Charla con William Ospina | Autor de El año del verano que nunca llegó
De todos los libros que desfilaron ante mí en 2015, el mejor es El año del verano que nunca llegó del poeta, periodista y narrador colombiano William Ospina, obra inclasificable que pareciera recorrer todos los géneros literarios, incluso los periodísticos, porque también es un poco crónica y otro tanto reportaje.
Lo curioso es que Ospina pudo haber escrito una novela con el tema central, pero le pareció insuficiente para dar a conocer todo lo que recabó respecto a los personajes literarios que conformaron la tertulia literaria más célebre y fértil de todos los tiempos, y que tuvo lugar en una villa suiza: Lord Byron, Mary y Percy Shelley, el doctor John Polidori y la única no escritora, pero quien aportó el pretexto idóneo para que la fantástica reunión tuviera lugar: Claire Clairmont, hermanastra de Mary y amante del poeta Byron.
Novela más abierta
“Nunca me pregunto por el género cuando escribo —explica el también autor de varias novelas históricas, entre las que destaca la trilogía de la Conquista que empieza con Ursúa, Debolsillo, 2012—. Trato de vivir el libro y dejar que las cosas ocurran y el lenguaje surja. Lo viví, eso sí, como una novela, aunque por lo general los hechos le ocurren a los personajes y no al autor, y en este caso narro una experiencia personal a partir de la vivencia de terceros. Soy el narrador, pero también el explorador de esta historia”.
“En nuestra época, la novela está más abierta que nunca a los experimentos, admite el tono del ensayo y de la crónica. En este caso en particular se trata de un rastreo de circunstancia y de hechos… ¡de la poesía misma! Es un ejercicio de libertad del lenguaje que también cabe perfectamente en la novela y le permite ser más viva, más orgánica”.
Le comento que el libro es un viaje inagotable, pero asimismo un viaje que el autor quisiera que no terminara nunca. ¿Cuánto tiempo le llevó consumarlo?
“Cuatro años viviéndolo y escribiéndolo, y si bien por momentos parecía situada en un lugar preciso para mí —Ginebra— lo que ahí tuve lugar, sus propósitos y consecuencias, abarca un espacio mucho mayor, más aún si nos ponemos supersticiosos y tomamos en cuenta ese volcán Indonesia y el fenómeno del invierno hemisférico que le otorga un toque casi sobrenatural a los hechos narrados y sus consecuencias culturales, que fue el nacimiento de los dos monstruos emblemáticos de la literatura: Drácula y Frankenstein”.
El libro es contemporáneo
Pregunto al autor si es real mi impresión de que El año del verano que nunca llegó es un libro construido a partir de nuestra reprogramación cerebral motivada por los links, ese brincar de una información vinculada a otra, sin que el tema de nuestro interés parezca agotarse nunca.
“En efecto. Aunque se trata de la investigación de un hecho acontecido en el siglo XIX, el libro es irremediablemente contemporáneo, pero además de estar escrito con esa estructura que mencionas, está poblado de reminiscencias medievales y enlaces con orígenes distintos en las literaturas más antiguas y en las mitologías. Algunas preguntas que se hicieron Frankenstein y Drácula están hoy más vivas que nunca: la vida artificial o el poder de las máquinas. Frankenstein, creación literaria de una jovencita de diecinueve años que sufrió pesadillas durante su estancia en la villa suiza de Lord Byron, no solo es la primera criatura engendrada en laboratorio, padre de los cyborgs, sino también, y ya lo decía el subtítulo de «El moderno Prometeo», un enlace de la mitología antigua con la modernidad”.
La célebre tertulia a la que refiere El año del verano que nunca llegó jamás hubiera tenido lugar sin los fenómenos atmósfericos antes mencionados. Percy Shelley y la entonces Mary Godwin aún no estaban legalmente casados cuando visitaron a Byron en Ginebra: su intención no era propiamente saludarlo sino exigirle que se hiciera cargo del bebé que Claire, hermanastra de Mary (y quien le sirviera de inspiración a Henry Miller para su extraordinaria novela Los papeles de Aspern), cargaba en el vientre. Byron no quería ver a nadie, estaba de talante ácido, acompañado de su médico de cabecera, John Polidori. Los indeseables visitantes se quedaron atrapados en casa de su anfitrión a consecuencia de una espantosa tormenta, y es entonces que Byron, para entretenerse, les plantea el reto de narrar históricas terroríficas. La de Mary se le manifestaría en sueños, pero John Polidori, un tanto fastidiado de las humillaciones del aristocrático poeta, creó allí mismo un personaje que se le parecía bastante: un conde malvado que gustaba de destrozar corazones femeninos para saciar su ego, y termina robándoles la sangre. La broma habría de fructificar en un relato titulado El vampiro, que a su vez inspiraría varios años más tardes a un escritor irlandés de nombre Bram Stocker. Tenemos que el Drácula que conocemos es una fusión de George Byron con Vlad Tepes, el príncipe empalador.
Lo que viene
Por otra parte, Ospina encuentra una asociación entre el atormentado doctor Frankenstein y el poeta Shelley:
“Shelley es un personaje cuya principal fascinación en su maravilloso contraste con Byron. Este, que no calla nunca, lo hace en presencia de Shelley, que ya entonces, pese a su juventud, era percibido como alguien histórico y atemporal. Las diferencias producen un apasionante dialogo entre los dos más grandes poetas de Inglaterra y ayuda a entender una época de grandes sueños y grandes contradicciones”.
Así, Ospina defiende al personaje que pareciera tener una condición pasiva y accesoria en el relato histórico:
“Claire Clairmont es una gran escritora que sigue siendo desconocida. En aquel tiempo no había hazaña más difícil que seducir a Byron: era el centro de la vida social de la aristocracia, y Claire una chica de la clase media. Sin embargo es ella quien termina formando parte central de la biografía de Byron, aunque se dice que lo buscó para consolarse de la pérdida de Shelley, en quien puso sus expectativas románticas hasta que este se enamoró de Mary. Esa muchacha incolora y casi imperceptible seduce a Byron porque Shelley la abandonó por su hermana, y es todo un personaje histórico que supo capturar muy bien Henry James en Los papeles de Apern que trata sobre los últimos días de una vieja dama en Italia”.
Actualmente, William Ospina escribe una novela sobre el viaje de Humboldt por América. “Todavía no sabemos cómo vivió personalmente toda esa aventura, porque parece desaparecer ante la abundancia de datos científicos, pero estoy tratando de encontrar un camino para hablar de él y su momento histórico”.
William Ospina nació en Colombia en 1954 y El año del verano que nunca llegó lo publicó Literatura Random House, México, 2015.
