Que Dios nos agarre confesados

 

El mundo, aunado a la difícil situación físico geográfica que enfrenta por los cambios climáticos como resultado de la persistente y continua acción depredatoria del hombre, que ha devastado bosques y selvas, agotado los recurso naturales y contaminado los reservorios de agua dulce, ríos, lagos, lagunas y contaminado el aire que respiramos, hoy se encuentra inmerso en la construcción de un nuevo orden mundial, con nuevos equilibrios, con un nuevo reparto de áreas de influencia y sobre todo para hacerse realidad aquella “sibila” de que las nuevas guerras no serían militares, sino económicas y por el control del agua dulce del planeta.

Lejos ya de la caída del denominado mundo socialista en 1989, que llevó a afirmar que habíamos llegado al fin de la historia, que el capitalismo había destruido por completo la utopía socialista-comunista, la terca realidad se impone y el nuevo orden mundial construido a partir de aquella realidad, que algunos teóricos denominaron de bloques, con base en agrupaciones económicas regionales, geográficas y económicas, ha quedado rebasado.

Las cíclicas crisis del capitalismo, lejos de espaciar su temporalidad y recurrencia, se han venido acortando y presentando en modos o caracterizaciones distintas y diferentes a las predichas por Marx, respecto del modo de producción y la desmedida ampliación de las ganancias del capital, por el expolio de la mano de obra trabajadora. La distribución de la producción mundial con base en la trasformación y agregación de valor a las materias naturales, así como la inequitativa asignación de roles, en el mercado global de producción de bienes y servicios, ha cambiado totalmente por razones multifactoriales, como la intervención no subordinada de los países árabes productores de petróleo o la vertiginosa trasformación de la economía ahora capitalista, China con un régimen socialista o India emergiendo como nación generadora de tecnologías informáticas de vanguardia, tan sólo por citar algunos casos.

El hecho incontrovertido que hoy testimoniamos es que se está construyendo un nuevo equilibrio mundial, sin que el factor preponderante sean los intereses estadounidenses, aunque sin duda su actuar es determinante, sólo que con mucho, desde el punto de vista económico, ya no dicta la última palabra. Desde hace por lo menos un lustro, la economía china la suplió como la locomotora que jala la economía mundial, y Rusia, el oso, que muchos se apresuraron a enterrar, pelea con todo la recuperación de su área de influencia geopolítica.

El mundo observa expectante la batalla económica, que, por un lado, genera la apreciación del dólar frente a casi todas las monedas del mundo y la baja del precio de barril de crudo de petróleo, incluso por abajo del costo de extracción, con tal de apoderarse del mercado. Mucho pudiéramos seguir escribiendo del acontecer global.

Agregaría que México no es jugador global, que los fenómenos antes descritos nos afectan y mucho, pero lo que nos ayudará a sortear esta crisis son la despetrolización de nuestras finanzas públicas y el blindaje económico vía reservas internacionales, iniciado con Zedillo. Y como decía la abuela, que Dios nos agarre confesados.