precandidatos del Partido Republicano a la presidencia de EUA celebraron la liberación de varios estadounidenses –cuatro de ellos acusados de espionaje; el más renombrado Jason Rezaian, corresponsal en Irán del periódico The Washington Post, detenido desde julio de 2014, junto con su esposa Yeganeh Salehi, así como el pastor protestante Saeed Abedini que renunció al Islam y se convirtió el cristianismo, arrestado en 2012 por organizar cursos de lectura de la Biblia, y otros–, pero algunos consideraron que el intercambio de prisioneros constituye una nueva muestra de la debilidad que achacan a Obama. Por ejemplo, Marco Rubio acusó: “Si tomas un rehén estadounidense, Barack Obama negociará contigo, ya sea Bergdahl (el soldado canjeado en Afganistán por cinco talibanes presos en Guantánamo), lo que hizo con los hermanos Castro Ruz y ahora con Irán”. A su vez, Ted Cruz coincidió: “Nuestros enemigos se están riendo de nosotros”, mientras que Jeb Bush lamentó que se haya “legitimado a un gobierno que no muestra interés  alguno en avanzar hacia la denominada comunidad de naciones”.

Por su parte, los precandidatos del Partido Demócrata más relevantes, Hillary Clinton y Bernie Sanders, coincidieron en que el anuncio de parte de Barack Obama demuestra que “la diplomacia puede funcionar incluso en esa región volátil del mundo”, como manifestó Sanders. Y Hillary Clinton dijo: “Los iraníes tienen que saber que esto es un buen paso adelante, pero que hay otras áreas donde también tiene que hacer avances”.

Desde el bando de Irán, el presidente Hasán Rohani anunció por la televisión que este pacto “es una prueba de que podemos interactuar con el mundo por el bien de nuestra nación. El pueblo de Irán ha demostrado que la interacción constructiva es el camino correcto”. Sin duda el anuncio es un triunfo de Rohani que desde que ganó las elecciones en 2013 tenía claro que la mejora económica iraní pasaba forzosamente por el levantamiento de las sanciones internacionales. Lo consiguió. A cambio, Téhéran limita el enriquecimiento de uranio, desmanteló más de 12,000 centrifugadoras así como el reactor de agua pesada de la central de Arak…”demasiadas concesiones para el sector más duro de un régimen que 37 años después de la victoria  de la revolución islámica se enfrenta a una nueva era en la que sus dirigentes conversan y se estrechan la mano con líderes de Estados Unidos, considerado hasta ahora el “Gran Satán”, como considera el corresponsal de ABC, Mikel Ayestaran, en Jerusalén.

Las palabras de Hasán Rohani son un mensaje directo al mundo, pero sobre todo al sector más retrógrado del país de los ayatolás que se resiste a las reformas y a la influencia occidental que puede acarrear esta nueva época libre de sanciones  internacionales. Este giro de apertura mundial para los intereses iraníes podría reforzarse si el bando de Hasán triunfa en las elecciones parlamentarias del próximo 26 de febrero, comicios que pueden cambiar el equilibrio de fuerzas internas.

Todavía hay que contar mucho sobre el futuro de Irán, sobre todo del Irán conservador que recela del acercamiento a Occidente. VALE.